lunes, 22 de septiembre de 2025

 

AMIGOS

 

No los puedo dejar tirados, compréndelo, han sido mis compañeros, mis amigos, han escuchado todas mis historias, me han ayudado a salir de muchos baches, mi vida no hubiera sido la misma sin ellos, pero tienes razón es infantil, con los recuerdos se retrocede y con las ilusiones se avanza. Eso  le decía a mi pareja que se había negado rotundamente a que vinieran a casa, yo lo entiendo, íbamos a ser demasiados pero hubiera quedado preciosa nuestra cama con los soldaditos de plomo haciendo guardia alrededor del colchón, mientras nos abrazábamos. Vosotros lo entendéis, ¿verdad amigos? Ahora tengo que librar aquí otras batallas.

sábado, 20 de septiembre de 2025

 Este relato se publicó en mayo del 23.

LA MIRADA

 

Ya sé porque me escogió a mí para la foto. Dice que tengo la mirada triste y no es así, yo entera soy triste, nací triste, me crie triste y tengo hambre.

Ese día me di cuenta  que un hombre no dejaba de mirarme, es normal me pasa muchas veces, se acercan y cerramos el trato. Pero esta vez no fue así, solo me observaba, otro pirado pensé, esta vez estaba equivocada. Se acerco a mí preguntándome si quería ser su modelo para la portada de un libro. ¡Modelo yo! Este quiere descuento.

Hablamos y me llevo a su oficina, pensé que iríamos a la peluquería para  arreglarme un poco, comprar bonitos trajes,  en fin, la idea que yo tenía de una modelo. Todo lo contrario, me despeino aún más, me bajo la cremallera del vestido y pensé: por ahí empieza, pero tampoco, muy respetuoso me pidió por favor que me sentara en el suelo  en medio de un montón de basura, casi tapada la cara con la mano y con una expresión de susto en los ojos.

Todo lo hice bien menos la expresión. Después de muchos golpes de la vida mis ojos están curados de espanto. Solo pudo sacar de ellos el asombro de encontrarme allí y la tristeza, esa que llevo dentro desde que nací.

Ahora soy una gran modelo. Se valora mi tristeza en un mundo que solo quiere alegría, diversión aunque sea fingida. Lo malo, lo desagradable no existe, lo hemos borrado, hay que disfrutar cada día como si fuera el último, en fin,  mensajes de esos que te llegan  por las redes sociales. Pero  no es real, solo hay que rascar un poco en la sociedad para ver la tristeza, la desesperación a flor de piel.

Han pasado muchos años,  estoy sentada en un gran sillón detrás del ventanal por el que penetra el aroma de las flores del jardín, veo los cuadros de mis fotos más famosas en la pared y pienso que la mejor, la más real, la que verdaderamente soy yo, es la primera, aunque ya no tenga hambre y solo me quede la tristeza.

jueves, 11 de septiembre de 2025

EL LAUREL Y LA HIGUERA. Este relato ha participado en el concurso de Cartagineses y Romanos año 2025.

 

EL LAUREL Y LA HIGUERA

 

Detrás de aquellas montañas está el mar por el que tanto he luchado. Una vida entera en guerra con los cartagineses. Ahora ya somos dueños absolutos de él. Nuestro comercio prospera, dominamos Hispania y esa magnífica ciudad a orillas  del Mediterráneo a la que dimos el nombre de Cartago Nova. Siempre la recordaré, en ella viví un amor imposible y un tiempo de paz.

Estaba escrito mi destino. Soy un Escipión, acompañé a mi padre y a mi tío con solo 17 años a la conquista de Hispania, allí murieron por la traición de los mercenarios celtíberos y juré vengarme. Este juramento hizo que mi vida se desarrollara en los campos de batalla entre gritos de los heridos, tronar de hierros y pájaros negros volando en círculo para darse un festín al acabar la carnicería. Dicen que en mi vida perdí una batalla, eso es exagerado pero sí recuerdo haber ganado todas las importantes, contra Asdrúbal Barca, su hermano Magón y por fin a Aníbal Barca, un gran estratega en la batalla de Zama, en su propio territorio. Por esa batalla me dieron el agnomen de” El Africano”.

Cuanta paz se respira en esta villa de Literum en Campania. Me olvidé de vivir para hacer grande a Roma y a políticos ineptos que nunca han olido la sangre de los suyos, siempre cómodos en sus sillones del Senado. Se atrevieron a acusarme de traición y malversación, pero no les di el gusto de defenderme y me exilié voluntariamente a este rincón del mundo.

Una noche en Cartago Nova hice la promesa de volver a esa ciudad al final de mis días, pero no creo que pueda cumplirla. Solo me queda el recuerdo que viene nítido a mi mente de ese mar, de esa ciudad y de mi querida y dulce Liria,  cierro bien los ojos para resistir el resplandor de aquellos días tan felices.

Estos recuerdos se entremezclan con la preparación de la batalla. Quien tomara esta ciudad tendría acceso a sus minas de plata y se quedaría con los esclavos y mercenarios. Por suerte estaba casi desguarnecida, solo quedaban unos pocos cartagineses al mando de Magón y unos cientos de civiles. El gran Aníbal se había llevado el grueso de las tropas para atacar Roma.

Asaltamos la ciudad por tres puntos, las murallas inexpugnables por mar con la flota mandada por mi amigo Cayo Lelio, por el istmo y por la laguna que, como nos dijeron unos pescadores de Tarraco, tenía poca vigilancia.

Cartago Nova aun hervía con los últimos  ecos de la batalla cuando yo, victorioso, recorría sus calles, no buscando gloria que ya había conseguido, sino paz. Había prohibido el saqueo de la ciudad y mandé a mis tropas respetar a los ciudadanos. Sabía por experiencia que la violencia solo engendra resistencia y odio.

Entonces la vi en medio de unas ruinas, su vestido blanco fue el faro que me llevó hacia ella. Tenía los ojos oscuros como el vino, no tembló al mirarme y yo no alcé la voz para imponer mi poder. Se hizo un gran silencio en el que solo hablaban las miradas y los gestos. Entendí que era descendiente de una noble familia ibera aliada de Cartago, prisionera sin cadenas entre las ruinas de su palacio. Se llamaba Liria, la traté con respeto devolviéndola a lo que quedaba de su hogar y prometiéndole la seguridad de su gente.

Con el paso de los días me dediqué a reorganizar la ciudad y a descubrir el amor en esos ojos oscuros. En nuestros ratos de soledad, en los jardines de las ruinas del templo de Tanit recostados debajo de una higuera, me contaba historias de su pueblo. Yo le hablaba de mi padre muerto aquí en Hispania, de mi juramento, de mi vida siempre preparado para morir en cualquier batalla por el honor de Roma.

Una de esas tardes, después de habernos besado con la pasión del que sabe que todo es un sueño, un imposible, le regalé un broche con forma de laurel, la joya más preciada cuando está en la corona de un Triunfo y ella me respondió arrancando una hoja de la higuera, testigo silenciosa de nuestros amores, y trenzándola por ser el símbolo de la fecundidad entre los iberos. No necesité palabras para entender. Una parte de mí quedaría siempre en esta ciudad a la que prometí volver cuando la guerra terminara para recuperar los años perdidos  y encontrar la paz.

No pudo ser. Estando exiliado no puedo salir de Campania. Aquí estoy en este rincón del mundo, añorando la sombra de aquella otra higuera y reviviendo dentro de mi alma un amor que nunca he olvidado.

 

jueves, 4 de septiembre de 2025

 

PASÓ OTRO VERANO

 

Y toca recoger los muebles del jardín que otro año más han sido mis compañeros silenciosos, ellos irán al trastero, los guardare con pena porque ha sido un buen verano ¿Los volveré a sacar el año que viene? No se deben hacer planes a largo plazo y menos cuando eres mayor, pues no tienes asegurado un el minuto siguiente, tampoco los jóvenes, pero ellos no lo piensan.

Ahora que ha pasado ese calor tan fuerte el jardín respira, las plantas se enderezan dejando de estar arrugadas para no recoger demasiado sol, recobran su fuerza los hibiscos que han estado un poco aletargados, abren por la mañana sus flores formando  una sinfonía de colores granates, fucsia, rojos... que al mezclarse con el verde, color tranquilo, las apaciguan llegando a conseguir la armonía.

También las buganvillas  despiertan sus flores en pomos como ramos de novia, sus colores intensos son la enseña del verano, pero se consideran tan bellas que han desarrollado unas buenas defensas en forma de espinas largas  para disuadir a los que se acerquen a cortarlas, la humilde campanilla azul se mezcla con ella y la enreda en lo que parece un baile de colores sin música pero abrazados. El año que viene me daré cuenta de que la humilde le ganó a la altiva, como si el no tener espectadores no mereciese la pena ponerse bella.

También hay que recoger cosas dentro de la casa, cosas que me llevaré y puede que no vuelva a traer porque no han hecho tan buen papel como creía, ropa que no he usado, zapatos que quedaron todo el verano en el armario, libros que no me ha dado tiempo leer, porque las noches de verano son “mágicas “y se pasan mejor charlando con amigos que no volverás a ver hasta el año que viene, mientras que el libro lo vas a tener siempre.

Son noches de olor envolvente a jazmín, diamela, dama de noche y hasta el familiar don diego despiertan cuando cae el sol y te regalan sus perfumes que tienes grabados en el cerebro todo el invierno.

La cigarras de día, los grillos de noche, aparte de las tórtolas, forman la música del verano en el paraíso en que me encuentro, donde ni el monótono TU_TU, TU_TU de algunas aves estorba, todo ello forma parte del paisaje, son el sello sonoro del Carmolí.

Y vuelta a la rutina de la ciudad, que no es mala, pero al ofrecer tantos atractivos, acabo en primavera deseando acelerar el calendario para poder ir a esa tranquilidad, a esa paz, a esos atardeceres desde el parque, a los paseos hasta la playa sin prisas, sin nada que te llame a urgencia.

Se fueron ya mis hijos a sus trabajos, siempre me quedo un poco más para disfrutar de todo lo que he contado y además porque se hace difícil abandonar un “paraíso “como este.