EL
VIEJO VOLCÁN
Al
llegar a su casa el niño me dibujó en la mesa de la cocina con los azulejos al
fondo, pero su fantasía fue demasiado lejos. Habían ido de excursión a ver un
volcán apagado, ya extinguido y la profesora les había contado cómo nos formamos
en el interior de la tierra y todo lo que destruimos arrojando fuego y lava, a
nuestro alrededor solo hay rocas negras cuando esta se enfría, pero no tierra
para que pueda crecer nada con vida.
Esa es
la realidad pero el niño no quería
reflejarla y me dibujó delante de un sol amarillo enorme y plantas de muchas
clases y colores. Ese volcán solo existiría en un mundo ideal, de fantasía,
donde los seres vivos estarían integrados en un entorno amable.
Yo soy
ese viejo volcán apagado que fueron a ver, no tengo bonitos colores solo grises
y mis piedras afiladas rompen las rodillas de los niños valientes que suben
hasta mí. Me dieron por nombre El Carmoli o el Monte del dragón pues en mi cima la lava que salía fue
tallando una figura que desde abajo, con mucha imaginación, algunos quieren ver
ese ser mitológico que mira al mar que tengo enfrente y desarrolla en las
mentes infantiles fantasías y cuentos como el que les había explicado la
profesora.
Estoy
orgulloso de lo que he sido, no hice daño en mi nacimiento por ser una tierra
desierta y casi recién salida del mar. Llevo muchos miles de años vigilando y
protegiendo esta zona en la que hace siglos empezaron a salir plantas duras,
necesitadas de poca tierra y poca agua como las Piteras, o los Palmitos que
alegraban el entorno.
Pero el
poder destructivo del hombre es aún mayor que el mío y no sé cuanto durará este
paraíso.