martes, 22 de septiembre de 2026

LA NUEVA SOCIEDAD

 LA NUEVA SOCIEDAD

Durante un fugaz instante, vuelvo a parecerme a mí mismo, eso sentí al verme reflejado en un cristal. Todo lo habían hecho en poco tiempo, sin que nos diéramos cuenta, las terapias para poder conseguir un trabajo,  las pastillas para superar el estrés, por supuesto nada era para lo que decían y por último el bombardeo constante en vallas publicitarias y redes sociales. Poco a poco empezaron a sentirse los pequeños cambios apenas perceptibles al principio, fue apareciendo una sociedad gris, bien disciplinada para carecer de opinión, nos quitaron la alegría de vivir, de ser diferentes, de pensar sin ser dirigidos, convirtiéndonos así en una masa dócil y bien adiestrada. Pero en el rincón más oscuro de mi mente, donde no puedan llegar, seguiré siendo yo aunque solo sea por un fugaz instante.

martes, 15 de septiembre de 2026

LA MELODIA

 

LA MELODIA

De fondo sonaba una canción de Rigoberta Bandini, ya no escuchaba a mi pareja, estaba en todos los cielos vividos que escondían esas notas, amor de juventud, amor prohibido, una casa solitaria en un frio espigón donde el mar monótono nos envolvía adaptándose a la melodía y haciendo que las caricias tuvieran  una cadencia casi musical.

Volví a la realidad, la fiesta, el bullicio, la vida que yo escogí para salir de la humillación que me producían los encuentros en la casa de la playa, esos encuentros no queridos pero tan deseados que simplemente una música de fondo los hacía aflorar como un torrente que nunca cesaría.

domingo, 6 de septiembre de 2026

EL INOCENTE BÚHO

 

EL INOCENTE BÚHO

 

Iba a ser el malo de la película, aun siendo de “pega”, su trabajo consistía en apartar de la piscina a las tórtolas que la habían tomado como suya, bajando al primer escalón para beber agua, estarán sanísimas con tanto cloro y bañarse. Algunas, tímidamente, bajaban al segundo escalón abriendo allí sus alas se frotaban el buche con el agua y las más osadas, hasta metían dentro la cabeza, a continuación se tumbaban en el bordillo, estirando las alas al sol para secarse. Era todo un espectáculo.

El primer día de poner el búho estaban recelosas, se acercaban tímidamente y huían, pero al ver que el enemigo no se inmutaba fueron tomando confianza y pasaban pavoneándose por el borde de la piscina hasta que llegaban  a la esquina donde estaban los escalones sin atreverse a más.

Los búhos solo movían la cabeza con el viento, que este verano ha soplado poco, por lo que no tenían apenas trabajo y quedaban como muñecos inertes en la celosía.

El otro día me reí con ganas al ver a una de las tórtolas en su cabeza y moviendo la cola, hacia que esta girara despacio y se paseaba dando vueltas como en una noria.

No las voy a echar, me distraen, me divierten, solo en un día  advirtieron que no había peligro, cosa que a veces a los humanos nos cuesta y lo vemos donde no hay.

He alterado un poco mi horario de baños, para que no coincida con el suyo y disfruto sentada viéndolas haciendo sus piruetas en el escalón.

Hace dos o tres días que no vienen, se habrán ido a la casa de invierno, aun tengo la esperanza de que vuelvan, septiembre es un mes bonito, el agua está en su punto, ni fría como a finales de agosto ni caldo como a primeros de julio.

Esta mañana he oído el desagradable sonido de una cotorra, no creo que sea eso lo que ha asustado a mis invitadas, pero desde luego con esas no voy a tener ninguna consideración.

viernes, 4 de septiembre de 2026

AMOR EN cARTAGENA

 

AMOR EN CARTAGENA          

 

 

Levanté la cabeza para mirar la estrella y sentí en los labios la suavidad de las alas de una mariposa. Fue el primer beso. Furtivo, miedoso, transgresor. Tenía 16 años.

Cada vez que paso por esa plaza de Cartagena, me vuelve a la memoria el recuerdo de su sabor, su olor, el sonido de esas alas diciendo: Te quiero, la suave presión en mis labios. Caricias de adolescentes.

A lo largo de mi vida, ha habido muchos y muy distintos, pero siempre llevare en mi corazón aquel que mis sentidos confundieron con las alas de una mariposa.

LA NOCHE

 

LA NOCHE        (Premio Jornadas Carmen conde 2018)

 

Tenía miedo de que llegase la noche y las esperanzas acumuladas durante el día, se deshicieran como nieve entre mis dedos.

Habíamos sido felices ¿Cuándo empezó a romperse todo? Por más que pienso no encuentro el motivo, pero cada día perdíamos un poco de aquella gran ilusión que nos llevó a querer pasar el resto de nuestra vida juntos.

Nos falto valor para afrontar el fracaso despedirnos como amigos y no dejar que la vida nos pasara por encima sabiendo que podían estar esperándonos otras ilusiones, otros proyectos, otros lugares….Hemos sido unos cobardes y ahora solo nos mantiene unidos la monotonía de lo acostumbrado, de lo sabido y en mi caso además un amor dependiente, malsano por el  que nunca me atrevería a dar el primer paso.

Durante el día todo transcurría con normalidad. Dábamos la impresión de ser una pareja de jubilados que se deslizaba por esta etapa con calma y la llama del amor aun viva disfrutando de su mutua compañía

Pero al llegar la noche todo cambiaba, el espacio que separaba nuestras camas se había convertido en un foso tan profundo que él no quería o no podía traspasar.

Asomada al mirador veía encenderse alternativamente los faros del puerto, así  mi ánimo iba desde el verde de la esperanza de los  días, al rojo del rechazo por las noches. Yo lo necesitaba, necesitaba su aliento, sus caricias. ¿Si se había cansado de mí,  por qué no abría la puerta de la jaula y se iba? sabía que yo nunca podría hacerlo, estaba demasiado atada a él.

En sus rechazos de cada noche veía vejez no desprecio, eso era lo que deseaba imaginar. No le pedía mucho solo el calor de su cuerpo, unos cuantos besos cariñosos y un hasta mañana sonriendo.

Nunca pierdo la esperanza, por eso esta noche he abierto la madrugada caminando de faro a faro.