LA
APUESTA
Algo
semejante a un alegre parpadeo colectivo sintió en la nuca que la animó a
entrar en la cripta, estaba decidida a ganar la apuesta. Al abrir la puerta la sensación agradable se
convirtió en un susurro helado.
Vio una
figura que avanzaba hacia ella, con los ojos blancos y la boca entreabierta, la
llamaba por su nombre y el eco desgarraba el silencio.
La
puerta se cerró sola y lo último que la linterna enfocó fueron unas manos huesudas
saliendo de las paredes.
Dicen
que aun se oyen gritos atrapados bajo la piedra, nunca se encontró su cuerpo, seguiría
siendo la cripta maldita.
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