LA
EXPOSICIÓN
Fui a
verla sin ningún interés especial, por pasar el rato, me la había recomendado
un amigo, decía que las fotos allí expuestas parecían tener vida.
Empecé
a dar vueltas sin ganas, quería representar la multiculturalidad de un barrio
de los suburbios, bastante marginal por las personas y los edificios que
aparecían, lo que eche de menos fue un poco de alegría en algunas de ellas,
todas las fotos representaban el sumun de la tristeza, hasta las fotos de
jóvenes daban la impresión de estar de más en aquel lugar. Por eso me llamó
tanto la atención cuando la vi, era la foto de una mujer de mediana edad, tenía
que haber sido muy guapa pero la derrota de la vida se marcaba en su cara, el
pelo largo y cuidado hacia juego con el bonito abrigo de piel que la cubría. No
era su cara sino su ropa la que estaba de más en aquella exposición. Pasé un
rato mirándola. ¿Quién sería?¿Como habría llegado hasta allí?
En el
folleto informativo que me dieron al entrar, venia el correo del organizador de
la exposición y mi instinto de periodista me decía que allí podía haber una
gran historia.
Le
escribí preguntándole por la modelo que me interesaba y de mala gana me dio un
teléfono del fotógrafo, diciéndome que no había vuelto a saber nada de él.
Después
de muchos intentos conseguí el teléfono de la modelo, Llamé y se puso una
vecina, encantada de conocer a un periodista y de que le hiciera una
entrevista, pagada naturalmente, a su amiga.
Al
salir de la gran ciudad y adentrándome poco a poco en ese barrio, volvieron a
mí, la desolación, la derrota, la juventud marginada y sin esperanza que me
habían salido al encuentro en la exposición.
Llamé
al timbre, me recibió la vecina
diciéndome que tuviera paciencia porque no era su mejor día.
Vi en
una mecedora desvencijada a una anciana arropada con el mismo abrigo de la foto
tan ajado como ella.
Hablaba
de forma inconexa de sus logros en el teatro, enseñándome fotos de sus días de
gloria, estuve más de una hora escuchándola y de vez en cuando unas gotas de
cristal resbalaban por sus mejillas.
No
pregunte ni ella contó cómo había llegado hasta allí, en su ensueño seguía
viviendo en un chalet con jardín.
Me
despedí de ella y de la vecina dejándole en la mesa el dinero acordado para la
entrevista que por supuesto no publicaría.
Ese
barrio había sido un descubrimiento para mí y ya habría tiempo de escribir
otras historias que arrojaran un poco de luz y alegría a ese lugar.
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