LA TAZA
Esa
tarde en el salón de mi suegra flotaba un ambiente oscuro, sofocante, como si
se fuera a desarrollar en él una gran tragedia.
Nos
invitaba a mi cuñada y a mí todos los viernes a tomar el té con pastas, pues
aunque llevaba más de 40 años en España no había querido perder sus costumbres.
Mi
cuñada ¡Que les puedo decir de ella! Es una imbécil integral, siempre dándose
“humos “de gran señora porque sabía ingles, yo creo que lo aprendió en ese “bar
con luces” en el que la encontró el tonto de mi cuñado.
Su idea,
con nuestra suegra, era engatusarla y
sacarle todo lo que pudiera en vida, ya que el testamento seria a partes
iguales para los dos hermanos.
Pero
esa tarde la fastidió para siempre ¡Cuanto disfruté con ello! Tenía mi suegra
una taza muy antigua que había traído de Inglaterra en la que depositaba un
cariño especial por haber pertenecido a no sé que reina. Mi cuñada se empeño
con mimos y zalamerías, que le dejara tomar el té en ella pues quería poner sus
labios donde los puso aquella reina, así de cursi es la pobre, la suegra con la
negativa grabada en el rostro, al principio se mostró esquiva pero ante los
ruegos insistentes cedió de mala gana no quitándole el ojo a la taza en todo el
tiempo, punto negativo para mi cuñada, pero lo bueno estaba aún por llegar.
Toamos
el té, hablamos de cosas banales y al acabar recogimos todo para llevarlo a la
cocina, mi suegra con nosotros vigilando la taza. Cuando mi cuñada, volviendo la cabeza para
parlotear con ella, no se dio cuenta de que una mano perfecta, dedos largos,
uñas largas y lacadas (Que bien podía haber sido la mía) le dio un empujoncito
en el codo, la taza y el plato chocaron con el fregadero y fueron a estrellarse
al suelo haciéndose añicos, como es natural. La pobre suegra tomo un disgusto
horrible que casi le cuesta la vida, como le dijeron en el hospital.
Desde
entonces mi cuñada ha “olvidado” su idioma favorito porque cada vez que lo
intenta a la anciana le recuerda su taza y se pasa la tarde llorando. Desde
entonces mi queridísima cuñada ha bajado muchos puntos en el Ranking de los
regalos adelantados.
Avaricia, envidia, ira, soberbia, ... casi se juntan los siete pecados capitales en un solo texto 😉
ResponderEliminarEs que eso de ir a casa de la suegra a tomar el té o el café tiene un peligro... aunque no rompas ninguna taza, y más si la suegra es la madre de tu marido, porque tú siempre serás la "otra" , la que le ha robado a su niñito.
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