martes, 12 de noviembre de 2024

UN EJÉRCITO CELESTIAL

 

UN EJÉRCITO CELESTIAL

 

Un eco lejano de clarines y trompetas me despertó a media noche, no le di importancia pero al repetirse empecé a pensar: ¿será un aviso de que me queda poco tiempo y debo cambiar? Nunca he sido una persona amable, empática, comprensiva.

Decidí que tenía que darle un giro a mi vida y desde entonces soy otro.

No se lo había contado a nadie por miedo a que me tildaran de loco pero esa mañana tuve que sincerarme con mi mujer, pues ya notaba el cambio y algo sospechaba. Mi decepción fue terrible cuando dijo: deberías ir al otorrino, eso también le pasaba a mi madre.

 

jueves, 7 de noviembre de 2024

SOLIDARIDAD

 

SOLIDARIDAD

 

Ya está aquí, lo conozco, lo distingo entre todos los demás ruidos que surgen de la calle. Ha llegado el camión y como todas las noches sale del almacén con su pequeño vehículo para transportar los pales llenos y volver con los vacios.

El “Traca-traca” de sus ruedas sobre el asfalto es inconfundible y cambia el sonido al pasar a otra textura de suelo en la puerta del establecimiento.

Casi siempre va marcha atrás, delante tiene la montaña enorme de cajas con productos que tendrá que depositar dentro, pero no se equivoca, parece que hubieran pintado en el suelo las líneas por donde circula. El conductor es joven, lo maneja bien, con calma, son muchos Kg los que lleva de una vez y podría ocurrir un accidente ¿Qué pensara de ese trabajo tan monótono que se sabe de memoria? Son las 11 de la noche, tendrá ganas de terminar, ir a su casa, descansar, los niños, si los tiene, estarán ya dormidos, solo el beso de buenas noches, la mujer cariñosa, la cena caliente, pienso que será feliz.

Dentro del camión hay otra persona que le prepara los palés, algunas veces baja y hacen una pausa para hablar y por su actitud, no solo de la carga.

La otra noche oí un sonido distinto, un golpe brutal y gritos que me hicieron asomarme a la ventana aun abierta, pues el invierno tarda en llegar, y los vi echándose las manos a la cabeza, se le había caído todo un palé de cestas vacías de fruta, algunas cayeron sobre un coche que pasaba en ese momento pero la mayoría se estrellaron sobre el asfalto del único carril libre, los dos empleados se afanaban en recogerlas para dejar pasar los coches, que ya hacían cola.

Yo pensé, los cláxones sonaran con rabia como si hubiera fuego y pasar fuera cuestión de vida o muerte.

Pero ocurrió un milagro, el hombre que iba en el primer coche bajo para ayudar dejando su puerta abierta como una señal para los de detrás y en un momento 6 o 7 personas estaban ayudando, sin ruidos desagradables, sin pitos ni palabras malsonantes.

Me emocioné pensando que aun tenemos salvación si pensamos un poco en el otro y no solo en nosotros.

En un momento el carril quedó libre, todos se daban las manos con gestos  que interpreté como: No tiene importancia, le puede pasar a cualquiera etc.…

Volvieron a sus coches y siguieron su ruta dejándome la satisfacción de haber contemplado un hecho cada vez menos frecuente.

 

 

martes, 5 de noviembre de 2024

LAS REDES SOCIALES

 

LAS REDES SOCIALES

 

La larga cola de Novicias que se estaba formando en las afueras del convento era una satisfacción para las seis monjitas que quedaban en él. Ya podrían descansar, llegaban jóvenes con devoción y ganas de profesar, pues antes del primer rezo ya había cola. Daban gracias por ello, en un mundo tan contaminado  por las redes sociales.

Y en verdad ellas fueron las culpables, pues alguien escribió que las 100 primeras personas que pasaran por el convento tendrían gratis las entradas para ver al conjunto musical que hacía furor entre la juventud, no lo pensaron mucho pues para ahorrarse 500 euros bien valía un madrugón.

sábado, 26 de octubre de 2024

EL GRITO DESGARRADOR

 

UN GRITO DESGARRADOR

Un grito desgarrador rompió el silencio de la tarde. Los vecinos salieron a sus puertas asustados pues en los años 50 del pasado siglo eran frecuentes los registros sin avisar.

El grito había salido del número 22. Las vecinas murmuraban: Tiene que haberla matado, se veía venir, ¡pobre mujer!, yo ya sabía que iba a pasar

Cuando se abrió la puerta y salió el marido todos se agolparon para ver el cadáver.  En ese instante sonó otro grito y el que estaba más cerca dijo: No ha sido nada, era la novela de la radio.

LA RADIO

 

 

LA RADIO

Se acercaba la hora. Como todas las tardes había expectación en esa cocina de la España triste de los años 40. No era muy grande pero todas las cosas importantes de la casa sucedían en ella. No os imaginéis una cocina luminosa como las de ahora. Ésta tenía un poyo con dos hornillas de carbón. Ponerla en marcha era todo un ritual. Primero se metía el carbón en el hueco, después papeles y, por último, teas, que eran unos palitos finos de madera que ardían muy bien. Se encendía con una cerilla y después con un abanico de esparto, mangual se llamaba pero mi abuela andaluza le decía “Zoplillo”, se abanicaba la boca que tenía abierta paralela al suelo. El humo salía por una chimenea de piedra en forma de campana y una vez conseguido el fuego, ése era el mejor lugar de la casa. Se estaba caliente, estaba limpio y, dentro de su pobreza, era acogedor.

Recuerdo que había dos tinajas grandes con agua que tenían una piedra amarilla en el fondo, luego supe que era azufre para que no le salieran gusarapos pues era el agua de beber. A mí me daba “repelús” y no quería pensar en esos bichos. Las tinajas se llenaban con el agua que traían los aguadores en carros tirados por caballos pues, aunque era una ciudad costera y plaza fuerte militar, aun no había llegado a ella el agua corriente.

Para los demás servicios sí salía agua de los grifos. Se llamaba “agua inglesa” porque una empresa de esa nacionalidad la comercializaba y había puesto un gran depósito en una de las colinas que rodean la ciudad que, desde entonces, se llamó “Cantarranas”, os podéis imaginar por qué. Ese agua era salobre y abundaba en el subsuelo de la zona.

Pero volvamos a esa cocina. Lo más importante que había en ella era una radio de galena  que mi padre trajo un día y fue la alegría más grande que tuvimos en mucho tiempo.

Mientras comíamos y también durante la cena se oía ”el Parte”. Así se llamaba el noticiario de entonces. Lo escuchábamos con un silencio reverencial, yo creo que más que en Misa. La mitad de las noticias no las entendía pero por la cara que ponían los mayores me imaginaba si eran buenas o malas.

Para mi madre, siempre en la cocina, era su fiel compañera. La música de los boleros, las canciones españolas casi siempre lacrimógenas, de amores, traiciones y engaños, los pasodobles alegres,…, todas ellas conocidas mis hijos porque mi madre me las cantaba a mí y yo a ellos.

Estaba la radio en una leja no muy alta para poder llegar a los mandos y cambiar de emisora aunque todas parecían la misma.

Los domingos por la tarde venían unos amigos de mi padre para oír el resumen de los partidos de futbol y saber el resultado de las quinielas. Así se ahorraban de ir al bar que había en una plaza donde, al lado de la puerta, colgaban una pizarra y un camarero subido a una escalera iba poniendo con tiza el tanteo de los equipos que jugaban ese domingo. Todos suspiraban por los 14

He empezado diciendo que se acercaba la hora. A  las seis en punto de la tarde, de lunes a viernes, se reunían en la cocina mi madre, mi abuela y algunas vecinas para oír el serial radiofónico de turno. Algunas de ellas, con solo oír la música de cabecera del programa, ya tenían que sacar el pañuelo, grande como una sabana, pensando en la desgracia que ese día les esperaría a los personajes.

Ahora, al recordarlo, me parece enternecedor que mujeres maduras que habían soportado una guerra y estaban en lo peor de la postguerra se dejaran arrastrar por unas desgracias que, seguramente, serían mucho más leves que las suyas, consolándose al pensar que esos personajes tan importantes también tenían que soportar lo malo que la vida les mandara.

Recuerdo sus caras de niñas grandes ilusionándose al oír un “te quiero” o un “hijo mío” que ellas habrían pronunciado tantas veces. Los suspiros se escapaban de los labios de algunas al escuchar cómo traicionaban un amor, situación que algunas habrían sufrido.

Colgaba del techo una bombilla con poca luz que pendía de un cable sucio por los humos. Casi todas iban de negro con su delantal a cuadritos. Parecían mujeres derrotadas por la vida pero, cuando la protagonista era una aristócrata o una importante triunfadora, todas se veían en ese espejo y eran felices por unos momentos.

Ésa es la magia de la radio. Solo te da sonidos pero con la imaginación te puede llevar a personajes, emociones, sentimientos o lugares donde siempre has querido estar.

Bendita la radio que con esos programas hacía más llevadera la tristeza, la oscuridad y el silencio de aquellos años.

miércoles, 23 de octubre de 2024

LA ULTIMA POSE

 

MI ÚLTIMA POSE

Esas ramas han crecido con tu savia, me dijo el pintor del que he sido modelo muchos años. Después del accidente no quería que pintara mi rostro, no me importa, dijo, tienes mucho que transmitir, te voy a pintar de espaldas.

Durante las sesiones no paraba de preguntarme por mi vida, mis recuerdos, las personas que se habían cruzado en mi camino, como me sentía en esos momentos, si guardaba imágenes positivas de ellos.

Es agradable hablar cuando tienes que estar inmóvil largo tiempo. Lo que empezó como una conversación intrascendente fue subiendo de carga emocional y terminé abriéndole mi alma, hasta las cosas más escondidas salieron en aquellas sesiones, fue para mí una verdadera catarsis, allí se hicieron presentes dolores escondidos a los que no quería volver pero que no conseguía olvidar, alegrías que duraban poco, como esas ramitas cortas y débiles que cualquier viento arrastra, amores intensos llenos de fuerza y sangre, desilusiones que dolían en las vísceras, una rama larga salía de ellas y se ramificaba en otras pequeñas para que no se llevara el desengaño toda la savia.

En esos momentos quería renacer, seguir, la vida es hermosa aunque recibas el blanco y lo negro de ella.

El pelo hacia delante deja la espalda como un mapa en blanco donde he podido escribir tu vida, me dijo y esa mano que asoma temerosa va buscando buenos recuerdos para poder seguir creando, imaginando, viviendo, que nada nos aplaste, que nada nos frene, siempre habrá ramas nuevas a las que aferrarse.

 

 

 

martes, 22 de octubre de 2024

LA MANO

 

LA MANO

 

Las obras del convento no progresaban, el techo que cayó sobre las monjitas mientras hacían dulces, estaba sin terminar y todo por una tontería: una mano salía por una rendija y saludaba a los obreros al marcharse, dijeron que sería la de algún Santo que les daba su bendición cada noche, por eso ralentizaban las obras.

Las monjitas viendo que no podrían terminar los dulces para Navidad, les prometieron participar de las ganancias, a partir de entonces las obras siguieron a buen ritmo y la mano siguió saludando con el anillo del capataz, como siempre.