jueves, 23 de abril de 2026

ELLA Y EL MAR

 

ELLA Y EL MAR   

Este relato fue incluido en el libro “Meciéndose con las olas” publicado en el año 2017.

Ella estaba allí, en esa playa del Mediterráneo, como el faro, la arena, las rocas o el mar. De él se sabía todos sus azules, verdes o grises y estos colores se reflejaban en sus ojos acariciadores y tristes. Hacía años que se consideraba parte del paisaje.

Desde que perdió a su compañero, refugió su dolor en la casa de la playa, ¡Habían sido allí tan felices…! ¡Tenían tantos proyectos en los que participaba ese mar…!

La casa era una especie de torreón antiguo, que poco a poco, con paciencia y cariño habían convertido en su hogar. A la ciudad iban solo por trabajo, atrás habían quedado las reuniones interminables, el ajetreo del trafico, el rugido de la gran ciudad,  que te ofrecía mensajes engañosos para hacerte su esclavo.

Ahora el mar era su compañero, ya nunca estaría sola. Era un ser vivo que se movía, hablaba y algunas tardes de otoño, rugía, pero no le tenía miedo. Él le trajo nuevos amigos, como la gaviota, a la que veía venir entre los grises del atardecer, y que después de revolotear, se posaba a su lado en la arena, para contarle alguna historia de  sus muchos y largos viajes por las costas de ese mar. Historias de amor y de muerte, de trabajo y de placer. Ella las escuchaba agradecida. Esos relatos llenaban un poco, el  hueco vacío que le hacía las veces de corazón. Un corazón que empezó a morir el día que ocurrió el accidente.

El mar también le trajo otros amigos, caracolas, chapinas, plantas que después de un fuerte levante quedaban varadas en la playa, como restos de un naufragio. Las ponía a secar, haciendo con ellas verdaderas obras de arte, que distribuía en jarrones por toda su casa.

Pensaba que  lo que le traían las olas, antes habían sido seres vivos, y ahora sólo eran bellos recuerdos, igual que nos ocurre a los humanos, cuando después de la muerte, nos instalamos en el pensamiento de las personas que nos han querido.

Las caracolas las pintaba de colores y las metía en frascos de todos los tamaños. La casa estaba llena de ellos. Cuando se sentaba a mirarlos, se las imaginaba vivas, atravesando las aguas y llegando a otras tierras del mismo mar, con hombres distintos, distintas costumbres, pero con las mismas ansias de amar y ser felices.

Por las noches, desde la torre, veía los grandes barcos pasar a lo lejos con sus luces encendidas  que anunciaban fiesta y  también el débil parpadeo de los barcos de pesca que faenaban cerca de la costa.

Todo se mezclaba en ese mar, diversión, trabajo, y también la angustia de no saber si el frágil barquichuelo, en el que habían puesto tantas esperanzas, llegaría a tierras acogedoras y en paz, o si por el contrario sería engañado como Ulises y lo llevaría al fondo de ese cementerio azul, donde está escrita la historia de tantos siglos.

Le gustaba ver sus amaneceres, al principio volvían los grises del ocaso, luego despacio, una pequeña luz se iba abriendo paso por el horizonte hasta que como un estallido el gran astro emergía  de la superficie del agua, devolviendo la vida al planeta. Pensaba que siempre habría un nuevo amanecer, también en la vida. Ella lo estaba intentando  desde esa casa y esa playa cargada de recuerdos.

¡Cuantas historias habían pasado en ese mar eterno! Le gustaba mirarlo. Él saciaba su sed de aventuras, siempre pospuestas. Toda una vida soñando pero anclada en tierra. Ahora ya, poco importaba. Ya no había con quien compartirlas. Sólo quedaban recuerdos que le hablaban de  otro tiempo en el que había sido muy feliz, había amado y había sido amada, con la intensidad de una tormenta de otoño, con la entrega de la arena, dejándose llevar por las olas, siempre nuevas y siempre iguales. Esa había sido su historia de amor. Sentada en la playa encontraba a su compañero en el espíritu de esa gaviota, diciéndole,  que no se había ido, que siempre estarían juntos, y que algún día podrían surcar ese mar en busca de las aventuras soñadas.

Llegó un día en el que ya no pudo bajar de la torre. Sentada junto a la ventana, veía el mismo paisaje, pero no lo sentía cerca, le faltaba ese olor a sal y algas, ese ruido sordo y constante de las olas que la adormecían y atenuaban su dolor. Veía pasar las gaviotas y entre ellas buscaba a su amiga, la que se le acercaba en la playa sin temor y no la encontraba

Las luces de las noches, se hicieron más débiles, convirtiéndose en puntos brillantes en la lejanía, que se confundían con las estrellas.

Desde la torre disfrutaba mirándolas ¡Qué maravilla el cielo de ese mar! Parecía un gran manto bordado con caprichosos dibujos: Allí un arquero, mas allá unos peces o un carro con una estrella brillante que siempre señalaba el norte.  Eran las mismas que habían guiado a tantos navegantes a la gloria o al infortunio.

Los días se sucedían con una monotonía insoportable, solo la despertaba de su duermevela, la luz verdosa del faro, avisando a los navegantes, de los peligros que ese mar tranquilo tenía en sus entrañas.

Un atardecer de verano, con el mar en calma, el sol destilando fuego y pintando con rayas de sangre el mar, llego la gaviota a la ventana. Ella sabía muy bien a lo que venía. ¡La había esperado tanto tiempo…! En sus días de desesperación, llego a pensar que la había olvidado .Que la había dejado, sola varada en tierra, como esos barcos destrozados que antes veía en sus paseos al atardecer, por los senderos que rodean el faro.

Esa noche su espíritu y el de la gaviota, se unieron formando un solo aliento. Y ella y su amado, cruzaron juntos ese querido mar, en busca de todas las aventuras soñadas  durante sus vidas en la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 20 de abril de 2026

LA BUENA NOTICIA

 

LA BUENA NOTICIA

 

El periódico lo es todo para ella. Desde joven compraba los de tirada nacional, solo se fiaba de sus noticias, buscaba las buenas como quien busca tesoros difíciles de hallar, las malas las guardaba en cajas que poco a poco iban tapándole el sol y la vida que bullía al otro lado del cristal, de esas, al día siguiente nadie  se acordaría, al salir otras peores.

Un día cayeron las cajas y encontró la mejor noticia, vio gente feliz, atareada pero no paralizada como ella, luchando por salir adelante en medio de tanto caos, a los que les estaban regalando un día de sol y de vida.

 

martes, 14 de abril de 2026

 

UN VIAJE SORPRENDENTE

 

Luisa se había marchado a trabajar a Paris, soltera, libre y más joven que nosotras, había sido valiente y ya vivía allí  un año.

Nos comunicábamos por internet y los dientes de Carmen, Lucia y los míos propios arañaban el suelo de envidia cuando nos contaba sus andanzas por la Ciudad del Amor.

Carmen y Lucia eran divorciadas, pero yo, soltera y sin haber probado” La gracia de Dios” como decía mi madre, todo lo que contaba me parecían excesos.

Ese verano decidimos visitarla. Nos instalamos en su casa. Era una buena anfitriona. Por la tarde, cuando nos sentamos a tomar café, era como si no hubiera pasado el tiempo, contentas y felices de estar juntas.

Le dejamos bien claro, que nada de monumentos ni museos, algún paseo por el Sena todavía, pero nuestro propósito en este viaje era ver el Paris arrabalero, el marginal los barrios del Paris “canalla”.

La primera noche nos dijo que nos iba a sorprender con algo muy especial. Ella había ido con unos amigos hacia poco y nunca se hubiera podido imaginar aquel espectáculo.

La entrada era pequeña y unos escalones empinados conducían hasta un sótano donde estaba el  salón con una barra de bar en un extremo, poca luz y  al fondo sonaba un piano. Al ir acercándonos me sorprendió que el pianista estuviera de pie de espaldas al público. Tenía muy buena planta.

Nos quedamos unos poco desilusionados, las canciones, aunque tocadas con gran maestría, no eran nada del otro mundo. Además de vez en cuando se colaba en la melodía una nota discordante. Al comentárselo a Luisa, nos dijo con una sonrisa picara: Esperad que termine y se vuelva para saludar. Y eso hicimos, cada vez mas intrigadas.

Sonó un fuerte acorde final, un golpe y un grito. Luisa sorprendida dijo: si lo hace todas las noches, ¿que habrá pasado?

Lo que había pasado era sencillamente que  había bajado la tapa del piano, sin darse cuenta de que el “dedo” que daba la nota discordante, en ese momento estaba tocando un do sostenido y…y no pudo retirarlo a tiempo.

Lástima, ya no podrá presumir del pene más grande de la ciudad aunque se pillara “La puntita “nada más.

 

 

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

EL ANTIGUO PARAÍSO

 

EL ANTIGUO PARAÍSO

 

Los pliegan, los guardan en sus bolsos y se largan sin despedirse de mí, yo que los había invitado para tener un pequeño rato de trato humano y enseñarles enciclopedias antiguas, con brillantes colores, ahora no sirven pero son agradables de ver y hasta les di permiso para arrancar las hojas que más les gustaran y llevárselas, haciendo cuadros con ellas, así sus hijos y sus nietos sabrían como había sido este planeta antes de que todo empezara a corromperse, conocerían el verde de los bosques, el azul del mar, el marrón de los desiertos.

Pero ellos no sentirán nunca mi nostalgia, yo si conocí el final del paraíso.

lunes, 6 de abril de 2026

 Recordando con cariño a la abuela de mi marido que me enseño a hacerlos.

PASTELILLOS DEL COCIDO

Nunca he sido muy adicta a las labores del hogar, pero si alguna me ha interesado, esa ha sido la cocina. Es la que verdaderamente te agradecen el tiempo que has pasado en ella. Un “mamá que rico” o un “chatica mía que manos tienes”, te saben a gloria y olvidas todo lo que sacrificaste para hacerle esa comida maravillosa.

Mi paladar está entre dos provincias, Murcia y Granada, la primera porque nací en Cartagena y la segunda porque mi familia es natural de Salobreña (Granada). Mi abuela, como es natural, se trajo las recetas de su tierra y entre ellas hay una de cordero riquísima, se llama o así la llamaba ella “Entomatao”, el sabor exótico lo dan las especias  principalmente el comino.

El día de Navidad íbamos a comer a casa de mis abuelos y allí nunca se comía “Cocido con pelotas” como es natural por estas tierras, sino su guiso andaluz.

Tenía una amiga en el colegio que decía que su abuela hacia las pelotas con sangre de la pava, no sé porque a mí me daba un poco de “repelús”, cuando sabía que las morcillas, que tanto me gustaban, estaban hechas también con sangre y le contestaba que no estarían más ricas que el guiso de cordero que hacia mi abuela en Navidad. En su pueblo era tradición comerlo ese día desde hace siglos, yo creo que ahí me pasé, pero el “Yo más” funcionaba ya en los niños.

 Pasó el tiempo y al irme a casar, como era costumbre, le pedí a mi suegra las recetas de las comidas que más le gustaban a mi futuro marido, aparte del cocido con pelotas me dijo una que es una maravilla de ahorro y una delicatesen para el paladar, la llamaba Pastelillos del cocido y es la empanadilla más rica que yo he probado jamás.

Se hace una masa con aceite sofrito, caldo del cocido y harina, se amasa hasta que quede suelta, se desmenuza el pollo y el chorizo que haya sobrado, se añaden piñones y un huevo duro bien picado, se mezcla todo rellenando con ello la masa y dándole forma de empanadilla, las muescas del bordillo se hacían con un tenedor. Terminada toda esta operación se fríen en abundante aceite.

Mis hijos siempre querían que hiciera masa de más, para que sobrara y friéndola les hiciera unos crespillos riquísimos.

 

¡Ah! Por cierto, mi amiga  me llevó una tarde después de jugar en la glorieta, una cazuelita con pelotas de pava hechas con la sangre de esta, para que las probara y tenía razón, estaban deliciosas y muy suaves.

 

 

 

LA RUTINA

 

LA RUTINA

 

No puedo recordar el orden correcto de las cosas, yo siempre he vivido en la rutina, la sucesión de los hechos era prioritaria para tener establecido trabajo y descanso. Ese orden era todo en mi vida, si salía de allí me envolvía el caos.

No poder recordar el orden de los hechos de esta mañana me están llevando a la locura.

Qué fue primero ¿El beso o el adiós? Durante muchos años fue el beso que poco a poco iba perdiendo pasión y después el adiós.

Pero hoy no lo recuerdo por ese orden. Pienso que conociéndome tanto, esa ha sido su manera de decirme que no volverá.

jueves, 26 de marzo de 2026

PIONERAS

 

PIONERAS

Estos hechos ocurrieron en la segunda mitad del siglo XIX en un pueblo de la costa en el Mediterráneo andaluz.

Amalia no tenía aun 15 años y estaba casada con un hombre que le doblaba la edad, cosa normal en aquella época. Su marido, que era una buena persona pero débil de carácter, había heredado de sus padres un fructífero negocio de barcos de pesca y también un pequeño astillero donde los hacían. Al atardecer bajaba a la playa para esperar los barcos y llevar el producto a la lonja desde donde era distribuido a los pueblos cercanos.

Hasta aquí todo normal si no fuera porque en el camino hacia la lonja desaparecían algunas cajas y en el de vuelta, era poco menos que empujado por sus amigos, los pescadores, al bar del pueblo donde pagaba una ronda tras otra.

De todo esto se daba cuenta la joven que ya con 17 años no podía permitir que a su marido se le fuera el dinero como agua entre los dedos. Un día le dijo que le gustaría bajar por las tardes con él a la playa. Al principio se mantuvo en un segundo plano y aun así, algunos de los pescadores no lo vieron con buenos ojos, decían que aquello era cosa de hombres y se sentían incómodos. Pero se quedó. Cada vez se perdían menos cajas por el camino y después de la venta en la lonja, muy cogidos del brazo se iban a su casa, porque era impensable tomarse unas copas con una mujer en el bar.

Poco a poco fue aprendiendo y su marido la dejaba hacer, pues se le daban muy bien los tratos y los negocios.

Las críticas les llovían como granizo y los mayores insultos, salieron en voz baja, de las mujeres del pueblo por envidia o mala fe. (Mujer contra mujer, ganador el hombre. Han pasado casi dos siglos y aun no lo hemos aprendido). Nadie se atrevía a decirlo en voz alta porque todos les debían favores, pero se sentían humillados por la importancia que estaba tomando aquella mujer joven, que solo con mirarlos les hacia tragar las palabras antes de que salieran se sus  bocas.

Cuando en las noches de verano las vecinas sacaban las sillas a la puerta, ese era el tema principal. La acusaban de haber dejado en ridículo a su marido, de haber abandonado las labores de su casa por otras de hombres, en las que sola, no tendría cabida. Pero siguió adelante. Crio 6 hijos y 5 hijas. Al quedarse viuda continuó con el negocio, ya respetada por sus vecinos, a quienes siempre ayudo en caso de necesidad. Demostrando que si una mujer tiene valía y se lo propone, por grandes que sean los obstáculos, conseguirá su objetivo.

Vivió 105 años y todavía hoy su historia es como una leyenda en ese pueblo y un ejemplo para las mujeres que vinieron después.

martes, 24 de marzo de 2026

LA APUESTA

 

LA APUESTA

 

Algo semejante a un alegre parpadeo colectivo sintió en la nuca que la animó a entrar en la cripta, estaba decidida a ganar la apuesta.  Al abrir la puerta la sensación agradable se convirtió en un susurro helado.

Vio una figura que avanzaba hacia ella, con los ojos blancos y la boca entreabierta, la llamaba por su nombre y el eco desgarraba el silencio.

La puerta se cerró sola y lo último que la linterna enfocó fueron unas manos huesudas saliendo de las paredes.

Dicen que aun se oyen gritos atrapados bajo la piedra, nunca se encontró su cuerpo, seguiría siendo la cripta maldita.

martes, 17 de marzo de 2026

EL CÉSAR

 

EL CÉSAR

 

Con sus flamantes nombres en latín, orgullosas desfilaban las legiones de César por el pasillo de su casa, hacía guerras y emboscadas con ellos detrás de una montaña de libros cubiertos con papel de periódico, arriba se ponía él “El César” y actuaba como tal con sus legiones de goma.

Cuando volvía a casa de sus padres buscaba la caja en la que quedaron atrapados en el tiempo sus legionarios, con sus hijos tuvo que conformarse jugando en una pantalla desde donde mandaba luchar a sus soldados.

Volvió a guardarlos y una lágrima resbalo por sus mejillas al pensar que su mundo ya no volvería.

lunes, 9 de marzo de 2026

EL VERDE ES VIDA

 

EL VERDE ES VIDA

 

Fue en el momento en que mataron al árbol  cuando el planeta entero se estremeció, era el último que quedaba en una tierra cuya seña de identidad habían sido los colores verde y azul.

No lo abatieron los incendios, las talas descontroladas, la contaminación, ni cuantos males habían traído esa especie, ya desaparecida, llamados humanos.

Fue el viento que levantaba el polvo de la Tierra convertida en un desierto el que lo abatió, quedó tendido como un navío con sus velas desplegadas y las raíces hacia el cielo pidiendo justicia, pero nadie lo oyó, los dioses protectores hacía tiempo que habían abandonado este planeta desagradecido.

sábado, 7 de marzo de 2026

DEBATE EN CLASE

 

DEBATE EN CLASE

Aquel día los alumnos de octavo de EGB iban a recibir una lección que no olvidarían.

 

La profesora iba a comenzar cuando una alumna se acercó y le dijo un poco cortada: Seño, dice mi madre que si puede usted poner esto en el corcho para que todos lo lean, mi madre cree que es importante. Era un folio con solo cinco palabras escritas en mayúsculas y coloreadas para llamar la atención. La profesora leyó en silencio y sonrió diciéndole a la alumna: ¡Claro que puedes ponerlo! Esas cinco palabras le recordaron que habían ganado muchas batallas, pero no se podía bajar la guardia.

 

La frase decía: LA IGUALDAD EN UN RETO PENDIENTE

 

En ese momento les preguntó ¿Diríais que vivimos en una sociedad igualitaria? Esta tarde tenemos tutoría ¿Os apetece hacer un debate sobre el tema? Todos asintieron. Los debates les gustaban. Podían hablar sin miedo de cosas que en las conversaciones normales nunca salían.

 

Llegó la tarde y estaban todos deseando exponer sus ideas en ese tema que parecía fácil. La primera que habló fue Elisa y su pregunta dio pie para un buen debate. Si la igualdad estuviera conseguida ¿Por qué seguimos hablando tanto de ella?

 

Un chico argumentó: Siempre habrá diferencias, no somos todos iguales. Es verdad, contestó otro alumno, pero esas diferencias no deberían convertirse en barreras y, si miramos a nuestro alrededor, sí lo son.

 

Carmen dijo: fallamos cuando damos oportunidades distintas a las personas, sin darnos cuenta, sin decidirlo. ¿Por qué las opiniones de algunos compañeros son celebradas como ingeniosas y las de otros son desechadas casi sin dejarles terminar su razonamiento?

 

El debate estaba en pleno apogeo, la profesora intervino diciendo que tenían que ser respetuosos con todos, pues eso era uno de los pilares de la igualdad.

 

Siguieron debatiendo entusiasmados ¿Por qué a algunos compañeros les perdonamos ciertas cosas y a otros para conseguirlo le exigimos el doble? Preguntó un alumno que tenía la mano levantada hacía rato y no lo dejaban intervenir.

 

La profesora dijo: Las desigualdades más difíciles de detectar son las que no vienen con un letrero,  no se ven fácilmente y vienen escondidas con gestos, maneras, hábitos asumidos por todos, que, por ser cotidianos, no les damos importancia. Al principio son solo pequeñas fisuras en la convivencia, que si no las paramos pueden llegar a convertirse en muros contra los que chocará toda la sociedad.

 

Asomaros a las ventanas ¿Qué veis? Un partido de fútbol de los alumnos de 7º, contestaron ¿Y qué más? Laura dijo: un grupo de niñas de esa clase apoyadas en la barandilla con ganas de jugar, pero solo miran. ¿Por qué? Preguntó la profesora, porque los chicos se creen con ese derecho, siempre ha sido así y nosotras lo aceptamos. Teníais que pensar que la igualdad empieza rompiéndose por detalles sin importancia, con silencios, con favoritismos, etiquetas etc. Pensad una frase que demuestre estas desigualdades en la clase.

 

Aparecieron muchas cargadas de significado: Comparaciones injustas, expectativas desiguales, puertas que se cierran sin explicación, cansancio de tener que demostrar siempre tu valía, ser invisible para los demás y muchas otras, todas interesantes.

 

La profesora, contenta con el debate, expuso sus conclusiones: La desigualdad no siempre se ve, a veces es la suma de pequeñas cosas que se repiten hasta que parecen normales y entonces dejan de cuestionarse. La igualdad es una meta y para llegar a ella cada uno tiene responsabilidad en lo que dice, en lo que calla, en lo que permite etc. La igualdad no se consigue con palabras, sino cuando se aprende a mirar alrededor. Es un reto que necesita atención constante porque hay que construirla cada día.

 

 

lunes, 2 de marzo de 2026

CARNAVAL

 

CARNAVAL

 

Había tenido el cuidado de precisar la edad para que lo integraran en el grupo de los mayores, aunque en realidad mintió un poco, de lo contrario no le habrían admitido en la aquella fiesta de carnaval ¡Y tenía tantas ganas! ¡Hacia tanto tiempo que no asistía a ninguna! Por eso vio la ocasión en ese anuncio que ponía: No importa la edad.

Ya tenía el disfraz, era de esqueleto y le saldría gratis, aunque tuviera que ponerse guantes para que las manos no lo delataran.

 Haber muerto hacía 200 años era una ventaja, pero tenía que tener cuidado con los empujones ¡Le había costado tanto trabajo ponerse cada hueso en su sitio!

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

LA EXPOSICIÓN

 

LA EXPOSICIÓN
Fui a verla sin ningún interés especial, por pasar el rato, me la había recomendado un amigo, decía que las fotos allí expuestas parecían tener vida.

Empecé a dar vueltas sin ganas, quería representar la multiculturalidad de un barrio de los suburbios, bastante marginal por las personas y los edificios que aparecían, lo que eche de menos fue un poco de alegría en algunas de ellas, todas las fotos representaban el sumun de la tristeza, hasta las fotos de jóvenes daban la impresión de estar de más en aquel lugar. Por eso me llamó tanto la atención cuando la vi, era la foto de una mujer de mediana edad, tenía que haber sido muy guapa pero la derrota de la vida se marcaba en su cara, el pelo largo y cuidado hacia juego con el bonito abrigo de piel que la cubría. No era su cara sino su ropa la que estaba de más en aquella exposición. Pasé un rato mirándola. ¿Quién sería?¿Como habría llegado hasta allí?

En el folleto informativo que me dieron al entrar, venia el correo del organizador de la exposición y mi instinto de periodista me decía que allí podía haber una gran historia.

Le escribí preguntándole por la modelo que me interesaba y de mala gana me dio un teléfono del fotógrafo, diciéndome que no había vuelto a saber nada de él.

Después de muchos intentos conseguí el teléfono de la modelo, Llamé y se puso una vecina, encantada de conocer a un periodista y de que le hiciera una entrevista, pagada naturalmente, a su amiga.

Al salir de la gran ciudad y adentrándome poco a poco en ese barrio, volvieron a mí, la desolación, la derrota, la juventud marginada y sin esperanza que me habían salido al encuentro en la exposición.

Llamé al timbre, me recibió la vecina  diciéndome que tuviera paciencia porque no era su mejor día.

Vi en una mecedora desvencijada a una anciana arropada con el mismo abrigo de la foto tan ajado como ella.

Hablaba de forma inconexa de sus logros en el teatro, enseñándome fotos de sus días de gloria, estuve más de una hora escuchándola y de vez en cuando unas gotas de cristal resbalaban por sus mejillas.

No pregunte ni ella contó cómo había llegado hasta allí, en su ensueño seguía viviendo en un chalet con jardín.

Me despedí de ella y de la vecina dejándole en la mesa el dinero acordado para la entrevista que por supuesto no publicaría.

Ese barrio había sido un descubrimiento para mí y ya habría tiempo de escribir otras historias que arrojaran un poco de luz y alegría a ese lugar.

lunes, 16 de febrero de 2026

LA DESPENSA

 

LA DESPENSA

 

¿Qué haces con el sombrero del abuelo? Me preguntó mi hermano quitándomelo de un manotazo, ya sabes que papá no quiere que juguemos con él, dice que cuando las cosas vengan mal, ahí tenemos la despensa.

Mi padre se pasaba horas hablándole a la chistera sin que saliera nada de ella, por eso no me pareció mal intentarlo yo, pero cuando el conejo asomó una de sus orejas, me dio tal susto que el animal salió corriendo y en que me vi de volverlo a meter.

    Después de enterrar al abuelo con chistera fui yo quien se la quitó, sonrió guiñándo un ojo y entonces supe que ya era mago.

jueves, 12 de febrero de 2026

NOSTALGIA

 

NOSTALGIA

 

A través de los cristales veo la lluvia, gente aligerando el paso, si se pudieran subir sus pensamientos a la “Nube” nos llevaríamos una desilusión porque a veces no coincidirían con su aspecto, puede estar contento el pobre que pide en la puerta de un establecimiento y ser desgraciada una señora bien vestida que sale con el carrito lleno. ¡Qué complicada es la mente humana!

Los arboles casi desnudos agradecen la lluvia que almacenan para brotar magníficos en primavera. No ocurre eso con los sentimientos, por mucho que los guardes si no tienes a quien trasmitirlos, nunca florecerán.

Pero he descubierto que puedo amar en solitario, esperando. Sigo escribiéndole cartas que conservo en una carpeta, siempre están conmigo porque no sé donde mandarlas. Las leo muchas veces en voz alta para que le llegue mi amor, mi amistad, mi compañía allá donde esté, diciéndole que todo sigue igual desde el día en que se fue.

Miro el buzón a diario por si el cartero ha tenido piedad de mí y al pasar ha dejado algo, como cuando era joven que siempre encontraba allí las letras tan deseadas con las que seguir compartiendo tu vida aún en la lejanía.

El otro día leyendo a Carmen Conde encontré una frase que me impactó por acercarse tanto a lo que yo siento. La frase decía así: La amistad no necesita, a veces, del mutuo alimento; basta que uno de los amigos hable, piense, ame, aunque el otro calle y sea invisible.

Solo cambiaria la palabra “Amistad” por “Amor”. Desde que no estás eso es lo que hago, te hablo de cosas cotidianas, nunca te vas de mi pensamiento, sigo amándote aunque  no te vea porque sé que estas ahí. Pero es tan duro mantener el amor en solitario, que temo estar perdiendo un poco la razón.

miércoles, 11 de febrero de 2026

EL MISTERIO DEL GATO DESAPARECIDO

 

EL MISTERIO DEL GATO DESAPARECIDO

Me llamo Aquiles Martínez, así como suena, fue una broma de mi padre o sus sueños de grandeza que quería continuar en mí.

Vivo en un pequeño apartamento y en su puerta está el letrero con mi profesión “Investigador Privado”. Lo de privado me viene al pelo pues lo más que consigo al mes son dos o tres clientes con casos tan enrevesados, que no atino a desentrañar casi ninguno. Si no fuera por la herencia de papa, el si era un gran investigador.

Al tener tanto tiempo libre voy al gimnasio a diario y estoy en plena forma por si alguna vez la necesito, pero no creo que fuera capaz, soy demasiado tímido y no me gusta llamar la atención, nunca sé cómo empezar una conversación, los demás hablan y hablan, en estas ocasiones me desconecto, no se dan cuenta porque para ellos soy casi invisible.

Pero estar en forma tiene algo bueno, las señoras mayores, viudas o solteras de las que hay muchas en mi edificio, me paran y les encanta decirme lo guapo que estoy  y el buen cuerpo que tengo, eso no hace más que acentuar mi timidez  y consigo escapar rápidamente.

Les voy a contar el último caso que he tenido. Estaba esa tarde leyendo una novela de detectives, para ver si aprendo algo, cuando un grito horrible, que me puso los pelos de punta, sonó por la ventana del patio, al asomarme vi a Dª Manuela llorando a lagrima viva porque había desaparecido su gato Pipo, al verme subió rápidamente y me pidió, previo pago, que encontrara a su Pipo, era más que su hijo, se lo dieron de cachorro y nunca se habían separado aunque era agresivo, maleducado y un poco comodón sabia que la quería entrañablemente.

Le dije que era un caso difícil, pues gatos negros había muchos, pero convencida de que Pipo era único, me dio el encargo.

Me comento que lo había esterilizado para que no se fuera por los tejados con las gatas. Aquella noche salí de cacería gatuna, al volver una esquina vi al tal Pipo en posición poco decorosa con el gato de Dª Gertrudis, vecina nuestra, el cual al reconocerme dio un salto dejando sin apoyo al gato que estaba encima. Estaban en la puerta de un bar solo para  Gais.

Me miró con ojos sabios y profundos y entendí enseguida: Que pretendía la vieja, ¿Qué iba a ser solo su peluche? Si ella está a “régimen” yo no tengo por qué estarlo.

Se vino conmigo dócilmente y cuando se lo di a Dª Antonia, previo pago, por supuesto, le dije que tenía que dejar salir a Pipo  los fines de semana para que tomara el aire de la noche  que era muy bueno para su salud.

Desde entonces cuando Pipo y yo nos encontramos por las escaleras, se acerca a mí ronroneando y frotándose contra mi pantalón.

Había encontrado su alma gemela

 

lunes, 9 de febrero de 2026

EL PESO DE LA VIDA

 

EL PESO DE LA VIDA

 

Solo me deja llevarlo un rato, dice que soy muy pequeño para cargar con él, ¿Por qué todos llevan ese madero a sus espaldas? Unos son pesados, otros ligeros como plumas. Cuando le pregunto a mi padre siempre contesta lo mismo: Serás mayor y lo sabrás.

Sin otra explicación empecé a recorrer mi vida, el madero se hacía más pesado, cuando me llegaba algún revés de los “gordos”, alguien o algo le añadía un saquito de arena y tenía que pasar tiempo para que desapareciera su peso.

Unas palabras antiguas vinieron a mi mente: Cada uno tiene que llevar su cruz. Yo he tenido suerte.

martes, 3 de febrero de 2026

UN ESPÍRITU EN EL AIRE

 

UN ESPÍRITU EN EL AIRE

 

Ya está aquí otra vez la corriente de aire, no sé por dónde puede entrar, la casa del tío Pedro tiene muy buen aislamiento, pero se cuela haciendo un silbido que pone los pelos de punta, pensándolo bien yo creo que es algo más.

Se manifiesta juguetona, llega siempre en el momento más inoportuno haciendo salir   volando los papeles que reviso.

Me presenté en su casa al no contestar mis llamadas y después del entierro toca  ordenar papeles, pero estoy harta  de que solo se manifieste en forma de aire. Que se deje de bromas y diga donde guardó los décimos de lotería premiados.

sábado, 17 de enero de 2026

OTRA CLASE DE AMOR

 

                  OTRA CLASE DE AMOR

El niño no entendía por qué cuando salía de la guardería y se acercaba corriendo hasta su madre, esta no lo recibía con los brazos abiertos bajándose a su altura para darle un gran abrazo como hacían las otras madres, solo le cogía la mano y con una gran sonrisa le preguntaba como lo había pasado.

Pero llegó un momento en que esto dejó de importarle, porque su madre siempre estaba allí, le traía golosinas y juguetes pequeños que compraba en el Kiosco de la esquina.

No conoció a su padre y tampoco pregunto nunca, era feliz con ese cariño distinto pero que se palpaba en las miradas, los gestos y en la protección que nunca le faltó con ella.

Por las tardes al volver del colegio se quedaba un rato en la calle jugando con los amigos. Un día un niño le preguntó porqué su madre cuando iba a recogerlo, nunca lo besaba ni abrazaba, él no supo que contestar solo dijo: ella es así.

Pasaron los años y el muchacho pensaba: Mi madre es diferente, pero me quiere mucho, nunca me ha faltado nada, me ayuda en todo desde esa distancia que ella marca, siempre está dispuesta a sacrificarse por mí y eso vale tanto como los besos y abrazos  muchas veces dados por la fuerza de la costumbre.

Cuando intentaba besarla me ofrecía la mejilla con un gesto de resignación  o cuando llegaba sudoroso, alegre por haber ganado un partido y se me iban los brazos para rodearla, ella me sentaba a su lado mientras escuchaba muy atenta lo que yo, con nerviosismo, le contaba explicándole lo bien que había jugado o los goles que había metido. Hablábamos mucho. La mejor hora del día era después de la cena, cuando le ayudaba a recoger y nos sentábamos a comentar como se había desarrollado la jornada.

Cuando fui mayor me di cuenta de que mi madre era incapaz de mostrar sus emociones.

Un día de confidencias, me contó que en el orfelinato donde había pasado su infancia, cuando menos visible te hicieras, mejor. Allí no había besos ni abrazos, solo castigos.

La habían dejado incapaz de saber lo maravilloso que es el roce de los labios de un hijo en la mejilla o de los tuyos buscando su pelo, su cuerpo pequeño para abrazarlo y llenarlo de besos.

Pero no se fue de esta vida sin aprenderlo, de eso mis hijos tienen la culpa, derramo en ellos todos los besos, abrazos y caricias imaginables que tenía aplastados en el corazón, pugnando por salir durante tantos años.

viernes, 16 de enero de 2026

LA TAZA

 

LA TAZA

 

Esa tarde en el salón de mi suegra flotaba un ambiente oscuro, sofocante, como si se fuera a desarrollar en él una gran tragedia.

Nos invitaba a mi cuñada y a mí todos los viernes a tomar el té con pastas, pues aunque llevaba más de 40 años en España no había querido perder sus costumbres.

Mi cuñada ¡Que les puedo decir de ella! Es una imbécil integral, siempre dándose “humos “de gran señora porque sabía ingles, yo creo que lo aprendió en ese “bar con luces” en el que la encontró el tonto de mi cuñado.

Su idea, con nuestra suegra, era engatusarla  y sacarle todo lo que pudiera en vida, ya que el testamento seria a partes iguales para los dos hermanos.

Pero esa tarde la fastidió para siempre ¡Cuanto disfruté con ello! Tenía mi suegra una taza muy antigua que había traído de Inglaterra en la que depositaba un cariño especial por haber pertenecido a no sé que reina. Mi cuñada se empeño con mimos y zalamerías, que le dejara tomar el té en ella pues quería poner sus labios donde los puso aquella reina, así de cursi es la pobre, la suegra con la negativa grabada en el rostro, al principio se mostró esquiva pero ante los ruegos insistentes cedió de mala gana no quitándole el ojo a la taza en todo el tiempo, punto negativo para mi cuñada, pero lo bueno estaba aún por llegar.

Toamos el té, hablamos de cosas banales y al acabar recogimos todo para llevarlo a la cocina, mi suegra con nosotros vigilando la taza.  Cuando mi cuñada, volviendo la cabeza para parlotear con ella, no se dio cuenta de que una mano perfecta, dedos largos, uñas largas y lacadas (Que bien podía haber sido la mía) le dio un empujoncito en el codo, la taza y el plato chocaron con el fregadero y fueron a estrellarse al suelo haciéndose añicos, como es natural. La pobre suegra tomo un disgusto horrible que casi le cuesta la vida, como le dijeron en el hospital.

Desde entonces mi cuñada ha “olvidado” su idioma favorito porque cada vez que lo intenta a la anciana le recuerda su taza y se pasa la tarde llorando. Desde entonces mi queridísima cuñada ha bajado muchos puntos en el Ranking de los regalos adelantados.

 

EL OTRO PUEBLO

 

EL OTRO PUEBLO

 

Añoro el sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado que hacia mi madre para las salsas. En el pueblo donde ahora vivo el ajo está proscrito, son así de raros. Un día pensé: ¿Y si les hago una buena salsa de carne  con todos sus ingredientes?

¡Por poco me cuelgan en la plaza Mayor!  Me salvó el ser novata, aún me veo la mitad del cuerpo en el espejo que traje a escondidas, pues no entiendo como siendo tan guapos tienen pánico a verse reflejados en él.

Creo que pronto me iré de aquí. Ya no me canta baladas tiernas con su cabeza apoyada en mi cuello y rozándome con sus preciosos colmillos.

lunes, 12 de enero de 2026

EL PERRILLO COJO

 

El PERRILLO COJO

 

Comenzó a morderme como si me conociera, era un perro callejero, feo y cojo, en su carrera a tres patas había tropezado conmigo. Lo miré  y en sus ojos claros y acuosos descubrí algo familiar, seguí andando y él me seguía a duras penas. De pronto me vino un recuerdo, esas manchas en el lomo, las orejas caídas igual que el perrillo del Belén de mi infancia, que al caérseme  perdió una pata y lo tire. Las figuritas no tiene porqué ser perfectas, podía haberlo apoyado en una piedra y seguir al pastor. A este no lo abandonare, la vida te da tiempo para rectificar los errores.

martes, 6 de enero de 2026

RECUPERAR EL PASADO

 

RECUPERAR EL PASADO

 

Por si alguna noche decide devolvernos lo que se llevo, dejo las ventanas abiertas, la puerta sin pestillo, sé que no puede volver pero es tan bello recordar sonrisas, canciones, amores, ilusión, todo estaba mezclado en una tela de araña imposible de romper o eso creíamos.

¿Y si volviera con alguna de las cosas que se llevó? Nos conformaríamos con poco, tal vez con una sola, pero el tiempo impasible sigue pasando sobre nosotros, nunca mira hacia atrás. ¿Y si alguna vez decide devolver todo lo que nos quitó?

En la realidad es imposible, pero los sueños, los recuerdos, los viejos amores, ni el tiempo puede llevárselos.

jueves, 1 de enero de 2026

 Obtuvo el primer premio en la XXI semana de la novela histórica en la modalidad de relatos.

LA ESTATUA

 

Está amaneciendo. Es 2 de Mayo de 1927. Mi día, mi gran día, después de tantos años soy de nuevo el protagonista. Estoy en lo alto de un pedestal de mármol blanco, con la placa, la concha del apuntador, un pequeño parterre con flores, una fuentecita y encima de todo yo Isidoro Maiquez Rabay  fundido en bronce, con traje goyesco, ademan teatral y una gran capa. Me esculpió Ortells, no he quedado mal, pero con este traje algunos ignorantes pasando los años me han confundido con un torero. Mejor hubiera quedado de Otelo, mi personaje favorito. Hasta el gran Talma me dijo: Eres mejor Otelo que yo mismo. Y eso es un gran halago Pero, en fin no me quejo, represento una gran figura declamatoria.

Me han colocado mirando hacia el mar, no lo veo pero sé que está allí porque en esta ciudad nací y disfruté correteando por sus calles hasta la mocedad.

Estoy en el centro de la plaza, no me merezco menos, ya era hora de que mi ciudad se acordara de uno de sus más preclaros hijos.

Desde bien temprano está llegando gente, a media mañana el público ya lo invade todo, veo balcones y terrazas con colgaduras, llenas de personas de todas las edades, hasta el gobernador Civil ha venido, no podía ser de otra manera, A la cabeza va  D. Alfonso Torres, Alcalde de la ciudad, al que le agradezco este monumento, después los concejales, militares de alto grado, representación del cuerpo consular y de  toda la sociedad cartagenera.

Suena música española a cargo de la banda del tercer regimiento de infantería de marina. A mi alrededor habían depositado tal cantidad de coronas de flores, que don Alfonso se vio un poco apurado al acercarse y descubrir, ante los atónitos ojos  de sus conciudadanos mi escultura.

Empezaron a leer glosas en mi honor, pero la que más me gusto fue la el Alcalde, Un ingenioso discurso, sí señor. Lo más emotivo fue el final  cuando el gran barítono Marcos Redondo cantó el himno a La Libertad de la zarzuela la Calesera. Se creó en la plaza una atmosfera difícil de describir, sobre todo por mí, que nunca he sido muy dado a esas efusiones del espíritu, pero tengo que reconocer que también participe de esa emoción, aunque con el paso de los años se haya popularizado en esta ciudad el dicho: Eres más duro que Maiquez. En aquel momento, porque ya era solo estatua, que si no alguna lagrima disimulada se me hubiera escapado.

Llego la noche me fui quedando solo y pude entretenerme en contemplar donde estaba. En esta plaza antes había un convento de los padres Franciscanos, de ahí su nombre, que fue víctima de la desamortización de Mendizábal y seguramente al quedar abandonado y ruinoso, lo demolerían para dar paso a esta céntrica plaza. Desde aquí veo paseos centrales de cemento, parterres con palmeras y otros árboles que cuando se hagan grandes darán buena sombra en verano. Lo que más me gusta son los puestos de las floristas de piedra y hierro forjado, llegan temprano con sus canastos llenos de macetas y flores. Hay mucho bullicio en esta plaza.

Y así fue pasando el tiempo, ya casi nadie se paraba a contemplar mi estatua, solo los niños que jugaban en la plaza me hacían compañía.

En verano las vecinas sacaban sus sillas a la puerta, algunas veces había verbenas, música, gente bailando, parecían felices. Y paso por encima de todos ellos la vida. Yo les veía crecer, hacerse mayores, desaparecer de este teatro en el cada uno tiene su papel.

Un día empecé a notar algo raro en el aire, había tensión, gritos, insultos, la palabra maldita GUERRA volvía a oírse. ¿Guerra contra quien? ¿Otra vez los franceses? No, esta vez era mucho peor, españoles contra españoles. Me llamaron afrancesado aunque solo quería llevar la cultura a este gran pueblo tan falto de líderes, donde el pensamiento fluyera libre, pero parece que no lo conseguimos, ni yo, ni ninguno de mis contemporáneos por mucha fe que pusimos en ello.

Comenzaron a cavar en la plaza un refugio para esconderse cuando llegaran las bombas, esas que caían desde el cielo. No habíamos aprendido nada. Una guerra no la gana nadie y cuando todo pasa, las personas no tiene tiempo ni ganas de pensar, de revelarse, bastante hacen con subsistir y entonces se instala en sus mentes la cultura del vencedor.

Pasaron los años y volvió el bullicio a la plaza, marinos de uniforme blanco o azul, según la estación. Chicas paseando carritos con niños, limpiabotas, fotógrafos ambulantes, pintores que allí mismo realizaban sus obras y en una pequeña subasta las vendían. Se notaba que eran tiempos duros para muchos. El cine tomaba fuerza en detrimento del teatro. Hasta una sala llamada Teatro Maiquez pasó a ser Cine Maiquez, por lo menos conservaron mi nombre, después de dos siglos casi nadie se acordaba de quien fui yo. La vida, cambia pero los niños seguían en la plaza, en verano tomaban Chambis sentados a mi alrededor y protegidos del sol por aquellos pequeños arboles ya convertidos en grandes y señoriales monumentos.

Un día decidieron cambiar el suelo de la plaza, le pusieron trozos de mármol de muchos colores, no me gusto nada, además la gente se resbalaba, ¡cuántos vi caerse al atardecer cuando el lebeche viene cargado de humedad! Pero a mí me dejaron presidiendo la plaza, faltaría más, aunque los trabajadores me miraban de reojo y hacían mofa de mi indumentaria. ¡Hasta donde llegaba la incultura! ¡Yo que había modernizado el teatro!  Yo que había sido uno de sus ciudadanos más importantes, ya nadie se acordaba de mí. Solo los niños me acompañan, los más osados trepan por mi capa hasta llegar a sentarse en mi brazo. Siempre he sido un hombre duro, con un genio endiablado pero mis biógrafos tendrán que añadir esta debilidad mía por los niños de esta plaza.

Un día me sorprendió un pequeño grupo de personas depositando una corona de laurel a mis pies, no me habían olvidado. Recitaron poemas, hicieron algunas escenas, yo estaba ilusionado, orgulloso, pero pensé  esto será pasajero, pronto me olvidaran de nuevo. No fue así, siguieron todos los años y hasta representaban escenas de mi vida, era estupendo ver otra vez a Moratín, a mi querida Antonia y a mí mismo en animada charla. Pero mucha gente seguía sin saber quién era yo.

Otra vez iban a remodelar la plaza, la verdad es que le hacía falta. Un día veo venir a unos trabajadores que poco a poco van desmantelando mi monumento, será para ponerme en otro sitio más principal pensé y por fin cambiaran la placa para que todo el mundo sepa quién fui yo. Pero no, me montaron en un camión camino de un almacén. ¡No me merezco esto! Allí estuve guardado, no sé cuánto tiempo hasta que un día me volvieron a llevar a la plaza, pero no podía creer lo que veía, habían instalado el monumento al fondo, entre dos grandes árboles. Un monumento que había sido ideado  para ser visto por ambos lados y poder dar la vuelta a su alrededor. Allí me colocaron. Ah, rompieron la concha del apuntador que aun sigue sin arreglar.

Pero no todo fue  malo. A partir de entonces, se juntan los actores y el público el día del teatro, También celebraron con escenas ambientadas en mi tiempo, los 200 años de mi nacimiento y niños, jóvenes y mayores se reúnen aquí, para declamar y darle valor a este arte tan importante para la cultura que es el arte dramático, viviendo otras vidas entre palabras y versos.

Para redondear mi feliz estado de ánimo, han puesto hace poco un Tótem a mi lado en el que por fin explican quien fui y algunas de las muchas cosas importantes que hice para engrandecer este maravilloso arte que es el Teatro. Mi vida no ha sido en vano.

Gracias ciudad de Cartagena y ¡¡Que viva el teatro muchos siglos más!!

 

 

 

 

 

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

 

Supongo que algunos hábitos se heredan sin querer, por eso mi vida es tan caótica. Soy policía, mi ideal era luchar contra el crimen, pero no soy feliz, a veces mis sentimientos están al lado de los malhechores y no podía entenderlo, más de una vez hice la vista gorda a un raterillo birlando un bolso, mi dilema era enorme, veía oportunidades saltándome la ley.

Al sincerarme con mi madre me dijo la maldición de la familia desde hace siglos: El primogénito siempre seria ladrón, pero no pensaba que siendo policía se cumpliría en mí.

Ahora entiendo a mi padre y su dinero. Al final todo se hereda.

DOS AMIGOS

 

              DOS AMIGOS

En este relato los protagonistas son dos elementos representativos de dos países, sobre todo de dos ciudades, Londres y París. El protagonista de la primera es el Big-Ben, el reloj de la famosa torre de Londres y en París la vidriera frontal de la Catedral de Notre Dame. Imaginemos una conversación entre ellos.

¡Hola! Querido amigo, hoy me han llegado bastante nítidas tus campanadas. Cuando tenéis borrasca del oeste siempre pasa y me alegro que después de tantos siglos estés en perfecta forma y funcionando, iba a decir como un reloj, ¡Qué tontería!

Buenas horas, minutos y segundos tengas, preciosa vidriera, ¿De qué quieres hablar hoy? Si por mí fuera te podría contar miles de cosas que han ocurrido bajo mis agujas, por nombrarte alguna, los bombardeos de esos malditos alemanes, día tras día que movían hasta mis cimientos ¡Yo, que soy el objeto más importante de este país! Todos me miran, y no solo porque les doy la hora sino que lo hago según el meridiano de Greenwich.

No te pongas flores, querido amigo, porque a fin de cuentas, solo señalas el paso del tiempo que correría igual sin ti. En ello, no hay belleza. Para belleza la mía, cuando el sol penetra a través de mí formando un arco iris de colores en el altar mayor. Fue maravilloso el día en que nuestro emperador Napoleón, le quitó de las manos la corona al arzobispo y antes de ponérsela, incidieron los rayos sobre las gemas que tenia. Parecía que saliese fuego de ella. Porque yo, amigo, puedo ver por los dos lados. No soy como tú, que detrás solo tienes ruedas, tornillos y tuercas. ¡Qué cosas tan prosaicas!

¿Y qué me dices de lo que pasó antes de tu famoso emperador? Sois un pueblo de barbaros, mira que andar cortando cabezas con una cuchilla? Con lo desagradable y sanguinolento que es eso. Nosotros con la soga tuvimos bastante y algún que otro “chamuscado” es verdad, pero no llegamos a contagiarnos de vuestra afición por esos espectáculos. Los ingleses somos muy civilizados.

¿Civilizados?, si yo te contara las cosas que he visto y oído desde aquí, te ibas a enterar de quienes son los civilizados.

Perdona “monina”, pero tengo que dejarte, faltan pocos segundos para dar la última hora de este día. Si quieres en otro momento podemos seguir hablando de sucesos ocurridos en nuestras dos ciudades.