lunes, 18 de mayo de 2026

Y SALIÓ EL 12

 

Y SALIÓ EL 12, 12 MESES, 12 HORAS, DOCE……..

 

 

 

El numero 12 rotundo, formando el solo un todo: La docena, está relacionado con muchos acontecimientos, situaciones e incluso cosas materiales. Por ejemplo:

_ En algunos países la justicia la imparten 12 hombres O mujeres que forman un jurado.

_12  son los apóstoles en la religión Católica.

_ El fútbol  tiene su jugador número 12 en los seguidores del equipo, que siempre espera que sean muchos.

_Hasta el folclore tiene su número 12, en una canción antigua titulada 12 cascabeles.

Pero donde yo al número 12 lo considero de verdad interesante, es en las 12 campanadas de Cenicienta y en las 12 uvas de la suerte.

Para mí son dos sucesos enlazados por ese numero 12.

Conforme van sonando las campanadas Cenicienta se va despojando  uno a uno de todos sus sueños y al llegar a la doceava ya no le quedan  más que los recuerdos.

En cambio cuando suena la última campanada en la que te tragas como puedes la  uva postrera, es entonces cuando deben empezar a realizarse tus sueños, aquellos que has pedido conforme iban sonando.

El ser humano siempre va buscando algo mas, sin darse cuenta de que la suerte es la constancia, el trabajo, el tesón y que se la puede fabricar él mismo o sentarse a la puerta a esperar que pase, cosa que rara vez ocurre.

 

 

EL PUNTO Y SEGUIDO

 

EL PUNTO Y SEGUIDO

 

Con suerte, un punto y seguido es a lo único que puedo aspirar estando contigo. No me quejo, ese signo demuestra una pausa pero sigue el relato con algún cambio, novedad o historia nunca una ruptura con lo anterior.

A lo que no me resignaría es a ser en tu vida un punto y aparte, el final de una historia que marcaria un antes y un después y yo sería el antes, comenzando una nueva en el renglón siguiente.

Me gustaría ser para ti una coma, solo una pausa para tomar aliento y seguir amándome.

Por favor no me conviertas nunca en un punto y aparte.

sábado, 16 de mayo de 2026

EL CASTING

 

EL CASTING

 

El agente le señalaba la fila de los menores. El Casting era a las 9h. Llegaron con bastante tiempo cogidos de la mano, la fila era larga. Tenía muchas esperanzas en ganar, se había preparado a fondo, iría por ciudades actuando con su adorada compañera. Todo  se vino abajo con la llegada del agente, volvería a ser otra vez el árbol en aquella función infantil. Ella se quedo en la fila de los mayores. ¡Pero si tenían la misma edad!

Aunque se quedara sin comer,  salió de la fila. Se le rompía el corazón pensar en  su Dª Inés en brazos de otro D Juan.

 

 

EL OLVIDO QUE TE ES NEGADO

 

EL OLVIDO QUE TE ES NEGADO

 

Las olas apenas los balanceaban, un mar tranquilo, sin velas ni motor no es más que un desierto azul  tan difícil salir como del otro. Quería olas grandes que la empujaran hacia el olvido. La persona que se sentaba al otro lado de la barquita, fue escogida al azar entre las muchas que olvidaban algo en el borde del muelle.

Las olas primero suaves se fueron encrespando, no pensó que en el mar como en la vida te llevan siempre a la orilla más cercana, la que quieres abandonar.

Se perfila la costa y vuelven los fantasmas y los miedos. Pero al fin conseguiría olvidar.

EL VIEJO VOLCÁN

 

EL VIEJO VOLCÁN  


 

Al llegar a su casa el niño me dibujó en la mesa de la cocina con los azulejos al fondo, pero su fantasía fue demasiado lejos. Habían ido de excursión a ver un volcán apagado, ya extinguido y la profesora les había contado cómo nos formamos en el interior de la tierra y todo lo que destruimos arrojando fuego y lava, a nuestro alrededor solo hay rocas negras cuando esta se enfría, pero no tierra para que pueda crecer nada con vida.

Esa es la realidad  pero el niño no quería reflejarla y me dibujó delante de un sol amarillo enorme y plantas de muchas clases y colores. Ese volcán solo existiría en un mundo ideal, de fantasía, donde los seres vivos estarían integrados en un entorno amable.

Yo soy ese viejo volcán apagado que fueron a ver, no tengo bonitos colores solo grises y mis piedras afiladas rompen las rodillas de los niños valientes que suben hasta mí. Me dieron por nombre El Carmoli o el Monte del dragón  pues en mi cima la lava que salía fue tallando una figura que desde abajo, con mucha imaginación, algunos quieren ver ese ser mitológico que mira al mar que tengo enfrente y desarrolla en las mentes infantiles fantasías y cuentos como el que les había explicado la profesora.

Estoy orgulloso de lo que he sido, no hice daño en mi nacimiento por ser una tierra desierta y casi recién salida del mar. Llevo muchos miles de años vigilando y protegiendo esta zona en la que hace siglos empezaron a salir plantas duras, necesitadas de poca tierra y poca agua como las Piteras, o los Palmitos que alegraban el entorno.

Pero el poder destructivo del hombre es aún mayor que el mío y no sé cuanto durará este paraíso.

jueves, 23 de abril de 2026

ELLA Y EL MAR

 

ELLA Y EL MAR   

Este relato fue incluido en el libro “Meciéndose con las olas” publicado en el año 2017.

Ella estaba allí, en esa playa del Mediterráneo, como el faro, la arena, las rocas o el mar. De él se sabía todos sus azules, verdes o grises y estos colores se reflejaban en sus ojos acariciadores y tristes. Hacía años que se consideraba parte del paisaje.

Desde que perdió a su compañero, refugió su dolor en la casa de la playa, ¡Habían sido allí tan felices…! ¡Tenían tantos proyectos en los que participaba ese mar…!

La casa era una especie de torreón antiguo, que poco a poco, con paciencia y cariño habían convertido en su hogar. A la ciudad iban solo por trabajo, atrás habían quedado las reuniones interminables, el ajetreo del trafico, el rugido de la gran ciudad,  que te ofrecía mensajes engañosos para hacerte su esclavo.

Ahora el mar era su compañero, ya nunca estaría sola. Era un ser vivo que se movía, hablaba y algunas tardes de otoño, rugía, pero no le tenía miedo. Él le trajo nuevos amigos, como la gaviota, a la que veía venir entre los grises del atardecer, y que después de revolotear, se posaba a su lado en la arena, para contarle alguna historia de  sus muchos y largos viajes por las costas de ese mar. Historias de amor y de muerte, de trabajo y de placer. Ella las escuchaba agradecida. Esos relatos llenaban un poco, el  hueco vacío que le hacía las veces de corazón. Un corazón que empezó a morir el día que ocurrió el accidente.

El mar también le trajo otros amigos, caracolas, chapinas, plantas que después de un fuerte levante quedaban varadas en la playa, como restos de un naufragio. Las ponía a secar, haciendo con ellas verdaderas obras de arte, que distribuía en jarrones por toda su casa.

Pensaba que  lo que le traían las olas, antes habían sido seres vivos, y ahora sólo eran bellos recuerdos, igual que nos ocurre a los humanos, cuando después de la muerte, nos instalamos en el pensamiento de las personas que nos han querido.

Las caracolas las pintaba de colores y las metía en frascos de todos los tamaños. La casa estaba llena de ellos. Cuando se sentaba a mirarlos, se las imaginaba vivas, atravesando las aguas y llegando a otras tierras del mismo mar, con hombres distintos, distintas costumbres, pero con las mismas ansias de amar y ser felices.

Por las noches, desde la torre, veía los grandes barcos pasar a lo lejos con sus luces encendidas  que anunciaban fiesta y  también el débil parpadeo de los barcos de pesca que faenaban cerca de la costa.

Todo se mezclaba en ese mar, diversión, trabajo, y también la angustia de no saber si el frágil barquichuelo, en el que habían puesto tantas esperanzas, llegaría a tierras acogedoras y en paz, o si por el contrario sería engañado como Ulises y lo llevaría al fondo de ese cementerio azul, donde está escrita la historia de tantos siglos.

Le gustaba ver sus amaneceres, al principio volvían los grises del ocaso, luego despacio, una pequeña luz se iba abriendo paso por el horizonte hasta que como un estallido el gran astro emergía  de la superficie del agua, devolviendo la vida al planeta. Pensaba que siempre habría un nuevo amanecer, también en la vida. Ella lo estaba intentando  desde esa casa y esa playa cargada de recuerdos.

¡Cuantas historias habían pasado en ese mar eterno! Le gustaba mirarlo. Él saciaba su sed de aventuras, siempre pospuestas. Toda una vida soñando pero anclada en tierra. Ahora ya, poco importaba. Ya no había con quien compartirlas. Sólo quedaban recuerdos que le hablaban de  otro tiempo en el que había sido muy feliz, había amado y había sido amada, con la intensidad de una tormenta de otoño, con la entrega de la arena, dejándose llevar por las olas, siempre nuevas y siempre iguales. Esa había sido su historia de amor. Sentada en la playa encontraba a su compañero en el espíritu de esa gaviota, diciéndole,  que no se había ido, que siempre estarían juntos, y que algún día podrían surcar ese mar en busca de las aventuras soñadas.

Llegó un día en el que ya no pudo bajar de la torre. Sentada junto a la ventana, veía el mismo paisaje, pero no lo sentía cerca, le faltaba ese olor a sal y algas, ese ruido sordo y constante de las olas que la adormecían y atenuaban su dolor. Veía pasar las gaviotas y entre ellas buscaba a su amiga, la que se le acercaba en la playa sin temor y no la encontraba

Las luces de las noches, se hicieron más débiles, convirtiéndose en puntos brillantes en la lejanía, que se confundían con las estrellas.

Desde la torre disfrutaba mirándolas ¡Qué maravilla el cielo de ese mar! Parecía un gran manto bordado con caprichosos dibujos: Allí un arquero, mas allá unos peces o un carro con una estrella brillante que siempre señalaba el norte.  Eran las mismas que habían guiado a tantos navegantes a la gloria o al infortunio.

Los días se sucedían con una monotonía insoportable, solo la despertaba de su duermevela, la luz verdosa del faro, avisando a los navegantes, de los peligros que ese mar tranquilo tenía en sus entrañas.

Un atardecer de verano, con el mar en calma, el sol destilando fuego y pintando con rayas de sangre el mar, llego la gaviota a la ventana. Ella sabía muy bien a lo que venía. ¡La había esperado tanto tiempo…! En sus días de desesperación, llego a pensar que la había olvidado .Que la había dejado, sola varada en tierra, como esos barcos destrozados que antes veía en sus paseos al atardecer, por los senderos que rodean el faro.

Esa noche su espíritu y el de la gaviota, se unieron formando un solo aliento. Y ella y su amado, cruzaron juntos ese querido mar, en busca de todas las aventuras soñadas  durante sus vidas en la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 20 de abril de 2026

LA BUENA NOTICIA

 

LA BUENA NOTICIA

 

El periódico lo es todo para ella. Desde joven compraba los de tirada nacional, solo se fiaba de sus noticias, buscaba las buenas como quien busca tesoros difíciles de hallar, las malas las guardaba en cajas que poco a poco iban tapándole el sol y la vida que bullía al otro lado del cristal, de esas, al día siguiente nadie  se acordaría, al salir otras peores.

Un día cayeron las cajas y encontró la mejor noticia, vio gente feliz, atareada pero no paralizada como ella, luchando por salir adelante en medio de tanto caos, a los que les estaban regalando un día de sol y de vida.