La idea
de este cuento de Navidad, junto con la foto, me la dio Mª Herminia Márquez,
miembro destacado de la Asociación Belenística Española.
LO QUE
NO SE VE
No soy
importante, si miras un Belén casi nadie se fija en mí, no soy ni la pastorcita
con la oveja, ni la gente del mercado, ni los Reyes Magos y por supuesto
ninguno de los importantes “Los de la cueva”, pero eso me viene bien porque
cuando me canso de hacerles maldades a los niños, como que se les caiga el
bocadillo, que se metan en un charco, que desaparezcan sus canicas o lo que más
me divierte, darle a uno un pequeño pellizquito para que formen una pelea, je
je je , ¡Qué bien lo paso entonces! Como
soy una bruja me meto a descansar en la figurita en forma de vieja que hace
cestos de mimbre en un rincón del Belén, no soy importante, los niños no me
quieren.
Pero un
día todo cambió. Estaba una niña poniendo el Belén con mucha ilusión, era la
primera vez que la dejaban ponerlo sola, cuando se le resbalo de las manos
yendo a parar al suelo la figura en la que yo
estaba descansando, se asustó mucho y lloraba sin parar porque se le
había roto la cabeza y a ella le gustaba esa viejecita tan trabajadora que
hacia cestos pequeñitos y podía usarlos para jugar con sus muñecas.
Entonces
me di cuenta de que me tenía simpatía y de verdad sentía que me hubiera roto,
para ella era importante. Su madre intento consolarla pegando mi cabeza con
miga de pan humedecida en saliva, queda un poco torcida pero esta pasable,
además como la tengo agachada mirando los cestos pues no se nota mucho.
Desde
entonces todos sus amigos que iban a ver el Belén se fijaban en mí por ese
detalle tan tonto del cuello y la niña les contaba mi accidente, y así
empezaron a buscarme en todos los Belenes que había en la ciudad. Me iba
haciendo famosa y eso me gustaba.
Poco a
poco fui dándome cuenta de que lo que hacía estaba mal, que los niños me
querían y entonces una voz muy dulce, me dijo: Estarás sin salir de la figura
hasta que te hayas arrepentido de esas pequeñas maldades que les hacías a los
niños, desde ahora todos los cestos que hagas te saldrán mal, cuando uno te
salga bien será porque estas totalmente arrepentida y perdonada.
El
primer día de estas Navidades me salió un cesto precioso con trenzas de colores,
que los vendedores del mercado me
quitaban de las manos para mostrar en ellos sus productos.
Todos,
hasta los malos malísimos como era yo, necesitamos amor y ese amor
desinteresado lo dan los niños.
Si el
año que viene me buscáis en los Belenes igual no me veis, porque pienso meterme
en alguna figura más alegre y que ayude a los demás sin pedir nada a cambio,
como ese niño cuyo cumpleaños celebramos.

Llega diciembre y llega el relato de Navidad. Muy entrañable el de este año, tal y como corresponde a estas fechas. Aprendemos a querer porque sabemos que nos quieren. Eso es lo que nos enseño el niño cuyo cumpleaños celebraremos próximamente.
ResponderEliminarMe ha encantado, Milagros, que imaginación tienes para escribir, y de paso, para dar lecciones de vida
ResponderEliminarMuy tierna la narración, me sorprende tu imaginación y ternura
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