UNA
VIDA A LA DERIVA
Nunca
he estado tan cerca de tocar una estrella como aquella noche en esa isla
desierta a la que me llevo la deriva de mi vida. Entre esas rocas negras y
peladas como monstruos que me arrastraban hacia el abismo, experimente la
soledad más absoluta y una emoción contradictoria, miedo de todo lo que me
rodeaba y tranquilidad al saber que el final del sufrimiento estaba cerca.
Mis
alegrías, mis ilusiones, los proyectos que preparábamos juntos, mi vida entera
se hundió en la tierra con ella. Pero en el momento de dar el paso final hacia
la negrura de esas rocas que me esperaban, una luz, una estrella, un cometa, no
sé, casi rozo mi mano y me empujo hacia atrás. Sentí una inmensa paz al
abandonar esas rocas que ya no me arrastraban y siguiendo la luz, poco a poco
volví a incorporarme a ese magnífico y único regalo que es la vida.

!Qué relato tan bonito! Es muy original representar la soledad y el dolor como una isla desierta con rocas afiladas. Como en el relato, la esperanza siempre tiene que prevalecer a la resignación.
ResponderEliminarUna vida a la deriva, pero, afortunadamente, iluminada siempre por una luz.
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