domingo, 4 de octubre de 2026

CARTAS ANTIGUAS

 

CARTAS ANTIGUAS

 

Va cayendo el gris sobre la tarde, las casas, los arboles, hasta las personas van tomando ese color, el sol va desapareciendo, mañana volverá a hacer su trabajo y le daremos las gracias por estar de nuevo con nosotros.

Las tardes se hacen interminables cuando no tienes con quien hablar aunque esté sentado a tu lado, detrás de sus ojos no hay nada, le doy un beso que no agradece y paso a la otra habitación  para hablar con él.

Hace mucho tiempo los amores lejanos se mantenían por cartas, cartas que yo iba guardando poniendo en el sobre la fecha, para poder leer la que me apeteciera sin tener que buscarla, me las sabía de memoria.

El destino nos fue propicio y unió nuestras vidas. Un día encontré las cartas que yo le había escrito y que él también había guardado y me entretuve en hacer lo mismo con las suyas, poner la fecha por fuera y ordenarlas pero fui más lejos todavía, las uní de dos en dos  por fechas, carta suya y respuesta mía o a la inversa.

Las guarde en cajas de zapatos y me olvidé de ellas, la vida me necesitaba, estábamos formando una familia y esa era mi prioridad, además tenía su amor real, no necesitaba sucedáneos.

Pasaron muchos años felices, si miro hacia atrás así los veo, porque los recuerdos flotan por sí solos sin sombras por encima, como tuvo la realidad.

Poco a poco él fue teniendo lagunas de memoria, recuerdos recientes que no encontraba, ha pasado el tiempo y ya no sabe quién soy, aunque agradece mi cariño y mis atenciones.

Un día arreglando un altillo las encontré y con curiosidad leí lo que decían aquellos jóvenes de hace casi 70 años.

Ese es desde hace tiempo mi ritual de las tardes, leo mi carta en voz alta y respondo con la de él, acariciando con los dedos su querida letra, su forma de expresarse  tan irónica e inteligente que aún me saca una pequeña sonrisa.

Pero esta tarde me he dado cuenta de que estaba leyendo algo que habían escrito dos personas que no conocía. ¿Esos jóvenes éramos nosotros? Sus ilusiones, algunas se cumplieron, otras no y me dio la sensación de estar descubriendo secretos que ya no nos pertenecían.

Ahora cada tarde, rompo dos que van unidas y las quemo en la papelera. No he podido decírselo pero creo que pensaría como yo. El amor no se va con el humo, sigue ahí, pero no tenemos derecho a enterarnos de lo que se escribían  aquellos jóvenes que un día fuimos.

 

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