jueves, 5 de noviembre de 2026

RECUERDOS DE LA INFANCIA

 

RECUERDOS DE LA INFANCIA

 

Aún estáis ahí, en esta plaza tan cambiante os mantenéis erguidos, señoriales, frondosos, tal como os recuerdo. Es lo único que queda de aquella glorieta donde jugaba de pequeña, si, porque hace muchos años jugábamos en la calle, había unos bancos hechos de tiras de madera donde jugábamos a las figuras y al salto y los domingos se sentaban en ellos los marineros del Cuartel de Instrucción que estaban haciendo la mili.

Han desaparecido los cuatro kioscos que había en sus esquinas  donde comprábamos las estampas, cambiando las “repes “con los amigos para terminar la colección que en ese momento estuviera de moda. Su pérdida es comprensible, con tanto periódico digital no son necesarios.

Echo también de menos los puestos de las “floreras”, no éramos tan finos para decir floristas, que a medio día recogían lo no vendido pero siempre quedaban restos de flores para jugar a lo que fuera.

Los árboles majestuosos seguían estando aquí con algunas de sus raíces asomando entre lo verde ¡Cuantas rodillas heridas al correr entre ellos! Esas raíces siempre me han parecido las patas de un pulpo que se aferraban a la tierra para hacer más llevaderas las calurosas tarde de agosto en que nos sentábamos a su sombra ideando juegos nuevos o reuniendo algunas “perras” para comprar entre todos un “Chambi” que luego pasaría de mano en mano o mejor de lengua en lengua, sin apuro ninguno, eran nuestros amigos.

También a Isidoro Maiquez, lo han relegado al fondo de la plaza,¡ las veces que nos hemos subido en su estatua para ver mejor los barcos enemigos que entraban al puerto!

La cultura y el teatro con ella, no están en su mejor momento, ahora todo va deprisa, frases cortas y no entretenerse en comprender un texto de más de 25 renglones. Es un mundo raro el que me está tocando vivir al final.

En la plaza hay bares, sombrillas, mesas, pero no niños jugando con las hojas grandes de esos árboles que uníamos en forma de bandolera o corona, siendo piratas, buscando un tesoro o rescatando a una princesa.

El tiempo va demasiado rápido y las costumbres también. He venido a esta glorieta a recordar, pero todo está en mi mente, quedan pocas cosas a las que agarrarme para mantenerlos vivos y que el viento de lebeche que algunas tardes sopla fuerte silbando entre los grandes árboles, no los haga desaparecer como si nunca hubieran existido.

 

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