sábado, 16 de mayo de 2026

EL CASTING

 

EL CASTING

 

El agente le señalaba la fila de los menores. El Casting era a las 9h. Llegaron con bastante tiempo cogidos de la mano, la fila era larga. Tenía muchas esperanzas en ganar, se había preparado a fondo, iría por ciudades actuando con su adorada compañera. Todo  se vino abajo con la llegada del agente, volvería a ser otra vez el árbol en aquella función infantil. Ella se quedo en la fila de los mayores. ¡Pero si tenían la misma edad!

Aunque se quedara sin comer,  salió de la fila. Se le rompía el corazón pensar en  su Dª Inés en brazos de otro D Juan.

 

 

EL OLVIDO QUE TE ES NEGADO

 

EL OLVIDO QUE TE ES NEGADO

 

Las olas apenas los balanceaban, un mar tranquilo, sin velas ni motor no es más que un desierto azul  tan difícil salir como del otro. Quería olas grandes que la empujaran hacia el olvido. La persona que se sentaba al otro lado de la barquita, fue escogida al azar entre las muchas que olvidaban algo en el borde del muelle.

Las olas primero suaves se fueron encrespando, no pensó que en el mar como en la vida te llevan siempre a la orilla más cercana, la que quieres abandonar.

Se perfila la costa y vuelven los fantasmas y los miedos. Pero al fin conseguiría olvidar.

EL VIEJO VOLCÁN

 

EL VIEJO VOLCÁN  


 

Al llegar a su casa el niño me dibujó en la mesa de la cocina con los azulejos al fondo, pero su fantasía fue demasiado lejos. Habían ido de excursión a ver un volcán apagado, ya extinguido y la profesora les había contado cómo nos formamos en el interior de la tierra y todo lo que destruimos arrojando fuego y lava, a nuestro alrededor solo hay rocas negras cuando esta se enfría, pero no tierra para que pueda crecer nada con vida.

Esa es la realidad  pero el niño no quería reflejarla y me dibujó delante de un sol amarillo enorme y plantas de muchas clases y colores. Ese volcán solo existiría en un mundo ideal, de fantasía, donde los seres vivos estarían integrados en un entorno amable.

Yo soy ese viejo volcán apagado que fueron a ver, no tengo bonitos colores solo grises y mis piedras afiladas rompen las rodillas de los niños valientes que suben hasta mí. Me dieron por nombre El Carmoli o el Monte del dragón  pues en mi cima la lava que salía fue tallando una figura que desde abajo, con mucha imaginación, algunos quieren ver ese ser mitológico que mira al mar que tengo enfrente y desarrolla en las mentes infantiles fantasías y cuentos como el que les había explicado la profesora.

Estoy orgulloso de lo que he sido, no hice daño en mi nacimiento por ser una tierra desierta y casi recién salida del mar. Llevo muchos miles de años vigilando y protegiendo esta zona en la que hace siglos empezaron a salir plantas duras, necesitadas de poca tierra y poca agua como las Piteras, o los Palmitos que alegraban el entorno.

Pero el poder destructivo del hombre es aún mayor que el mío y no sé cuanto durará este paraíso.

jueves, 23 de abril de 2026

ELLA Y EL MAR

 

ELLA Y EL MAR   

Este relato fue incluido en el libro “Meciéndose con las olas” publicado en el año 2017.

Ella estaba allí, en esa playa del Mediterráneo, como el faro, la arena, las rocas o el mar. De él se sabía todos sus azules, verdes o grises y estos colores se reflejaban en sus ojos acariciadores y tristes. Hacía años que se consideraba parte del paisaje.

Desde que perdió a su compañero, refugió su dolor en la casa de la playa, ¡Habían sido allí tan felices…! ¡Tenían tantos proyectos en los que participaba ese mar…!

La casa era una especie de torreón antiguo, que poco a poco, con paciencia y cariño habían convertido en su hogar. A la ciudad iban solo por trabajo, atrás habían quedado las reuniones interminables, el ajetreo del trafico, el rugido de la gran ciudad,  que te ofrecía mensajes engañosos para hacerte su esclavo.

Ahora el mar era su compañero, ya nunca estaría sola. Era un ser vivo que se movía, hablaba y algunas tardes de otoño, rugía, pero no le tenía miedo. Él le trajo nuevos amigos, como la gaviota, a la que veía venir entre los grises del atardecer, y que después de revolotear, se posaba a su lado en la arena, para contarle alguna historia de  sus muchos y largos viajes por las costas de ese mar. Historias de amor y de muerte, de trabajo y de placer. Ella las escuchaba agradecida. Esos relatos llenaban un poco, el  hueco vacío que le hacía las veces de corazón. Un corazón que empezó a morir el día que ocurrió el accidente.

El mar también le trajo otros amigos, caracolas, chapinas, plantas que después de un fuerte levante quedaban varadas en la playa, como restos de un naufragio. Las ponía a secar, haciendo con ellas verdaderas obras de arte, que distribuía en jarrones por toda su casa.

Pensaba que  lo que le traían las olas, antes habían sido seres vivos, y ahora sólo eran bellos recuerdos, igual que nos ocurre a los humanos, cuando después de la muerte, nos instalamos en el pensamiento de las personas que nos han querido.

Las caracolas las pintaba de colores y las metía en frascos de todos los tamaños. La casa estaba llena de ellos. Cuando se sentaba a mirarlos, se las imaginaba vivas, atravesando las aguas y llegando a otras tierras del mismo mar, con hombres distintos, distintas costumbres, pero con las mismas ansias de amar y ser felices.

Por las noches, desde la torre, veía los grandes barcos pasar a lo lejos con sus luces encendidas  que anunciaban fiesta y  también el débil parpadeo de los barcos de pesca que faenaban cerca de la costa.

Todo se mezclaba en ese mar, diversión, trabajo, y también la angustia de no saber si el frágil barquichuelo, en el que habían puesto tantas esperanzas, llegaría a tierras acogedoras y en paz, o si por el contrario sería engañado como Ulises y lo llevaría al fondo de ese cementerio azul, donde está escrita la historia de tantos siglos.

Le gustaba ver sus amaneceres, al principio volvían los grises del ocaso, luego despacio, una pequeña luz se iba abriendo paso por el horizonte hasta que como un estallido el gran astro emergía  de la superficie del agua, devolviendo la vida al planeta. Pensaba que siempre habría un nuevo amanecer, también en la vida. Ella lo estaba intentando  desde esa casa y esa playa cargada de recuerdos.

¡Cuantas historias habían pasado en ese mar eterno! Le gustaba mirarlo. Él saciaba su sed de aventuras, siempre pospuestas. Toda una vida soñando pero anclada en tierra. Ahora ya, poco importaba. Ya no había con quien compartirlas. Sólo quedaban recuerdos que le hablaban de  otro tiempo en el que había sido muy feliz, había amado y había sido amada, con la intensidad de una tormenta de otoño, con la entrega de la arena, dejándose llevar por las olas, siempre nuevas y siempre iguales. Esa había sido su historia de amor. Sentada en la playa encontraba a su compañero en el espíritu de esa gaviota, diciéndole,  que no se había ido, que siempre estarían juntos, y que algún día podrían surcar ese mar en busca de las aventuras soñadas.

Llegó un día en el que ya no pudo bajar de la torre. Sentada junto a la ventana, veía el mismo paisaje, pero no lo sentía cerca, le faltaba ese olor a sal y algas, ese ruido sordo y constante de las olas que la adormecían y atenuaban su dolor. Veía pasar las gaviotas y entre ellas buscaba a su amiga, la que se le acercaba en la playa sin temor y no la encontraba

Las luces de las noches, se hicieron más débiles, convirtiéndose en puntos brillantes en la lejanía, que se confundían con las estrellas.

Desde la torre disfrutaba mirándolas ¡Qué maravilla el cielo de ese mar! Parecía un gran manto bordado con caprichosos dibujos: Allí un arquero, mas allá unos peces o un carro con una estrella brillante que siempre señalaba el norte.  Eran las mismas que habían guiado a tantos navegantes a la gloria o al infortunio.

Los días se sucedían con una monotonía insoportable, solo la despertaba de su duermevela, la luz verdosa del faro, avisando a los navegantes, de los peligros que ese mar tranquilo tenía en sus entrañas.

Un atardecer de verano, con el mar en calma, el sol destilando fuego y pintando con rayas de sangre el mar, llego la gaviota a la ventana. Ella sabía muy bien a lo que venía. ¡La había esperado tanto tiempo…! En sus días de desesperación, llego a pensar que la había olvidado .Que la había dejado, sola varada en tierra, como esos barcos destrozados que antes veía en sus paseos al atardecer, por los senderos que rodean el faro.

Esa noche su espíritu y el de la gaviota, se unieron formando un solo aliento. Y ella y su amado, cruzaron juntos ese querido mar, en busca de todas las aventuras soñadas  durante sus vidas en la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 20 de abril de 2026

LA BUENA NOTICIA

 

LA BUENA NOTICIA

 

El periódico lo es todo para ella. Desde joven compraba los de tirada nacional, solo se fiaba de sus noticias, buscaba las buenas como quien busca tesoros difíciles de hallar, las malas las guardaba en cajas que poco a poco iban tapándole el sol y la vida que bullía al otro lado del cristal, de esas, al día siguiente nadie  se acordaría, al salir otras peores.

Un día cayeron las cajas y encontró la mejor noticia, vio gente feliz, atareada pero no paralizada como ella, luchando por salir adelante en medio de tanto caos, a los que les estaban regalando un día de sol y de vida.

 

martes, 14 de abril de 2026

 

UN VIAJE SORPRENDENTE

 

Luisa se había marchado a trabajar a Paris, soltera, libre y más joven que nosotras, había sido valiente y ya vivía allí  un año.

Nos comunicábamos por internet y los dientes de Carmen, Lucia y los míos propios arañaban el suelo de envidia cuando nos contaba sus andanzas por la Ciudad del Amor.

Carmen y Lucia eran divorciadas, pero yo, soltera y sin haber probado” La gracia de Dios” como decía mi madre, todo lo que contaba me parecían excesos.

Ese verano decidimos visitarla. Nos instalamos en su casa. Era una buena anfitriona. Por la tarde, cuando nos sentamos a tomar café, era como si no hubiera pasado el tiempo, contentas y felices de estar juntas.

Le dejamos bien claro, que nada de monumentos ni museos, algún paseo por el Sena todavía, pero nuestro propósito en este viaje era ver el Paris arrabalero, el marginal los barrios del Paris “canalla”.

La primera noche nos dijo que nos iba a sorprender con algo muy especial. Ella había ido con unos amigos hacia poco y nunca se hubiera podido imaginar aquel espectáculo.

La entrada era pequeña y unos escalones empinados conducían hasta un sótano donde estaba el  salón con una barra de bar en un extremo, poca luz y  al fondo sonaba un piano. Al ir acercándonos me sorprendió que el pianista estuviera de pie de espaldas al público. Tenía muy buena planta.

Nos quedamos unos poco desilusionados, las canciones, aunque tocadas con gran maestría, no eran nada del otro mundo. Además de vez en cuando se colaba en la melodía una nota discordante. Al comentárselo a Luisa, nos dijo con una sonrisa picara: Esperad que termine y se vuelva para saludar. Y eso hicimos, cada vez mas intrigadas.

Sonó un fuerte acorde final, un golpe y un grito. Luisa sorprendida dijo: si lo hace todas las noches, ¿que habrá pasado?

Lo que había pasado era sencillamente que  había bajado la tapa del piano, sin darse cuenta de que el “dedo” que daba la nota discordante, en ese momento estaba tocando un do sostenido y…y no pudo retirarlo a tiempo.

Lástima, ya no podrá presumir del pene más grande de la ciudad aunque se pillara “La puntita “nada más.

 

 

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

EL ANTIGUO PARAÍSO

 

EL ANTIGUO PARAÍSO

 

Los pliegan, los guardan en sus bolsos y se largan sin despedirse de mí, yo que los había invitado para tener un pequeño rato de trato humano y enseñarles enciclopedias antiguas, con brillantes colores, ahora no sirven pero son agradables de ver y hasta les di permiso para arrancar las hojas que más les gustaran y llevárselas, haciendo cuadros con ellas, así sus hijos y sus nietos sabrían como había sido este planeta antes de que todo empezara a corromperse, conocerían el verde de los bosques, el azul del mar, el marrón de los desiertos.

Pero ellos no sentirán nunca mi nostalgia, yo si conocí el final del paraíso.