LA
MEJOR SOLUCIÓN
Sale
más barato volver a querernos que mudarse. Con esta definición tan prosaica del
amor, volvimos a ser pareja.
Todo
empezó una tarde lluviosa al ver el anuncio en una farola: Habitaciones
económicas con derecho a tres comidas.
No lo pensamos dos veces, el invierno prometía ser duro.
Yo fui
la que se cansó antes, pero tantos periodos de silencio evitaban las
discusiones, la comida era sana y ligera, lo que me volvía loca era ese casi
continuo repique de campanas. Llegue a la conclusión de que unos tapones de
cera y renovar los tímidos abrazos y
caricias, solucionarían el problema. El monasterio fue nuestra salvación.
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