EL
GARAJE
No creo
que haya pasado más miedo en mi vida rayando al terror, que la noche de todos
los Santos. Esa noche llegué tarde. El garaje estaba solitario y con ese
silencio aplastante de cementerio, entrar en él siempre me ha producido una
sensación agobiante. Esa noche al bajar del coche y dirigirme hacia la puerta,
se fue la luz y también las auxiliares. Todo quedó en unas tinieblas sordas,
sin sonidos, solo el ruido de mis llaves al caer al suelo, intenté buscarlas
pero fue inútil, en esto estaba cuando oigo una especie de música extraña, una
música gótica, las piernas no me sostenían, el corazón latía descontrolado,
orientándome entre los coches llegue al recodo de la escalera y allí lo vi: un
ser que no parecía humano, la linterna vuelta hacia la cara le daba un aspecto
verdoso como de cadáver reciente.
Mi
grito, casi un alarido hizo que el “espectro” tropezara y cayera rodando. No
pasó nada grave, solo una leve contusión en mi pobre vecino.
La
música que oí tenía una explicación, había cambiado de audífono y no reconocí
la señal que me avisaba de que las pilas se estaban agotando. Desde entonces
siempre llevo una buena linterna en el bolso.
Me parto, Milagros, todo un thriller, ja, ja, ja
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