miércoles, 25 de febrero de 2026

LA EXPOSICIÓN

 

LA EXPOSICIÓN

Fui a verla sin ningún interés especial, por pasar el rato, me la había recomendado un amigo, decía que las fotos allí expuestas parecían tener vida.

Empecé a dar vueltas sin ganas, quería representar la multiculturalidad de un barrio de los suburbios, bastante marginal por las personas y los edificios que aparecían, lo que eche de menos fue un poco de alegría en algunas de ellas, todas las fotos representaban el sumun de la tristeza, hasta las fotos de jóvenes daban la impresión de estar de más en aquel lugar. Por eso me llamó tanto la atención cuando la vi, era la foto de una mujer de mediana edad, tenía que haber sido muy guapa pero la derrota de la vida se marcaba en su cara, el pelo largo y cuidado hacia juego con el bonito abrigo de piel que la cubría. No era su cara sino su ropa la que estaba de más en aquella exposición. Pasé un rato mirándola. ¿Quién sería?¿Como habría llegado hasta allí?

En el folleto informativo que me dieron al entrar, venia el correo del organizador de la exposición y mi instinto de periodista me decía que allí podía haber una gran historia.

Le escribí preguntándole por la modelo que me interesaba y de mala gana me dio un teléfono del fotógrafo, diciéndome que no había vuelto a saber nada de él.

Después de muchos intentos conseguí el teléfono de la modelo, Llamé y se puso una vecina, encantada de conocer a un periodista y de que le hiciera una entrevista, pagada naturalmente, a su amiga.

Al salir de la gran ciudad y adentrándome poco a poco en ese barrio, volvieron a mí, la desolación, la derrota, la juventud marginada y sin esperanza que me habían salido al encuentro en la exposición.

Llamé al timbre, me recibió la vecina  diciéndome que tuviera paciencia porque no era su mejor día.

Vi en una mecedora desvencijada a una anciana arropada con el mismo abrigo de la foto tan ajado como ella.

Hablaba de forma inconexa de sus logros en el teatro, enseñándome fotos de sus días de gloria, estuve más de una hora escuchándola y de vez en cuando unas gotas de cristal resbalaban por sus mejillas.

No pregunte ni ella contó cómo había llegado hasta allí, en su ensueño seguía viviendo en un chalet con jardín.

Me despedí de ella y de la vecina dejándole en la mesa el dinero acordado para la entrevista que por supuesto no publicaría.

Ese barrio había sido un descubrimiento para mí y ya habría tiempo de escribir otras historias que arrojaran un poco de luz y alegría a ese lugar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario