viernes, 4 de septiembre de 2026

AMOR EN cARTAGENA

 

AMOR EN CARTAGENA          

 

 

Levanté la cabeza para mirar la estrella y sentí en los labios la suavidad de las alas de una mariposa. Fue el primer beso. Furtivo, miedoso, transgresor. Tenía 16 años.

Cada vez que paso por esa plaza de Cartagena, me vuelve a la memoria el recuerdo de su sabor, su olor, el sonido de esas alas diciendo: Te quiero, la suave presión en mis labios. Caricias de adolescentes.

A lo largo de mi vida, ha habido muchos y muy distintos, pero siempre llevare en mi corazón aquel que mis sentidos confundieron con las alas de una mariposa.

LA NOCHE

 

LA NOCHE        (Premio Jornadas Carmen conde 2018)

 

Tenía miedo de que llegase la noche y las esperanzas acumuladas durante el día, se deshicieran como nieve entre mis dedos.

Habíamos sido felices ¿Cuándo empezó a romperse todo? Por más que pienso no encuentro el motivo, pero cada día perdíamos un poco de aquella gran ilusión que nos llevó a querer pasar el resto de nuestra vida juntos.

Nos falto valor para afrontar el fracaso despedirnos como amigos y no dejar que la vida nos pasara por encima sabiendo que podían estar esperándonos otras ilusiones, otros proyectos, otros lugares….Hemos sido unos cobardes y ahora solo nos mantiene unidos la monotonía de lo acostumbrado, de lo sabido y en mi caso además un amor dependiente, malsano por el  que nunca me atrevería a dar el primer paso.

Durante el día todo transcurría con normalidad. Dábamos la impresión de ser una pareja de jubilados que se deslizaba por esta etapa con calma y la llama del amor aun viva disfrutando de su mutua compañía

Pero al llegar la noche todo cambiaba, el espacio que separaba nuestras camas se había convertido en un foso tan profundo que él no quería o no podía traspasar.

Asomada al mirador veía encenderse alternativamente los faros del puerto, así  mi ánimo iba desde el verde de la esperanza de los  días, al rojo del rechazo por las noches. Yo lo necesitaba, necesitaba su aliento, sus caricias. ¿Si se había cansado de mí,  por qué no abría la puerta de la jaula y se iba? sabía que yo nunca podría hacerlo, estaba demasiado atada a él.

En sus rechazos de cada noche veía vejez no desprecio, eso era lo que deseaba imaginar. No le pedía mucho solo el calor de su cuerpo, unos cuantos besos cariñosos y un hasta mañana sonriendo.

Nunca pierdo la esperanza, por eso esta noche he abierto la madrugada caminando de faro a faro.