jueves, 12 de febrero de 2026

NOSTALGIA

 

NOSTALGIA

 

A través de los cristales veo la lluvia, gente aligerando el paso, si se pudieran subir sus pensamientos a la “Nube” nos llevaríamos una desilusión porque a veces no coincidirían con su aspecto, puede estar contento el pobre que pide en la puerta de un establecimiento y ser desgraciada una señora bien vestida que sale con el carrito lleno. ¡Qué complicada es la mente humana!

Los arboles casi desnudos agradecen la lluvia que almacenan para brotar magníficos en primavera. No ocurre eso con los sentimientos, por mucho que los guardes si no tienes a quien trasmitirlos, nunca florecerán.

Pero he descubierto que puedo amar en solitario, esperando. Sigo escribiéndole cartas que conservo en una carpeta, siempre están conmigo porque no sé donde mandarlas. Las leo muchas veces en voz alta para que le llegue mi amor, mi amistad, mi compañía allá donde esté, diciéndole que todo sigue igual desde el día en que se fue.

Miro el buzón a diario por si el cartero ha tenido piedad de mí y al pasar ha dejado algo, como cuando era joven que siempre encontraba allí las letras tan deseadas con las que seguir compartiendo tu vida aún en la lejanía.

El otro día leyendo a Carmen Conde encontré una frase que me impactó por acercarse tanto a lo que yo siento. La frase decía así: La amistad no necesita, a veces, del mutuo alimento; basta que uno de los amigos hable, piense, ame, aunque el otro calle y sea invisible.

Solo cambiaria la palabra “Amistad” por “Amor”. Desde que no estás eso es lo que hago, te hablo de cosas cotidianas, nunca te vas de mi pensamiento, sigo amándote aunque  no te vea porque sé que estas ahí. Pero es tan duro mantener el amor en solitario, que temo estar perdiendo un poco la razón.

miércoles, 11 de febrero de 2026

EL MISTERIO DEL GATO DESAPARECIDO

 

EL MISTERIO DEL GATO DESAPARECIDO

Me llamo Aquiles Martínez, así como suena, fue una broma de mi padre o sus sueños de grandeza que quería continuar en mí.

Vivo en un pequeño apartamento y en su puerta está el letrero con mi profesión “Investigador Privado”. Lo de privado me viene al pelo pues lo más que consigo al mes son dos o tres clientes con casos tan enrevesados, que no atino a desentrañar casi ninguno. Si no fuera por la herencia de papa, el si era un gran investigador.

Al tener tanto tiempo libre voy al gimnasio a diario y estoy en plena forma por si alguna vez la necesito, pero no creo que fuera capaz, soy demasiado tímido y no me gusta llamar la atención, nunca sé cómo empezar una conversación, los demás hablan y hablan, en estas ocasiones me desconecto, no se dan cuenta porque para ellos soy casi invisible.

Pero estar en forma tiene algo bueno, las señoras mayores, viudas o solteras de las que hay muchas en mi edificio, me paran y les encanta decirme lo guapo que estoy  y el buen cuerpo que tengo, eso no hace más que acentuar mi timidez  y consigo escapar rápidamente.

Les voy a contar el último caso que he tenido. Estaba esa tarde leyendo una novela de detectives, para ver si aprendo algo, cuando un grito horrible, que me puso los pelos de punta, sonó por la ventana del patio, al asomarme vi a Dª Manuela llorando a lagrima viva porque había desaparecido su gato Pipo, al verme subió rápidamente y me pidió, previo pago, que encontrara a su Pipo, era más que su hijo, se lo dieron de cachorro y nunca se habían separado aunque era agresivo, maleducado y un poco comodón sabia que la quería entrañablemente.

Le dije que era un caso difícil, pues gatos negros había muchos, pero convencida de que Pipo era único, me dio el encargo.

Me comento que lo había esterilizado para que no se fuera por los tejados con las gatas. Aquella noche salí de cacería gatuna, al volver una esquina vi al tal Pipo en posición poco decorosa con el gato de Dª Gertrudis, vecina nuestra, el cual al reconocerme dio un salto dejando sin apoyo al gato que estaba encima. Estaban en la puerta de un bar solo para  Gais.

Me miró con ojos sabios y profundos y entendí enseguida: Que pretendía la vieja, ¿Qué iba a ser solo su peluche? Si ella está a “régimen” yo no tengo por qué estarlo.

Se vino conmigo dócilmente y cuando se lo di a Dª Antonia, previo pago, por supuesto, le dije que tenía que dejar salir a Pipo  los fines de semana para que tomara el aire de la noche  que era muy bueno para su salud.

Desde entonces cuando Pipo y yo nos encontramos por las escaleras, se acerca a mí ronroneando y frotándose contra mi pantalón.

Había encontrado su alma gemela

 

lunes, 9 de febrero de 2026

EL PESO DE LA VIDA

 

EL PESO DE LA VIDA

 

Solo me deja llevarlo un rato, dice que soy muy pequeño para cargar con él, ¿Por qué todos llevan ese madero a sus espaldas? Unos son pesados, otros ligeros como plumas. Cuando le pregunto a mi padre siempre contesta lo mismo: Serás mayor y lo sabrás.

Sin otra explicación empecé a recorrer mi vida, el madero se hacía más pesado, cuando me llegaba algún revés de los “gordos”, alguien o algo le añadía un saquito de arena y tenía que pasar tiempo para que desapareciera su peso.

Unas palabras antiguas vinieron a mi mente: Cada uno tiene que llevar su cruz. Yo he tenido suerte.

martes, 3 de febrero de 2026

UN ESPÍRITU EN EL AIRE

 

UN ESPÍRITU EN EL AIRE

 

Ya está aquí otra vez la corriente de aire, no sé por dónde puede entrar, la casa del tío Pedro tiene muy buen aislamiento, pero se cuela haciendo un silbido que pone los pelos de punta, pensándolo bien yo creo que es algo más.

Se manifiesta juguetona, llega siempre en el momento más inoportuno haciendo salir   volando los papeles que reviso.

Me presenté en su casa al no contestar mis llamadas y después del entierro toca  ordenar papeles, pero estoy harta  de que solo se manifieste en forma de aire. Que se deje de bromas y diga donde guardó los décimos de lotería premiados.

sábado, 17 de enero de 2026

OTRA CLASE DE AMOR

 

                  OTRA CLASE DE AMOR

El niño no entendía por qué cuando salía de la guardería y se acercaba corriendo hasta su madre, esta no lo recibía con los brazos abiertos bajándose a su altura para darle un gran abrazo como hacían las otras madres, solo le cogía la mano y con una gran sonrisa le preguntaba como lo había pasado.

Pero llegó un momento en que esto dejó de importarle, porque su madre siempre estaba allí, le traía golosinas y juguetes pequeños que compraba en el Kiosco de la esquina.

No conoció a su padre y tampoco pregunto nunca, era feliz con ese cariño distinto pero que se palpaba en las miradas, los gestos y en la protección que nunca le faltó con ella.

Por las tardes al volver del colegio se quedaba un rato en la calle jugando con los amigos. Un día un niño le preguntó porqué su madre cuando iba a recogerlo, nunca lo besaba ni abrazaba, él no supo que contestar solo dijo: ella es así.

Pasaron los años y el muchacho pensaba: Mi madre es diferente, pero me quiere mucho, nunca me ha faltado nada, me ayuda en todo desde esa distancia que ella marca, siempre está dispuesta a sacrificarse por mí y eso vale tanto como los besos y abrazos  muchas veces dados por la fuerza de la costumbre.

Cuando intentaba besarla me ofrecía la mejilla con un gesto de resignación  o cuando llegaba sudoroso, alegre por haber ganado un partido y se me iban los brazos para rodearla, ella me sentaba a su lado mientras escuchaba muy atenta lo que yo, con nerviosismo, le contaba explicándole lo bien que había jugado o los goles que había metido. Hablábamos mucho. La mejor hora del día era después de la cena, cuando le ayudaba a recoger y nos sentábamos a comentar como se había desarrollado la jornada.

Cuando fui mayor me di cuenta de que mi madre era incapaz de mostrar sus emociones.

Un día de confidencias, me contó que en el orfelinato donde había pasado su infancia, cuando menos visible te hicieras, mejor. Allí no había besos ni abrazos, solo castigos.

La habían dejado incapaz de saber lo maravilloso que es el roce de los labios de un hijo en la mejilla o de los tuyos buscando su pelo, su cuerpo pequeño para abrazarlo y llenarlo de besos.

Pero no se fue de esta vida sin aprenderlo, de eso mis hijos tienen la culpa, derramo en ellos todos los besos, abrazos y caricias imaginables que tenía aplastados en el corazón, pugnando por salir durante tantos años.

viernes, 16 de enero de 2026

LA TAZA

 

LA TAZA

 

Esa tarde en el salón de mi suegra flotaba un ambiente oscuro, sofocante, como si se fuera a desarrollar en él una gran tragedia.

Nos invitaba a mi cuñada y a mí todos los viernes a tomar el té con pastas, pues aunque llevaba más de 40 años en España no había querido perder sus costumbres.

Mi cuñada ¡Que les puedo decir de ella! Es una imbécil integral, siempre dándose “humos “de gran señora porque sabía ingles, yo creo que lo aprendió en ese “bar con luces” en el que la encontró el tonto de mi cuñado.

Su idea, con nuestra suegra, era engatusarla  y sacarle todo lo que pudiera en vida, ya que el testamento seria a partes iguales para los dos hermanos.

Pero esa tarde la fastidió para siempre ¡Cuanto disfruté con ello! Tenía mi suegra una taza muy antigua que había traído de Inglaterra en la que depositaba un cariño especial por haber pertenecido a no sé que reina. Mi cuñada se empeño con mimos y zalamerías, que le dejara tomar el té en ella pues quería poner sus labios donde los puso aquella reina, así de cursi es la pobre, la suegra con la negativa grabada en el rostro, al principio se mostró esquiva pero ante los ruegos insistentes cedió de mala gana no quitándole el ojo a la taza en todo el tiempo, punto negativo para mi cuñada, pero lo bueno estaba aún por llegar.

Toamos el té, hablamos de cosas banales y al acabar recogimos todo para llevarlo a la cocina, mi suegra con nosotros vigilando la taza.  Cuando mi cuñada, volviendo la cabeza para parlotear con ella, no se dio cuenta de que una mano perfecta, dedos largos, uñas largas y lacadas (Que bien podía haber sido la mía) le dio un empujoncito en el codo, la taza y el plato chocaron con el fregadero y fueron a estrellarse al suelo haciéndose añicos, como es natural. La pobre suegra tomo un disgusto horrible que casi le cuesta la vida, como le dijeron en el hospital.

Desde entonces mi cuñada ha “olvidado” su idioma favorito porque cada vez que lo intenta a la anciana le recuerda su taza y se pasa la tarde llorando. Desde entonces mi queridísima cuñada ha bajado muchos puntos en el Ranking de los regalos adelantados.

 

EL OTRO PUEBLO

 

EL OTRO PUEBLO

 

Añoro el sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado que hacia mi madre para las salsas. En el pueblo donde ahora vivo el ajo está proscrito, son así de raros. Un día pensé: ¿Y si les hago una buena salsa de carne  con todos sus ingredientes?

¡Por poco me cuelgan en la plaza Mayor!  Me salvó el ser novata, aún me veo la mitad del cuerpo en el espejo que traje a escondidas, pues no entiendo como siendo tan guapos tienen pánico a verse reflejados en él.

Creo que pronto me iré de aquí. Ya no me canta baladas tiernas con su cabeza apoyada en mi cuello y rozándome con sus preciosos colmillos.