sábado, 7 de marzo de 2026

DEBATE EN CLASE

 

DEBATE EN CLASE

Aquel día los alumnos de octavo de EGB iban a recibir una lección que no olvidarían.

 

La profesora iba a comenzar cuando una alumna se acercó y le dijo un poco cortada: Seño, dice mi madre que si puede usted poner esto en el corcho para que todos lo lean, mi madre cree que es importante. Era un folio con solo cinco palabras escritas en mayúsculas y coloreadas para llamar la atención. La profesora leyó en silencio y sonrió diciéndole a la alumna: ¡Claro que puedes ponerlo! Esas cinco palabras le recordaron que habían ganado muchas batallas, pero no se podía bajar la guardia.

 

La frase decía: LA IGUALDAD EN UN RETO PENDIENTE

 

En ese momento les preguntó ¿Diríais que vivimos en una sociedad igualitaria? Esta tarde tenemos tutoría ¿Os apetece hacer un debate sobre el tema? Todos asintieron. Los debates les gustaban. Podían hablar sin miedo de cosas que en las conversaciones normales nunca salían.

 

Llegó la tarde y estaban todos deseando exponer sus ideas en ese tema que parecía fácil. La primera que habló fue Elisa y su pregunta dio pie para un buen debate. Si la igualdad estuviera conseguida ¿Por qué seguimos hablando tanto de ella?

 

Un chico argumentó: Siempre habrá diferencias, no somos todos iguales. Es verdad, contestó otro alumno, pero esas diferencias no deberían convertirse en barreras y, si miramos a nuestro alrededor, sí lo son.

 

Carmen dijo: fallamos cuando damos oportunidades distintas a las personas, sin darnos cuenta, sin decidirlo. ¿Por qué las opiniones de algunos compañeros son celebradas como ingeniosas y las de otros son desechadas casi sin dejarles terminar su razonamiento?

 

El debate estaba en pleno apogeo, la profesora intervino diciendo que tenían que ser respetuosos con todos, pues eso era uno de los pilares de la igualdad.

 

Siguieron debatiendo entusiasmados ¿Por qué a algunos compañeros les perdonamos ciertas cosas y a otros para conseguirlo le exigimos el doble? Preguntó un alumno que tenía la mano levantada hacía rato y no lo dejaban intervenir.

 

La profesora dijo: Las desigualdades más difíciles de detectar son las que no vienen con un letrero,  no se ven fácilmente y vienen escondidas con gestos, maneras, hábitos asumidos por todos, que, por ser cotidianos, no les damos importancia. Al principio son solo pequeñas fisuras en la convivencia, que si no las paramos pueden llegar a convertirse en muros contra los que chocará toda la sociedad.

 

Asomaros a las ventanas ¿Qué veis? Un partido de fútbol de los alumnos de 7º, contestaron ¿Y qué más? Laura dijo: un grupo de niñas de esa clase apoyadas en la barandilla con ganas de jugar, pero solo miran. ¿Por qué? Preguntó la profesora, porque los chicos se creen con ese derecho, siempre ha sido así y nosotras lo aceptamos. Teníais que pensar que la igualdad empieza rompiéndose por detalles sin importancia, con silencios, con favoritismos, etiquetas etc. Pensad una frase que demuestre estas desigualdades en la clase.

 

Aparecieron muchas cargadas de significado: Comparaciones injustas, expectativas desiguales, puertas que se cierran sin explicación, cansancio de tener que demostrar siempre tu valía, ser invisible para los demás y muchas otras, todas interesantes.

 

La profesora, contenta con el debate, expuso sus conclusiones: La desigualdad no siempre se ve, a veces es la suma de pequeñas cosas que se repiten hasta que parecen normales y entonces dejan de cuestionarse. La igualdad es una meta y para llegar a ella cada uno tiene responsabilidad en lo que dice, en lo que calla, en lo que permite etc. La igualdad no se consigue con palabras, sino cuando se aprende a mirar alrededor. Es un reto que necesita atención constante porque hay que construirla cada día.

 

 

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