AMOR EN
CARTAGENA
Levanté
la cabeza para mirar la estrella y sentí en los labios la suavidad de las alas
de una mariposa. Fue el primer beso. Furtivo, miedoso, transgresor. Tenía 16
años.
Cada
vez que paso por esa plaza de Cartagena, me vuelve a la memoria el recuerdo de
su sabor, su olor, el sonido de esas alas diciendo: Te quiero, la suave presión
en mis labios. Caricias de adolescentes.
A lo
largo de mi vida, ha habido muchos y muy distintos, pero siempre llevare en mi
corazón aquel que mis sentidos confundieron con las alas de una mariposa.
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