viernes, 16 de enero de 2026

LA TAZA

 

LA TAZA

 

Esa tarde en el salón de mi suegra flotaba un ambiente oscuro, sofocante, como si se fuera a desarrollar en él una gran tragedia.

Nos invitaba a mi cuñada y a mí todos los viernes a tomar el té con pastas, pues aunque llevaba más de 40 años en España no había querido perder sus costumbres.

Mi cuñada ¡Que les puedo decir de ella! Es una imbécil integral, siempre dándose “humos “de gran señora porque sabía ingles, yo creo que lo aprendió en ese “bar con luces” en el que la encontró el tonto de mi cuñado.

Su idea, con nuestra suegra, era engatusarla  y sacarle todo lo que pudiera en vida, ya que el testamento seria a partes iguales para los dos hermanos.

Pero esa tarde la fastidió para siempre ¡Cuanto disfruté con ello! Tenía mi suegra una taza muy antigua que había traído de Inglaterra en la que depositaba un cariño especial por haber pertenecido a no sé que reina. Mi cuñada se empeño con mimos y zalamerías, que le dejara tomar el té en ella pues quería poner sus labios donde los puso aquella reina, así de cursi es la pobre, la suegra con la negativa grabada en el rostro, al principio se mostró esquiva pero ante los ruegos insistentes cedió de mala gana no quitándole el ojo a la taza en todo el tiempo, punto negativo para mi cuñada, pero lo bueno estaba aún por llegar.

Toamos el té, hablamos de cosas banales y al acabar recogimos todo para llevarlo a la cocina, mi suegra con nosotros vigilando la taza.  Cuando mi cuñada, volviendo la cabeza para parlotear con ella, no se dio cuenta de que una mano perfecta, dedos largos, uñas largas y lacadas (Que bien podía haber sido la mía) le dio un empujoncito en el codo, la taza y el plato chocaron con el fregadero y fueron a estrellarse al suelo haciéndose añicos, como es natural. La pobre suegra tomo un disgusto horrible que casi le cuesta la vida, como le dijeron en el hospital.

Desde entonces mi cuñada ha “olvidado” su idioma favorito porque cada vez que lo intenta a la anciana le recuerda su taza y se pasa la tarde llorando. Desde entonces mi queridísima cuñada ha bajado muchos puntos en el Ranking de los regalos adelantados.

 

2 comentarios:

  1. Avaricia, envidia, ira, soberbia, ... casi se juntan los siete pecados capitales en un solo texto 😉

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  2. Es que eso de ir a casa de la suegra a tomar el té o el café tiene un peligro... aunque no rompas ninguna taza, y más si la suegra es la madre de tu marido, porque tú siempre serás la "otra" , la que le ha robado a su niñito.

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