El
PERRILLO COJO
Comenzó
a morderme como si me conociera, era un perro callejero, feo y cojo, en su
carrera a tres patas había tropezado conmigo. Lo miré y en sus ojos claros y acuosos descubrí algo
familiar, seguí andando y él me seguía a duras penas. De pronto me vino un
recuerdo, esas manchas en el lomo, las orejas caídas igual que el perrillo del
Belén de mi infancia, que al caérseme
perdió una pata y lo tire. Las figuritas no tiene porqué ser perfectas,
podía haberlo apoyado en una piedra y seguir al pastor. A este no lo abandonare,
la vida te da tiempo para rectificar los errores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario