lunes, 27 de julio de 2026

LA NOCHE DE SANTIAGO

 

LA NOCHE DE SANTIAGO

 

Tengo pocas ganas de escribir este verano, será el calor, la tristeza que me producen los incendios o simplemente pereza, pero una poesía de García Lorca,” Balada ingenua”, ha removido en mí, recuerdos que permanecían olvidados debajo de capas y capas de vida.

La noche de Santiago era tradición en La Guardia, un barrio de la costa de Salobreña, que las abuelas llevaran sus sillas a la playa y con el agua rozándoles los pies rodeadas de niños y niñas llevando la alegría a su alrededor, contaran historias sobre el Santo.

Se hacia un gran silencio cuando alguna de ellas decía: Mirad al cielo, ¿No veis a Santiago?

La noche era oscura, el cielo maravillosamente traspasado con agujones de nácar, todos los niños nos quedábamos sin habla buscando a Santiago y lo que encontrábamos eran millones de estrellas que tintineando nos confirmaban las historias que las Madreabuelas, como en la poesía, nos contaban, nuestra imaginación esa noche no tenia limites, cosas que les habían pasado a ellas o que habían oído en una noche como esta, cuando eran niñas, a sus abuelas.

En ese aire había de todo, silencios, murmullos, cascos de caballos galopando por el cielo cuando pasaba el Santo guerrero, alguna cigarra trasnochada ahíta de calor,  grillos estrenando su monótono canto, el run run de las olas al acercarse a la orilla  y volverse a ir sin abandonarla. Era el escenario perfecto para creer en los milagros que iban contando despacio esas mujeres andaluzas con sabiduría de siglos.

Muchas tradiciones se van olvidando, relatos que ya no trasmiten las abuelas, porque los nietos no tiene paciencia para escuchar.

Yo había olvidado aquella noche maravillosa en la que empecé a mirar esos cielos de verano, viendo en ellos figuras que con la ayuda de mi padre, empecé a localizar, como un carro, un cinturón, una w, etc... Aprendí sus nombres  y en verano apago algunas veces las luces de mi casa para poder disfrutar de ese espectáculo único que el hombre parece haber olvidado.

 

 

viernes, 24 de julio de 2026

LA FOTO

 

EN UN LUGAR DE….

 

LA FOTO

 

Todo ocurrió en un instante. Había ido a recoger a mi nieto al colegio y estábamos esperando el autobús, cuando el corazón se me encogió de golpe. Me pareció ver…pero no, estaba segura, era él. Creo que también me reconoció y cuando nuestros ojos se encontraron fue como un retroceso en el tiempo. Cuantos recuerdos vinieron en ese momento a mi mente.

Llego el autobús y mi nieto hablaba y hablaba como siempre, contándome las cosas del cole, pero yo no lo escuchaba. Estaba en ese mismo espacio pero en otro lugar del tiempo. Lejos, muy lejos quedaban en mi memoria esas imágenes de dos jóvenes adolescentes corriendo entre risas para coger el autobús que los llevaba al instituto.

No podía ser él. Aparentaba un hombre derrotado por la vida, no era el joven de mi recuerdo que quería conquistar el mundo para ponerlo a mis pies.

Cuando llegue a casa busque en un lugar del armario en el que tengo una caja con los trozos de vida que vamos conservando en forma de fotos y allí estaban, un poco amarillentas por el tiempo, la fiesta de fin de curso, la excursión al monte…y nosotros siempre juntos cogidos de la mano.

Ese si era el joven de mis recuerdos, guapo, moreno, de ojos muy negros y mirada dulce que con una sonrisa te paraba el corazón. No podía ser la persona que yo vi en el autobús. ¿Tan mal le había tratado la vida?

Recuerdo que cuando se fue a trabajar a Alemania, en los años 60 del pasado siglo nosotros éramos los emigrantes, nos despedimos entre sollozos y besos jurándonos amor eterno, sin saber que la vida juega despiadadamente con los sentimientos.

¿Por qué dejaste de escribirme?

Ibas a venir a formalizar las relaciones, casarnos e irnos juntos a buscar yo allí también trabajo.

¿Qué pasó? Nunca lo sabré.

La vida siguió su curso y un día otra ilusión más fuerte, más duradera entro en mí y el recuerdo de aquellos años se fue difuminando convirtiéndose en fotos borrosas hasta terminar por desaparecer.

¿Pero, desaparecieron de verdad? Creo que no. Siempre quedo el rescoldo, la duda de cómo hubiera sido mi vida con él en otro país.

He tenido un matrimonio feliz. Aposté por él y no me equivoque. Colmó todas mis esperanzas e ilusiones y muchas más. He vivido unos años de ensueño. Tuve hijos  que me han dado nietos. He sido muy feliz.

Esa noche en la soledad de mi cama que ya me queda ancha, pensaba en todo esto. En el amor de la juventud, en el otro que fue el amor de mi vida y creo que lo único que quería era volver a ser joven, no recuperar el amor de los 15 años. Vivir otra vida en otro lugar, nuevas aventuras, ilusiones nuevas. Pero ya no tengo tiempo. Miro la foto de la mesilla que como siempre me sonríe y pienso que no había otra vida mejor que la que he vivido con sus luces y sus sombras y me dormí feliz.

Pero al día siguiente cambiamos la parada del autobús.

 

 

 

 

 

miércoles, 8 de julio de 2026

EL ACTOR. (La noche de los museos)

 

EL ACTOR.  (La noche de los museos)

Este relato está incluido en el libro que publiqué en el año 2017.

 

La noche era perfecta, no hacia viento, solo soplaba una deliciosa brisa que traía el olor a mar; Las estrellas parecían estar al alcance de la mano y la luna redonda, plena, se enseñoreaba con esta ciudad mediterránea a la que llegue hace más o menos 2000 años, para interpretar  algunas obras del famoso Plauto en el recién inaugurado teatro dedicado a la mayor gloria  de los nietos del Divino Augusto.

Entre las obras que representé con mi compañía, la que más éxito tuvo fue  MILES GLORIOSUS  en la que yo era el protagonista; una comedia perfecta y un gran alegato contra la guerra.

Pero para mi desgracia tuve la mala suerte de que en uno de los últimos ensayos tropezara en la grada y cayera rodando, quedándose así, mi “vida” para siempre en la ciudad de Cartago Nova. Y aquí sigo, paseando por las noches. Mucho tiempo estuve entre casas viejas y ruinas pero ahora, desde hace varios años he vuelto a pasear por el escenario, el graderío…todo está bastante más viejo, eso si hay que decirlo, pero como mi espíritu tampoco está  para muchas alegrías, nos encontramos bien.

Pero… ¿Qué pasa?  ¿Que ruido es ese? ¿Donde van todas esas personas? ¡Eh! ¡Que me pisáis el manto ¡ ¿ Sera posible que vengan a ver mi representación?

Me preparare para recitarles el monologo, que es lo que mejor me sale.

¡Eh!  Ciudadanos de Cartago Nova mirad todos al escenario que en él está  el mejor actor romano de todos los tiempos (o eso era lo que me decían mis no pocos aduladores)

Pero, ¿Que hacéis? ¡Por Júpiter  escuchad!! No sigáis! ¡Estoy aquí! Os he estado esperando tanto tiempo…..

Sus mentes están en otras cosas, no miran al pasado…..Espera, en aquella esquina hay un grupo que sí están hablando de mi, todavía me recuerdan. Es maravilloso que al volver a despertar este teatro estemos fundidos el pasado y el presente. ¡Un Hurra por las gentes de Cartago Nova que lo han hecho posible! ¡Que los dioses les concedan salud y prosperidad!

Ya puedo descansar en paz.

 

 

martes, 7 de julio de 2026

ERROR FATAL

 

ERROR FATAL

 

Aquella tarde paseaba como siempre ausente del mundo que se movía bullicioso a su alrededor. Era un hombre solitario, sin familia, ya rondando los 50 , con mal carácter y  poca empatía. Se sentía frenado por su gran fobia: El miedo a la oscuridad.

Durante el paseo un repartidor de publicidad le ofreció un folleto, lo cogió sin mirar y al no encontrar una papelera cerca, lo guardo en el bolsillo. Al llegar a casa,  antes de tirarlo a la basura, lo leyó por curiosidad. Se ofrecía un nombre y una dirección para quitar, en pocas sesiones miedos, fobias, manías etc...

Se paso la noche dudando. Era un barrio lejos del suyo, allí no le conocería nadie. ¿Qué podía pasar? ¿Qué no le gustara la sesión? Pues pagaría y nada más, pero ¿Y si podía desprenderse de esa losa que le asfixiaba desde niño?

Se echó al bolsillo la linterna que siempre llevaba y pilas de repuesto por si acaso.

Cuando llego a la dirección era casi de noche y estaba empezando a chispear. El edificio le pareció viejo, pero con solera, una de esas construcciones antiguas que se mantienen en pie de milagro. No encontró a nadie cerca para preguntar, se armo de valor empujo la puerta y entró. Encendió su linterna buscando un interruptor, no lo encontró y dando una batida de luz creyó estar en un zaguán del que partían unas majestuosas escaleras, de pronto, una ráfaga de viento cerró la puerta de golpe, intento abrirla pero estaba encajada, empezó a sentir pánico, esperaría a que  alguien entrara, pero fue pasando el tiempo, la luz de la linterna se fue debilitando, menos mal que llevaba las pilas, las cambiaria ya. Por las rendijas de la puerta entraba la amarillenta luz de los rayos, la tormenta arreciaba.

Estaba muy nervioso, las manos le temblaban y pasó lo peor que podía ocurrir, las pilas se le resbalaron y cayeron al suelo rodando hasta una baldosa mal encajada, perdiéndose allí.

Se apagó la linterna, el pánico se hizo más intenso, empezó a gritar y a dar golpes en las paredes sin resultado. Muerto de miedo se acurruco llorando en una esquina como cuando era un niño.

Con la luz de los rayos descubrió unas figuras rodeadas de un halo verde, que se acercaban muy despacio, con curiosidad, susurrando entre ellas. Se movían pero parecía que nunca iban a llegar, con lo que la agonía era aún mayor. Al fin creyó entender algo, una de las sombras decía: Hemos vivido aquí muchos años, ya es hora de irse, pero este no es de los nuestros, ¡Hay que echarlo! Todas las sombras se abalanzaron sobre él.

Los gritos, la oscuridad, la tormenta, el corazón desbocado…

Mientras, en la imprenta del barrio un hombre gritaba pidiendo ver al jefe, habían equivocado la dirección, esos anuncios repartidos por toda la ciudad estaban mal, sería su ruina, tenían que devolverle el dinero mas una indemnización por los clientes que hubiera perdido.

Cuando en los días siguientes acabó la demolición del edificio cuya dirección figuraba en el anuncio, encontraron entre los escombros el cadáver de un hombre con la cara distorsionada por una mueca de terror más allá de este mundo.

 

 

 

 

viernes, 3 de julio de 2026

EL COBARDE

 Este relato gano en el año 2018 el primer premio de relato romántico

EL COBARDE.

Tengo 50 años. Estoy solo y dejándome morir en una fría habitación de hospital.  Siempre he sido un cobarde y no voy ahora, al final, a luchar por mi vida. Cuelga del techo una bombilla amarillenta y a su alrededor veo rostros, figuras, imágenes, siento que vienen a mi memoria recuerdos perdidos que olvidé para no sufrir.  A pesar de todo la vida me ha dado momentos maravillosos. La felicidad paso por mi lado y no supe o no quise agarrarla, perdido en mi falta de decisión, mis dudas y mis miedos.

Todo empezó aquella soleada mañana, en la que llegué ilusionado a mi primer trabajo serio.

No encontraba el llamador de la casa palacio en cuya puerta estaba hacía ya bastante rato, tal era mi nerviosismo; me miraba continuamente las manos, la ropa, los zapatos, dudando si sería lo adecuado para un pobre profesor de piano, que había tenido la osadía de ofrecer sus servicios a una de las mejores familias de la ciudad.

El día en que llegó el criado con la misiva a la pensión en la que me hospedaba, no daba crédito a mi suerte. Las condiciones no las explicaba el recado,  pero siempre serían mejores que andar por los tugurios del puerto, tocando piezas frívolas para deleite de gentes incultas que me consideraban un ser inferior.

Mi destino iba a cambiar y seria para bien. Deje a un lado mis dudas y seguí al criado que abrió la puerta a través de  un precioso y cuidado jardín, hasta unas grandes escalinatas de mármol que daban acceso a la puerta principal. Subí los peldaños como si el suelo fuera a deshacerse a mis pies, igual que si estuviera dentro de un sueño. El recibidor era espacioso, decorado con columnas y mosaicos árabes. Grandes cortinajes tamizaban el sol que pujaba por entrar en la estancia a través de los ventanales.

Me pasaron a un gabinete donde estaba el piano, un piano magnifico. Todo en la casa denotaba calidad y buen gusto. Aquella era una habitación de mujer, los cuadros, el tapizado de las paredes, los muebles y hasta un resto de perfume que flotaba en el ambiente lo decía…esto pensaba yo, cuando se abrió la puerta y entró un hombre mayor y una jovencita preciosa. Nunca en mi vida había visto tanta gracia y belleza juntas. El corazón me latía a un ritmo frenético. No podía dejar de mirarla, cuando el hombre me habló. Buenos días, sea usted bienvenido a mi casa, le presento a mi esposa. ¡Su esposa! ¡Casi me desmayo!  Notó mi azoramiento y pensando que eran los nervios del  primer día, me ayudo a sentarme y puso en mis manos una copa de licor. La joven sonreía, mirándome con atención.

Mi esposa quiere recibir clases de piano y creo que usted es el mejor de esta ciudad,  eso nos dijo un amigo que, por casualidad, le oyó tocar en un cafetín del puerto. Tendrá que estar a nuestra entera disposición pues, la señora  no quiere horarios fijos, dará la clase cuando le apetezca. Vivirá usted en esta casa, si llegamos a un acuerdo. Las condiciones las discutiremos en mi despacho.

¡Vivir en esa casa! ¡Viendo todos los días a esa criatura angelical! Sería como haber alcanzado el cielo antes de la muerte. Esa misma tarde trasladé mis pocas pertenencias al palacete. La  habitación era grande y soleada, con un ventanal que daba a la parte de atrás del jardín, en el que había un bonito cenador al que las buganvillas y los rosales trepadores hacían casi desaparecer.  Lugar ideal para los enamorados, pensé en ese momento, sin saber que se cumpliría en mí, esa premonición.

 Mi alumna tenía buena base en conocimientos de piano, no sería difícil que pronto empezara a tocar piezas importantes, También su conversación era agradable y  culta. Nos dimos cuenta, que coincidíamos en gustos y opiniones, así .las clases se desarrollaban entre la música y la charla.

Un día en el que estaba especialmente preciosa, con sus rizos negros cayéndole en cascada alrededor del rostro, entre pieza y pieza, me habló de su familia. Su padre era español,  muy joven había emigrado a Cuba haciendo gran fortuna con la caña de azúcar y el ron. Se casó con su madre que descendía de una antigua familia con raíces españolas. Por lo que me contaba, su infancia había sido muy feliz. Hija única, adorada por sus padres, rodeada de mimos y de caprichos, hasta que al llegar a la adolescencia, noté en sus ojos una infinita tristeza. Me contó que su madre había fallecido y que su padre, no sabiendo o no pudiendo educarla como él quería, le concertó un matrimonio con un antiguo socio suyo. Hombre bueno y cariñoso, que la trajo a vivir a la península y fue para ella un segundo padre pendiente siempre de sus deseos

Con el tiempo aprendió a quererle, con un cariño tranquilo. Era feliz a su lado, pero muchas veces, en sus noches de alcoba solitaria se preguntaba: ¿Esto es todo?  ¿No existe el amor que relatan las novelas?

¡Que podía contestar yo! Si lo que leían las jovencitas románticas se quedaba pobre, para expresar los sentimientos, las emociones y la pasión que ella me inspiraba.

Aquella tarde abrimos nuestras almas a las confidencias mas intimas y poco a poco, sin quererlo, pero con un sentimiento que era superior a toda razón, nos fuimos enamorando.

Las clases de piano eran un martirio, nuestros dedos buscaban rozarse en el teclado y cuando esto ocurría sentíamos un latigazo de placer  que nacía de lo más profundo de  nuestros corazones.

Su marido salía mucho de viaje por negocios, lo que hizo que pudiéramos pasar más tiempo juntos. Ya no eran solo las clases, también dábamos paseos por el jardín al atardecer, cuando el olor de las flores era más seductor, predisponiendo nuestros sentidos a todas esas sensaciones maravillosas que la juventud necesita, para poder decir en la vejez: He vivido.

Una tarde me dijo, que la acompañara al invernadero. Quería cortar unas flores para decorar  jarrones y de paso enseñarme la parte de atrás del jardín. Al pasar cerca del cenador, me cogió la mano y con paso decidido entramos en él.

Ningún sonido llegaba hasta aquel oculto rincón, la luz era tenue al quedar atrapada entre las plantas trepadoras. Aquello era otro mundo, un mundo para nosotros solos. Sin poder resistir la tentación la cogí entre mis brazos y fui besando suavemente sus cabellos, sus ojos, su cuello, hasta que al final, estallo el amor, tantas tardes contenido, al llegar a sus labios. Su boca me parecía un lugar de infinitas sensaciones, superando todas ellas, a las imaginadas en mis solitarios sueños nocturnos.

Nos besamos con prisa sintiendo a la vez vértigo y miedo a que alguien nos pudiera ver. Fueron solo unos minutos, pero lo recuerdo como uno de los momentos más felices de mi vida.

Antes de salir del cenador ella compuso sus cabellos, su vestido, pero lo que no pudo borrar de su cara, fue la sonrisa de felicidad, de plenitud, al ser  por primera vez, besada con verdadera pasión.

Al regresar su marido, nuestros encuentros volvieron a limitarse a las clases de piano. Sentíamos aquel escalofrío cuando nuestros dedos se  rozaban en el teclado y nos dábamos cuenta de que habían estado buscándose  toda la tarde.

El día que vino a dar la clase media hora antes, la vi con una emoción contenida, rojas las mejillas y entreabiertos los labios ¡Dios, que imagen viene a mi recuerdo!

Su marido se había marchado a Cuba donde lo reclamaban con urgencia unos negocios y no volvería en un mes. Demostró ser una mujer muy valiente, y sobre todo muy enamorada. Yo creo que nunca estuve a su altura, mis miedos y dudas, no me dejaban disfrutar con plenitud del regalo que la vida nos daba en ese momento. Convenció a su doncella, para que estuviera en el jardín vigilante por si alguien se acercaba.

Disfrutamos largas tardes de amor y confidencias. Lo nuestro no era solo pasión, también había mucho cariño y complicidad. No llegábamos ninguno de los dos a los 20 años y ya creíamos saber todos los misterios de la vida, pero al instante descubríamos otras formas, otros matices que nos proporcionaban un placer aun mayor.

La tarde en la que se me entregó por completo, creímos haber tocado el cielo con la punta de los dedos, pensábamos, que eso era solo la dulce promesa de lo que nos esperaba.

¿Y qué era lo que nos esperaba? Por las noches en la soledad de mi cuarto, pensaba en ello como una locura maravillosa sí, pero una locura que tenía que acabar. Yo nunca podría darle la vida de lujo que había llevado desde su nacimiento. Me odiaría y eso no podría soportarlo. Lo mejor sería separarnos y guardar en el fondo de nuestros corazones el recuerdo de aquellos días felices. La esperé en el cenador,  estaba decidido, aunque nos costara un sufrimiento atroz debíamos de separarnos.  Lo superaríamos, no podíamos seguir así.

Se abrió la puerta de pronto y todo se lleno de luz. Ella estaba delante de mí tendiéndome los brazos, las mejillas arreboladas, los ojos muy brillantes y con una mirada de felicidad muy especial.

Siempre llegaba rodeándome el cuello con un gran abrazo, seguido de un interminable beso. Pero hoy había algo más. Se separo pronto de mis labios, las palabras salían a trompicones de su boca. “Estoy embarazada” dijo y volvió a besarme con una pasión devoradora. El miedo y las dudas, me produjeron vértigo, no era capaz de mantenerme en pie. Nos sentamos en el banco de piedra. Ella acariciaba mi rostro, pensaría que la emoción por la noticia, me había trastornado, pero no, era la cobardía ante lo que se me venía encima.

Me dijo que huyéramos a Europa, no nos conocería nadie, podríamos ser felices, Con sus joyas bastaría para mantenernos hasta que yo encontrara trabajo. Todo me daba vueltas, estaba a punto de desmayarme y ella seguía y seguía hablando de nuestro “maravilloso futuro”.

Nos iríamos esa misma noche .El coche de alquiler nos esperaba en el otro extremo de la ciudad. Le había dejado una carta a su marido, él sabía lo que ella necesitaba y no le podía dar. Habían hablado mucho de ello. Con el tiempo la perdonaría.  Se mostraba agradecida por su bondad y siempre lo recordaría con  cariño como a un segundo padre.

Me contó también la excusa que su marido diría a todos. Se la había sugerido ella en la carta: Su esposa sentía añoranza de Cuba, donde marchó a pasar una larga temporada.

Pasamos aquella tarde, ella cada vez más alegre pensando en nuestra aventura. Yo cada vez más nervioso y comido por las dudas.

Quedamos esa anoche a las 12 en la puerta de atrás del jardín y desde allí emprenderíamos camino a la felicidad.

Pero eso nunca pasó. Dos horas antes como un ladrón (así era como me sentía) avancé, escondiéndome entre los árboles hasta la puerta trasera. Salí huyendo,  corriendo a trompicones con el llanto atenazándome la garganta y las lagrimas más amargas de mi vida resbalando por las mejillas.

Llegue a la estación y tomé el primer tren. No me importaba  su destino, solo quería alejarme de allí. Mi corazón decía: Perdóname, te quiero con locura. Hago este sacrificio por ti. Pero mi razón contestaba: cobarde, no has querido enfrentarte a la realidad, huye, huye… nunca serás feliz

Los primeros años, fueron de miseria y locura. Llegaba tarde el arrepentimiento y me refugié en la música. Con el corazón destrozado compuse piezas deliciosas, que expresaban el tormento en el que estaba sumido.

Por fin llego el éxito, el gran éxito, conciertos por toda Europa, era el interprete de moda deseado por bellas mujeres, que se veían reflejadas en esas piezas ¡Que ilusas! Nunca ninguna ocupo mi corazón.

Por las noches pensaba en ella, en nuestro hijo y lloraba lágrimas negras por la felicidad que había dejado escapar. Pasaron muchos años, antes de que volviera a España. Tenía la esperanza de verlos, solo eso, no quería irrumpir en sus vidas, no tenía ningún derecho. Pero ahora era rico, había triunfado y si ella quería, entonces…Pero eso solo era un sueño.

Volví a encontrarme en la puerta del palacete, tan nervioso como aquel primer día Cuando salió el criado pedí ver a la señora y mirándome con extrañeza me dijo: La señora murió hace ya muchos años. Tuve que sentarme. Ese era mi castigo. Tan trastornado me vio, que llamo al ama de  llaves. La reconocí enseguida, a pesar de los años y ella a mí también. Era la doncella que nos hacía de celestina.

Tomó asiento a mi lado. No me miró en todo el tiempo y dijo cosas muy duras, que yo asumí con vergüenza, pero sabiendo que contenían mucha verdad.

Murió en el parto, me dijo, todo iba bien pero no quería vivir y mi nombre fue lo último que salió de sus labios.

Su marido no se apartó ni un momento de su lado. Lo sabía todo, ella se lo contó, comprendió y la perdonó, según me dijo el ama de llaves por el gran amor que le tenía.

Crió a mi hijo como suyo, nadie se enteró nunca, se refugió en él, fue su consuelo ante tanto dolor como yo había llevado a la familia. Lo mimó, le dio todos los caprichos que yo egoísta le negué. Pero su vida se deslizó por la pendiente de la sinrazón cayendo en los más bajos vicios y hacía más de un año que había muerto en un duelo.

 El ama de llaves con mucho rencor y amargura, me dijo que yo había traído la desgracia a esa casa y tenía razón, todo había sido por mi culpa. Culpa, que la vida hasta entonces,  no me había hecho pagar dándome a cambio fama y fortuna.

Siguió contándome que el señor ya muy anciano, solo le mantenía en este mundo, poder algún día echarme en cara mi cobardía.

Subí a su habitación con el miedo y la culpa reflejados en mi rostro. En sus ojos  casi ciegos, noté desprecio, amargura y mucho dolor, pero cuando empezó a hablar de ella todo cambio, la quería entrañablemente, sabia lo de nuestros encuentros en el cenador  y  se mantenía apartado para que su amada esposa fuera al fin feliz. Confió en mí y también a él  le defraude.  Desde aquel primer encuentro,  vengo a visitarlo todas las tardes. Hablamos de su vida, de la mía y de cómo hubiera sido todo, de tener yo la hombría que se necesitaba para hacerle frente.

Por las mañanas voy al cementerio y lloro por todo lo que destrocé con mi inconsciencia,  mis dudas y miedos.

No me iré de esta ciudad de la que nunca debí partir solo. Aquí moriré espiando mí culpa día tras día, año tras año, hasta que se me acaben las lágrimas.

Esta es mi historia. No volví nunca a tocar el piano, ni a componer, ya no tenía ninguna razón que me impulsara a ello.

Solo quiero que pronto, en el otro mundo, puedan perdonar mi cobardía.  Entonces podre descansar en paz.

lunes, 22 de junio de 2026

EL CAMARERO ESPACIAL

 

EL CAMARERO ESPACIAL

 

Benjamín coge la carpeta de candidatos de la barra que rodea el prototipo de la nave. Sería una decisión difícil, había candidatos muy bien preparados, un traspié dado en un mal momento haría fracasar la misión, con la baja gravedad y los movimientos bruscos sería difícil mantener el equilibrio. Lo vio de lejos y supo que sería el ganador, ¿Pero, por qué los demás se apartaban de él? Con sus muchos brazos y pudiéndose transformar en cualquier cosa, sería el barman espacial ideal. Al ir acercándose notó un tufillo desagradable y se dio cuenta de que el elegido venia del planeta KK++ donde no existía el sentido del olfato.

martes, 16 de junio de 2026

LA SOLEDAD DE LA NOCHE

 

LA SOLEDAD DE LA NOCHE

 

Sentada cerca de la ventana en el sillón donde me han traído los años, veo el atardecer. Mi calle tiene mucha vida, comercios, gente que cruza rápida, otras paseando, todo es movimiento, prisas, trabajo, decir  “No voy a llegar”, desear que pase pronto ese día, pensando que el siguiente será más tranquilo. No nos engañemos,  cuanto más corra el calendario antes llegaremos a la etapa final y echaremos de menos estar incluidos en esa vida.

Los grises van dominando los brillos, tarda en irse el último rayo de sol, le cuesta dejar la tierra a oscuras, se va con la promesa de volver pero sabe que no todos lo verán de nuevo.

Pasan las horas, cierran los comercios, los coches van más rápidos, las personas también. “La cantidad de cosas que me quedan por hacer” parece pensar una mujer joven tirando de una silleta y con otro niño de la mano. Igual ha estado trabajando fuera de casa todo el día y su mayor deseo es llegar quitarse los zapatos y tirarse en el sofá, pero no puede, tiene unas responsabilidades a las que como siempre hará frente.

La calle se va quedando solitaria, encienden las farolas y poco a poco los comercios echan la persiana, apagan las luces, mañana será otro día.

La calle ruidosa y animada se vuelve triste, oscura y solitaria, es la hora de los paseantes de mascotas, algunos ya se conocen, se paran a charlar y sus acompañantes perrunos ladran, ese es su saludo, a la calle vuelven cada noche esos sonidos como si de una orquesta se tratara, unos son agudos, otros graves, sonoros, tímidos, suaves, agradables o no, son casi los últimos sonidos de vida de ese día que acaba.

Ya es noche cerrada, he vuelto al sillón de madrugada porque el sueño se niega hoy, como tantas otras noches, a dormir conmigo.

Es sobrecogedor el silencio que hay en la calle, la noche tiene algo pavoroso,  la soledad se acentúa y hay algo en el ambiente que te pide cobijo.

Veo venir una figura por la acera, es un chico va con paso apresurado, se le habrá hecho tarde, nunca piensan en la intranquilidad de sus padres, de vez en cuando mira hacia atrás, seguramente en la fiesta seria el bravucón del grupo pero la noche con su falta de sonidos de vida,  se mete dentro como una niebla espesa y te hace recelar de todo.

No es justo que aun haya personas sin techo donde cobijarse, cuando los demonios de la noche salen de paseo.

martes, 9 de junio de 2026

EL CANDIDATO

 

EL CANDIDATO

 

La candidatura de Benjamín Prado triunfo aquella noche en la reunión del partido. Era el mejor, abogado, 50 años, buena planta, hacia amigos con facilidad, besaba con soltura a niños y ancianos, estos interesaban por su gran numero traducido a votos y ya se sabe que se elije al más guapo, no al mejor y él ¡Vaya si lo era!

Pero antes tendría que pasar unas semanas en el centro de aprendizaje para políticos, se había negado pero al final cedió, porque era imprescindible que aprendiera a insultar, ese era el tema estrella de la campaña.

domingo, 7 de junio de 2026

 

ME ASOME  A LA VENTANA

 

 

 

Fue de pronto, se metió en mi oído un sonido molesto, monótono y vagamente recordado, mire hacia los cristales y allí estaba grande y negro, atrapado en la doble ventana: ¡UN MOSCARDÓN! Intentaba con todas sus fuerzas liberarse de su prisión pero no podía, en su batir de alas y en su desesperación  había algo que me inquieto, una premura por salir otra vez a la vida muy parecida a la de los humanos atrapados en una desgracia y que por todos los medios intentan salir otra vez a la vida. Pero volvamos al moscardón. Una de las veces en que se poso en el cristal, me pareció que me miraba con esos ojos grandes y extraños y parecía decirme: ¡Eh! ábreme, libérame de este encierro, soy muy joven casi acabo de nacer y mi inexperiencia me ha llevado a esto, además es primavera,  mi ciclo vital es muy corto y tengo que cumplir un montón de rituales antes de desaparecer.

¿Primavera? ¿Ya es primavera?  Y al abrir la ventana para liberar a mi prisionero de su encierro, entonces lo vi ¡EL ÁRBOL! Estaba radiante, lleno de hojas de un verde intenso, precioso, ese verde que perderá en pocas semanas por la contaminación y también parecía decirme: date prisa, mírame bien, disfruta del  color que pronto perderé. Todo es tan efímero…..Pero no, no me había dado cuenta, estaría en otras cosas y con el corazón lleno de primavera  como el moscardón y el árbol empecé a observar la vida que discurría debajo de mi ventana.

Había una señora con su perro, un anciano sentado en un banco con cara de resignación,

seguramente su mujer había entrado” solo un momento” a comprar algo en la tienda de abajo .Me sorprendió ver a un inmigrante subsahariano en el banco al lado del señor mayor leyendo un libro, iba muy desarrapado, puede que lo hubiera encontrado en la basura, pero ahí estaba leyéndolo y me dio mucha alegría pensar que aunque fuera por poco tiempo lo iba a hacer mas feliz.

Todo era como en un teatro en el que solo cambian los ropajes o los actores, pero la función es la misma en todas las estaciones: ¡ES LA VIDA QUE PASA!

ESE AROMA DE INCIENSO ME RECUERDA...

 

 

 

 

 

“ESE  AROMA DE  INCIENSO ME RECUERDA”…

 

 

 

 

Tres etapas distintas de mi vida. La primera, iglesias oscuras, tristeza, santos con cara de malos o eso me parecía a mi, mucho olor a incienso en una época en la que predominaban los ritos muy por encima de la espiritualidad.

El color con el que yo asocio el recuerdo del incienso en esta época es el color gris.

El segundo recuerdo que viene a mi memoria, las procesiones de Semana Santa, es un poco mas alegre, aunque no debería serlo ya que representa el suplicio y la muerte de un hombre bueno e inocente, pero lo asocio con la primavera, las flores, la música de las bandas, las campanillas y los incensarios que repican y balancean unos niños vestidos de monaguillos.

El color con el que asocio este recuerdo del incienso es el rojo, color intenso de encendida primavera, de vida….

Mas tardeen la clase de yoga, para relajarnos encendían unas varillas de un incienso especial, no olía como los anteriores, pero sumado a la voz de la profesora tenía la virtud de sacarte de la realidad y olvidarte de los problemas por unos pocos minutos.

El color con que lo asocio es el blanco, el color de la nada.

Pero claro estos son recuerdos y como tales engañosos, dice Serrat que los podemos alargar y encoger a nuestro acomodo y eso es cierto porque cuando un recuerdo se saca de su contexto en el tiempo, el espacio y las circunstancias que lo rodearon, deja de ser real para ser , solo, lo que nosotros queremos de buena fe que sea.

 

TODO UN PERSONAJE

 

TODO UN PERSONAJE

 

La vi andar por la acera de enfrente como perdida, tropezando con la gente y buscando desesperadamente algo. Crucé la calle y me acerqué a ella, no parecía de este tiempo, sus ojos claros empezaban a ponerse transparentes por las lágrimas y su vestido era demasiado antiguo para ser un descuido de armario, al preguntarle si necesitaba ayuda su voz sonó extraña, profunda, parecía venir de muy lejos. Pensé que bien podría ser una actriz, en esa calle había más de un teatro, que había salido a tomar un poco de aire entre los ensayos y no sabía volver. Quedé sorprendido al preguntarme la joven por una librería de “viejo” que estaba en esa calle pero no se acordaba donde.

Mientras la acompañaba, haciendo de guía, le fui preguntando de donde era, por qué estaba tan preocupada, la librería no la cerraban hasta dentro de una hora, a mi curioso interrogatorio solo contestaba con monosílabos y dejaba entrever la necesidad imperiosa de llegar cuanto antes, todo eso ya con una maravillosa sonrisa.

Al llegar, me dio la mano y dijo unas palabras que acentuaron aun más el misterio y mi interés por ella.

----Voy a buscar mi libro, es la primera vez que he salido de él y no lo volveré a hacer, ser real no es tan bueno como yo lo había imaginado.

Le pregunte el nombre del libro que buscaba con tanto interés, Tome nota y la vi entrar a través del cristal esmerilado que dividía su figura en pequeños cuadros.

A la mañana siguiente lo primero que hice fue ir a la biblioteca a buscar el libro y cuál no sería mi sorpresa al verla en la portada con su vestido antiguo y su sonrisa cautivadora protagonizando en el interior alguna bonita historia que yo no dejaría de leer.

lunes, 18 de mayo de 2026

Y SALIÓ EL 12

 

Y SALIÓ EL 12, 12 MESES, 12 HORAS, DOCE……..

 

 

 

El numero 12 rotundo, formando el solo un todo: La docena, está relacionado con muchos acontecimientos, situaciones e incluso cosas materiales. Por ejemplo:

_ En algunos países la justicia la imparten 12 hombres O mujeres que forman un jurado.

_12  son los apóstoles en la religión Católica.

_ El fútbol  tiene su jugador número 12 en los seguidores del equipo, que siempre espera que sean muchos.

_Hasta el folclore tiene su número 12, en una canción antigua titulada 12 cascabeles.

Pero donde yo al número 12 lo considero de verdad interesante, es en las 12 campanadas de Cenicienta y en las 12 uvas de la suerte.

Para mí son dos sucesos enlazados por ese numero 12.

Conforme van sonando las campanadas Cenicienta se va despojando  uno a uno de todos sus sueños y al llegar a la doceava ya no le quedan  más que los recuerdos.

En cambio cuando suena la última campanada en la que te tragas como puedes la  uva postrera, es entonces cuando deben empezar a realizarse tus sueños, aquellos que has pedido conforme iban sonando.

El ser humano siempre va buscando algo mas, sin darse cuenta de que la suerte es la constancia, el trabajo, el tesón y que se la puede fabricar él mismo o sentarse a la puerta a esperar que pase, cosa que rara vez ocurre.

 

 

EL PUNTO Y SEGUIDO

 

EL PUNTO Y SEGUIDO

 

Con suerte, un punto y seguido es a lo único que puedo aspirar estando contigo. No me quejo, ese signo demuestra una pausa pero sigue el relato con algún cambio, novedad o historia nunca una ruptura con lo anterior.

A lo que no me resignaría es a ser en tu vida un punto y aparte, el final de una historia que marcaria un antes y un después y yo sería el antes, comenzando una nueva en el renglón siguiente.

Me gustaría ser para ti una coma, solo una pausa para tomar aliento y seguir amándome.

Por favor no me conviertas nunca en un punto y aparte.

sábado, 16 de mayo de 2026

EL CASTING

 

EL CASTING

 

El agente le señalaba la fila de los menores. El Casting era a las 9h. Llegaron con bastante tiempo cogidos de la mano, la fila era larga. Tenía muchas esperanzas en ganar, se había preparado a fondo, iría por ciudades actuando con su adorada compañera. Todo  se vino abajo con la llegada del agente, volvería a ser otra vez el árbol en aquella función infantil. Ella se quedo en la fila de los mayores. ¡Pero si tenían la misma edad!

Aunque se quedara sin comer,  salió de la fila. Se le rompía el corazón pensar en  su Dª Inés en brazos de otro D Juan.

 

 

EL OLVIDO QUE TE ES NEGADO

 

EL OLVIDO QUE TE ES NEGADO

 

Las olas apenas los balanceaban, un mar tranquilo, sin velas ni motor no es más que un desierto azul  tan difícil salir como del otro. Quería olas grandes que la empujaran hacia el olvido. La persona que se sentaba al otro lado de la barquita, fue escogida al azar entre las muchas que olvidaban algo en el borde del muelle.

Las olas primero suaves se fueron encrespando, no pensó que en el mar como en la vida te llevan siempre a la orilla más cercana, la que quieres abandonar.

Se perfila la costa y vuelven los fantasmas y los miedos. Pero al fin conseguiría olvidar.

EL VIEJO VOLCÁN

 

EL VIEJO VOLCÁN  


 

Al llegar a su casa el niño me dibujó en la mesa de la cocina con los azulejos al fondo, pero su fantasía fue demasiado lejos. Habían ido de excursión a ver un volcán apagado, ya extinguido y la profesora les había contado cómo nos formamos en el interior de la tierra y todo lo que destruimos arrojando fuego y lava, a nuestro alrededor solo hay rocas negras cuando esta se enfría, pero no tierra para que pueda crecer nada con vida.

Esa es la realidad  pero el niño no quería reflejarla y me dibujó delante de un sol amarillo enorme y plantas de muchas clases y colores. Ese volcán solo existiría en un mundo ideal, de fantasía, donde los seres vivos estarían integrados en un entorno amable.

Yo soy ese viejo volcán apagado que fueron a ver, no tengo bonitos colores solo grises y mis piedras afiladas rompen las rodillas de los niños valientes que suben hasta mí. Me dieron por nombre El Carmoli o el Monte del dragón  pues en mi cima la lava que salía fue tallando una figura que desde abajo, con mucha imaginación, algunos quieren ver ese ser mitológico que mira al mar que tengo enfrente y desarrolla en las mentes infantiles fantasías y cuentos como el que les había explicado la profesora.

Estoy orgulloso de lo que he sido, no hice daño en mi nacimiento por ser una tierra desierta y casi recién salida del mar. Llevo muchos miles de años vigilando y protegiendo esta zona en la que hace siglos empezaron a salir plantas duras, necesitadas de poca tierra y poca agua como las Piteras, o los Palmitos que alegraban el entorno.

Pero el poder destructivo del hombre es aún mayor que el mío y no sé cuanto durará este paraíso.

jueves, 23 de abril de 2026

ELLA Y EL MAR

 

ELLA Y EL MAR   

Este relato fue incluido en el libro “Meciéndose con las olas” publicado en el año 2017.

Ella estaba allí, en esa playa del Mediterráneo, como el faro, la arena, las rocas o el mar. De él se sabía todos sus azules, verdes o grises y estos colores se reflejaban en sus ojos acariciadores y tristes. Hacía años que se consideraba parte del paisaje.

Desde que perdió a su compañero, refugió su dolor en la casa de la playa, ¡Habían sido allí tan felices…! ¡Tenían tantos proyectos en los que participaba ese mar…!

La casa era una especie de torreón antiguo, que poco a poco, con paciencia y cariño habían convertido en su hogar. A la ciudad iban solo por trabajo, atrás habían quedado las reuniones interminables, el ajetreo del trafico, el rugido de la gran ciudad,  que te ofrecía mensajes engañosos para hacerte su esclavo.

Ahora el mar era su compañero, ya nunca estaría sola. Era un ser vivo que se movía, hablaba y algunas tardes de otoño, rugía, pero no le tenía miedo. Él le trajo nuevos amigos, como la gaviota, a la que veía venir entre los grises del atardecer, y que después de revolotear, se posaba a su lado en la arena, para contarle alguna historia de  sus muchos y largos viajes por las costas de ese mar. Historias de amor y de muerte, de trabajo y de placer. Ella las escuchaba agradecida. Esos relatos llenaban un poco, el  hueco vacío que le hacía las veces de corazón. Un corazón que empezó a morir el día que ocurrió el accidente.

El mar también le trajo otros amigos, caracolas, chapinas, plantas que después de un fuerte levante quedaban varadas en la playa, como restos de un naufragio. Las ponía a secar, haciendo con ellas verdaderas obras de arte, que distribuía en jarrones por toda su casa.

Pensaba que  lo que le traían las olas, antes habían sido seres vivos, y ahora sólo eran bellos recuerdos, igual que nos ocurre a los humanos, cuando después de la muerte, nos instalamos en el pensamiento de las personas que nos han querido.

Las caracolas las pintaba de colores y las metía en frascos de todos los tamaños. La casa estaba llena de ellos. Cuando se sentaba a mirarlos, se las imaginaba vivas, atravesando las aguas y llegando a otras tierras del mismo mar, con hombres distintos, distintas costumbres, pero con las mismas ansias de amar y ser felices.

Por las noches, desde la torre, veía los grandes barcos pasar a lo lejos con sus luces encendidas  que anunciaban fiesta y  también el débil parpadeo de los barcos de pesca que faenaban cerca de la costa.

Todo se mezclaba en ese mar, diversión, trabajo, y también la angustia de no saber si el frágil barquichuelo, en el que habían puesto tantas esperanzas, llegaría a tierras acogedoras y en paz, o si por el contrario sería engañado como Ulises y lo llevaría al fondo de ese cementerio azul, donde está escrita la historia de tantos siglos.

Le gustaba ver sus amaneceres, al principio volvían los grises del ocaso, luego despacio, una pequeña luz se iba abriendo paso por el horizonte hasta que como un estallido el gran astro emergía  de la superficie del agua, devolviendo la vida al planeta. Pensaba que siempre habría un nuevo amanecer, también en la vida. Ella lo estaba intentando  desde esa casa y esa playa cargada de recuerdos.

¡Cuantas historias habían pasado en ese mar eterno! Le gustaba mirarlo. Él saciaba su sed de aventuras, siempre pospuestas. Toda una vida soñando pero anclada en tierra. Ahora ya, poco importaba. Ya no había con quien compartirlas. Sólo quedaban recuerdos que le hablaban de  otro tiempo en el que había sido muy feliz, había amado y había sido amada, con la intensidad de una tormenta de otoño, con la entrega de la arena, dejándose llevar por las olas, siempre nuevas y siempre iguales. Esa había sido su historia de amor. Sentada en la playa encontraba a su compañero en el espíritu de esa gaviota, diciéndole,  que no se había ido, que siempre estarían juntos, y que algún día podrían surcar ese mar en busca de las aventuras soñadas.

Llegó un día en el que ya no pudo bajar de la torre. Sentada junto a la ventana, veía el mismo paisaje, pero no lo sentía cerca, le faltaba ese olor a sal y algas, ese ruido sordo y constante de las olas que la adormecían y atenuaban su dolor. Veía pasar las gaviotas y entre ellas buscaba a su amiga, la que se le acercaba en la playa sin temor y no la encontraba

Las luces de las noches, se hicieron más débiles, convirtiéndose en puntos brillantes en la lejanía, que se confundían con las estrellas.

Desde la torre disfrutaba mirándolas ¡Qué maravilla el cielo de ese mar! Parecía un gran manto bordado con caprichosos dibujos: Allí un arquero, mas allá unos peces o un carro con una estrella brillante que siempre señalaba el norte.  Eran las mismas que habían guiado a tantos navegantes a la gloria o al infortunio.

Los días se sucedían con una monotonía insoportable, solo la despertaba de su duermevela, la luz verdosa del faro, avisando a los navegantes, de los peligros que ese mar tranquilo tenía en sus entrañas.

Un atardecer de verano, con el mar en calma, el sol destilando fuego y pintando con rayas de sangre el mar, llego la gaviota a la ventana. Ella sabía muy bien a lo que venía. ¡La había esperado tanto tiempo…! En sus días de desesperación, llego a pensar que la había olvidado .Que la había dejado, sola varada en tierra, como esos barcos destrozados que antes veía en sus paseos al atardecer, por los senderos que rodean el faro.

Esa noche su espíritu y el de la gaviota, se unieron formando un solo aliento. Y ella y su amado, cruzaron juntos ese querido mar, en busca de todas las aventuras soñadas  durante sus vidas en la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 20 de abril de 2026

LA BUENA NOTICIA

 

LA BUENA NOTICIA

 

El periódico lo es todo para ella. Desde joven compraba los de tirada nacional, solo se fiaba de sus noticias, buscaba las buenas como quien busca tesoros difíciles de hallar, las malas las guardaba en cajas que poco a poco iban tapándole el sol y la vida que bullía al otro lado del cristal, de esas, al día siguiente nadie  se acordaría, al salir otras peores.

Un día cayeron las cajas y encontró la mejor noticia, vio gente feliz, atareada pero no paralizada como ella, luchando por salir adelante en medio de tanto caos, a los que les estaban regalando un día de sol y de vida.

 

martes, 14 de abril de 2026

 

UN VIAJE SORPRENDENTE

 

Luisa se había marchado a trabajar a Paris, soltera, libre y más joven que nosotras, había sido valiente y ya vivía allí  un año.

Nos comunicábamos por internet y los dientes de Carmen, Lucia y los míos propios arañaban el suelo de envidia cuando nos contaba sus andanzas por la Ciudad del Amor.

Carmen y Lucia eran divorciadas, pero yo, soltera y sin haber probado” La gracia de Dios” como decía mi madre, todo lo que contaba me parecían excesos.

Ese verano decidimos visitarla. Nos instalamos en su casa. Era una buena anfitriona. Por la tarde, cuando nos sentamos a tomar café, era como si no hubiera pasado el tiempo, contentas y felices de estar juntas.

Le dejamos bien claro, que nada de monumentos ni museos, algún paseo por el Sena todavía, pero nuestro propósito en este viaje era ver el Paris arrabalero, el marginal los barrios del Paris “canalla”.

La primera noche nos dijo que nos iba a sorprender con algo muy especial. Ella había ido con unos amigos hacia poco y nunca se hubiera podido imaginar aquel espectáculo.

La entrada era pequeña y unos escalones empinados conducían hasta un sótano donde estaba el  salón con una barra de bar en un extremo, poca luz y  al fondo sonaba un piano. Al ir acercándonos me sorprendió que el pianista estuviera de pie de espaldas al público. Tenía muy buena planta.

Nos quedamos unos poco desilusionados, las canciones, aunque tocadas con gran maestría, no eran nada del otro mundo. Además de vez en cuando se colaba en la melodía una nota discordante. Al comentárselo a Luisa, nos dijo con una sonrisa picara: Esperad que termine y se vuelva para saludar. Y eso hicimos, cada vez mas intrigadas.

Sonó un fuerte acorde final, un golpe y un grito. Luisa sorprendida dijo: si lo hace todas las noches, ¿que habrá pasado?

Lo que había pasado era sencillamente que  había bajado la tapa del piano, sin darse cuenta de que el “dedo” que daba la nota discordante, en ese momento estaba tocando un do sostenido y…y no pudo retirarlo a tiempo.

Lástima, ya no podrá presumir del pene más grande de la ciudad aunque se pillara “La puntita “nada más.

 

 

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

EL ANTIGUO PARAÍSO

 

EL ANTIGUO PARAÍSO

 

Los pliegan, los guardan en sus bolsos y se largan sin despedirse de mí, yo que los había invitado para tener un pequeño rato de trato humano y enseñarles enciclopedias antiguas, con brillantes colores, ahora no sirven pero son agradables de ver y hasta les di permiso para arrancar las hojas que más les gustaran y llevárselas, haciendo cuadros con ellas, así sus hijos y sus nietos sabrían como había sido este planeta antes de que todo empezara a corromperse, conocerían el verde de los bosques, el azul del mar, el marrón de los desiertos.

Pero ellos no sentirán nunca mi nostalgia, yo si conocí el final del paraíso.

lunes, 6 de abril de 2026

 Recordando con cariño a la abuela de mi marido que me enseño a hacerlos.

PASTELILLOS DEL COCIDO

Nunca he sido muy adicta a las labores del hogar, pero si alguna me ha interesado, esa ha sido la cocina. Es la que verdaderamente te agradecen el tiempo que has pasado en ella. Un “mamá que rico” o un “chatica mía que manos tienes”, te saben a gloria y olvidas todo lo que sacrificaste para hacerle esa comida maravillosa.

Mi paladar está entre dos provincias, Murcia y Granada, la primera porque nací en Cartagena y la segunda porque mi familia es natural de Salobreña (Granada). Mi abuela, como es natural, se trajo las recetas de su tierra y entre ellas hay una de cordero riquísima, se llama o así la llamaba ella “Entomatao”, el sabor exótico lo dan las especias  principalmente el comino.

El día de Navidad íbamos a comer a casa de mis abuelos y allí nunca se comía “Cocido con pelotas” como es natural por estas tierras, sino su guiso andaluz.

Tenía una amiga en el colegio que decía que su abuela hacia las pelotas con sangre de la pava, no sé porque a mí me daba un poco de “repelús”, cuando sabía que las morcillas, que tanto me gustaban, estaban hechas también con sangre y le contestaba que no estarían más ricas que el guiso de cordero que hacia mi abuela en Navidad. En su pueblo era tradición comerlo ese día desde hace siglos, yo creo que ahí me pasé, pero el “Yo más” funcionaba ya en los niños.

 Pasó el tiempo y al irme a casar, como era costumbre, le pedí a mi suegra las recetas de las comidas que más le gustaban a mi futuro marido, aparte del cocido con pelotas me dijo una que es una maravilla de ahorro y una delicatesen para el paladar, la llamaba Pastelillos del cocido y es la empanadilla más rica que yo he probado jamás.

Se hace una masa con aceite sofrito, caldo del cocido y harina, se amasa hasta que quede suelta, se desmenuza el pollo y el chorizo que haya sobrado, se añaden piñones y un huevo duro bien picado, se mezcla todo rellenando con ello la masa y dándole forma de empanadilla, las muescas del bordillo se hacían con un tenedor. Terminada toda esta operación se fríen en abundante aceite.

Mis hijos siempre querían que hiciera masa de más, para que sobrara y friéndola les hiciera unos crespillos riquísimos.

 

¡Ah! Por cierto, mi amiga  me llevó una tarde después de jugar en la glorieta, una cazuelita con pelotas de pava hechas con la sangre de esta, para que las probara y tenía razón, estaban deliciosas y muy suaves.

 

 

 

LA RUTINA

 

LA RUTINA

 

No puedo recordar el orden correcto de las cosas, yo siempre he vivido en la rutina, la sucesión de los hechos era prioritaria para tener establecido trabajo y descanso. Ese orden era todo en mi vida, si salía de allí me envolvía el caos.

No poder recordar el orden de los hechos de esta mañana me están llevando a la locura.

Qué fue primero ¿El beso o el adiós? Durante muchos años fue el beso que poco a poco iba perdiendo pasión y después el adiós.

Pero hoy no lo recuerdo por ese orden. Pienso que conociéndome tanto, esa ha sido su manera de decirme que no volverá.

jueves, 26 de marzo de 2026

PIONERAS

 

PIONERAS

Estos hechos ocurrieron en la segunda mitad del siglo XIX en un pueblo de la costa en el Mediterráneo andaluz.

Amalia no tenía aun 15 años y estaba casada con un hombre que le doblaba la edad, cosa normal en aquella época. Su marido, que era una buena persona pero débil de carácter, había heredado de sus padres un fructífero negocio de barcos de pesca y también un pequeño astillero donde los hacían. Al atardecer bajaba a la playa para esperar los barcos y llevar el producto a la lonja desde donde era distribuido a los pueblos cercanos.

Hasta aquí todo normal si no fuera porque en el camino hacia la lonja desaparecían algunas cajas y en el de vuelta, era poco menos que empujado por sus amigos, los pescadores, al bar del pueblo donde pagaba una ronda tras otra.

De todo esto se daba cuenta la joven que ya con 17 años no podía permitir que a su marido se le fuera el dinero como agua entre los dedos. Un día le dijo que le gustaría bajar por las tardes con él a la playa. Al principio se mantuvo en un segundo plano y aun así, algunos de los pescadores no lo vieron con buenos ojos, decían que aquello era cosa de hombres y se sentían incómodos. Pero se quedó. Cada vez se perdían menos cajas por el camino y después de la venta en la lonja, muy cogidos del brazo se iban a su casa, porque era impensable tomarse unas copas con una mujer en el bar.

Poco a poco fue aprendiendo y su marido la dejaba hacer, pues se le daban muy bien los tratos y los negocios.

Las críticas les llovían como granizo y los mayores insultos, salieron en voz baja, de las mujeres del pueblo por envidia o mala fe. (Mujer contra mujer, ganador el hombre. Han pasado casi dos siglos y aun no lo hemos aprendido). Nadie se atrevía a decirlo en voz alta porque todos les debían favores, pero se sentían humillados por la importancia que estaba tomando aquella mujer joven, que solo con mirarlos les hacia tragar las palabras antes de que salieran se sus  bocas.

Cuando en las noches de verano las vecinas sacaban las sillas a la puerta, ese era el tema principal. La acusaban de haber dejado en ridículo a su marido, de haber abandonado las labores de su casa por otras de hombres, en las que sola, no tendría cabida. Pero siguió adelante. Crio 6 hijos y 5 hijas. Al quedarse viuda continuó con el negocio, ya respetada por sus vecinos, a quienes siempre ayudo en caso de necesidad. Demostrando que si una mujer tiene valía y se lo propone, por grandes que sean los obstáculos, conseguirá su objetivo.

Vivió 105 años y todavía hoy su historia es como una leyenda en ese pueblo y un ejemplo para las mujeres que vinieron después.

martes, 24 de marzo de 2026

LA APUESTA

 

LA APUESTA

 

Algo semejante a un alegre parpadeo colectivo sintió en la nuca que la animó a entrar en la cripta, estaba decidida a ganar la apuesta.  Al abrir la puerta la sensación agradable se convirtió en un susurro helado.

Vio una figura que avanzaba hacia ella, con los ojos blancos y la boca entreabierta, la llamaba por su nombre y el eco desgarraba el silencio.

La puerta se cerró sola y lo último que la linterna enfocó fueron unas manos huesudas saliendo de las paredes.

Dicen que aun se oyen gritos atrapados bajo la piedra, nunca se encontró su cuerpo, seguiría siendo la cripta maldita.

martes, 17 de marzo de 2026

EL CÉSAR

 

EL CÉSAR

 

Con sus flamantes nombres en latín, orgullosas desfilaban las legiones de César por el pasillo de su casa, hacía guerras y emboscadas con ellos detrás de una montaña de libros cubiertos con papel de periódico, arriba se ponía él “El César” y actuaba como tal con sus legiones de goma.

Cuando volvía a casa de sus padres buscaba la caja en la que quedaron atrapados en el tiempo sus legionarios, con sus hijos tuvo que conformarse jugando en una pantalla desde donde mandaba luchar a sus soldados.

Volvió a guardarlos y una lágrima resbalo por sus mejillas al pensar que su mundo ya no volvería.

lunes, 9 de marzo de 2026

EL VERDE ES VIDA

 

EL VERDE ES VIDA

 

Fue en el momento en que mataron al árbol  cuando el planeta entero se estremeció, era el último que quedaba en una tierra cuya seña de identidad habían sido los colores verde y azul.

No lo abatieron los incendios, las talas descontroladas, la contaminación, ni cuantos males habían traído esa especie, ya desaparecida, llamados humanos.

Fue el viento que levantaba el polvo de la Tierra convertida en un desierto el que lo abatió, quedó tendido como un navío con sus velas desplegadas y las raíces hacia el cielo pidiendo justicia, pero nadie lo oyó, los dioses protectores hacía tiempo que habían abandonado este planeta desagradecido.

sábado, 7 de marzo de 2026

DEBATE EN CLASE

 

DEBATE EN CLASE

Aquel día los alumnos de octavo de EGB iban a recibir una lección que no olvidarían.

 

La profesora iba a comenzar cuando una alumna se acercó y le dijo un poco cortada: Seño, dice mi madre que si puede usted poner esto en el corcho para que todos lo lean, mi madre cree que es importante. Era un folio con solo cinco palabras escritas en mayúsculas y coloreadas para llamar la atención. La profesora leyó en silencio y sonrió diciéndole a la alumna: ¡Claro que puedes ponerlo! Esas cinco palabras le recordaron que habían ganado muchas batallas, pero no se podía bajar la guardia.

 

La frase decía: LA IGUALDAD EN UN RETO PENDIENTE

 

En ese momento les preguntó ¿Diríais que vivimos en una sociedad igualitaria? Esta tarde tenemos tutoría ¿Os apetece hacer un debate sobre el tema? Todos asintieron. Los debates les gustaban. Podían hablar sin miedo de cosas que en las conversaciones normales nunca salían.

 

Llegó la tarde y estaban todos deseando exponer sus ideas en ese tema que parecía fácil. La primera que habló fue Elisa y su pregunta dio pie para un buen debate. Si la igualdad estuviera conseguida ¿Por qué seguimos hablando tanto de ella?

 

Un chico argumentó: Siempre habrá diferencias, no somos todos iguales. Es verdad, contestó otro alumno, pero esas diferencias no deberían convertirse en barreras y, si miramos a nuestro alrededor, sí lo son.

 

Carmen dijo: fallamos cuando damos oportunidades distintas a las personas, sin darnos cuenta, sin decidirlo. ¿Por qué las opiniones de algunos compañeros son celebradas como ingeniosas y las de otros son desechadas casi sin dejarles terminar su razonamiento?

 

El debate estaba en pleno apogeo, la profesora intervino diciendo que tenían que ser respetuosos con todos, pues eso era uno de los pilares de la igualdad.

 

Siguieron debatiendo entusiasmados ¿Por qué a algunos compañeros les perdonamos ciertas cosas y a otros para conseguirlo le exigimos el doble? Preguntó un alumno que tenía la mano levantada hacía rato y no lo dejaban intervenir.

 

La profesora dijo: Las desigualdades más difíciles de detectar son las que no vienen con un letrero,  no se ven fácilmente y vienen escondidas con gestos, maneras, hábitos asumidos por todos, que, por ser cotidianos, no les damos importancia. Al principio son solo pequeñas fisuras en la convivencia, que si no las paramos pueden llegar a convertirse en muros contra los que chocará toda la sociedad.

 

Asomaros a las ventanas ¿Qué veis? Un partido de fútbol de los alumnos de 7º, contestaron ¿Y qué más? Laura dijo: un grupo de niñas de esa clase apoyadas en la barandilla con ganas de jugar, pero solo miran. ¿Por qué? Preguntó la profesora, porque los chicos se creen con ese derecho, siempre ha sido así y nosotras lo aceptamos. Teníais que pensar que la igualdad empieza rompiéndose por detalles sin importancia, con silencios, con favoritismos, etiquetas etc. Pensad una frase que demuestre estas desigualdades en la clase.

 

Aparecieron muchas cargadas de significado: Comparaciones injustas, expectativas desiguales, puertas que se cierran sin explicación, cansancio de tener que demostrar siempre tu valía, ser invisible para los demás y muchas otras, todas interesantes.

 

La profesora, contenta con el debate, expuso sus conclusiones: La desigualdad no siempre se ve, a veces es la suma de pequeñas cosas que se repiten hasta que parecen normales y entonces dejan de cuestionarse. La igualdad es una meta y para llegar a ella cada uno tiene responsabilidad en lo que dice, en lo que calla, en lo que permite etc. La igualdad no se consigue con palabras, sino cuando se aprende a mirar alrededor. Es un reto que necesita atención constante porque hay que construirla cada día.