jueves, 13 de mayo de 2021

 

CARTEL DE LA MAR DE MUSICAS 2021

(Para entender este relato hay que ver primero el cartel)

 

_ Pues a mí no me parece tan mal.

Es lo que me dijo un amigo a quien le enseñé el cartel que me habían encargado. De los que pregunté anteriormente y que consideraba amigos, mejor no hablar. Son unos incultos y se las dan de entendidos. ¡Por Dios, si es una obra de arte!

Este tipo de pintura es la que me ha hecho famoso en todo el mundo, bueno sin exagerar, hay en algunos lugares que no la entienden, pero no es culpa de mi obra, es, me duele decirlo, que no están a la altura.

Todo comenzó con una carta que recibí del Ayuntamiento de una ciudad española donde se celebraba, hacia ya muchos años, un festival de música de fama mundial, pidiéndome por favor (previo pago, naturalmente) que ese año fuese un cartel mío el que lo representara. Esos días me encontraba en Paris presentando mi última exposición con gran éxito, que todo hay que decirlo, reconozco que no soy nada humilde, aunque cuando uno triunfa ¿Por qué no alardear de ello?

El cartel tenía que reflejar caos, confusión, disparates y al mismo tiempo tolerancia, diversión, con el añadido de las costumbres que mas representaran al país.

Esta noche me he sentado en la tranquilidad de mi estudio a observarlo, analizando imagen por imagen y debo admitir, pero solo para mí, que me he pasado un poco. No he dejado ni un milímetro de lienzo sin pintar, sí que son caros, pero yo puedo pagarlos. Quise crear confusión con tantas figuras para que no pasaran solo a echarle un vistazo, sino que se entretuvieran analizándolo.

Sí, admito que hay demasiados ojos. Hasta el Sol, que al hacerlo me parecía fascinante, me da la impresión de ser un ojo y encima bizco.

He puesto toros de dos colores, no soy nada racista y dinosaurios azules, quedan bonitos ¿Verdad? eso sí, todos con cuatro ojos.

Pensé que sería buena cosa para que no se le escape nada, ponérselos también al jefe y lo de la granada en la cabeza ha sido genial, cayéndole por la cara los granos en forma de sudor ¿No les parece poético? Al lado su señora con un manto de estrellas y también con cuatro ojos para vigilar al crápula de su marido. ¿No dicen por aquellos parajes que hay que vigilar con cuatro ojos? Pues ahí los tienen, me pareció una idea graciosa

Yo no soy nada racista, ya lo he dicho, por eso he puesto una india con sus ojos correspondientes y un clavel reventón en la boca, metáfora de la semilla que dejaron allí los españoles, está claro ¿No?

También hay un hombre negro, él si necesita esos ojos pues casi nunca son bien recibidos en los países, que muchas veces son ricos a su costa.

En la parte de abajo está el reverso de todo esto. Dos jóvenes con los ojos vendados tapan la boca con una cinta a la luna con corona, significa que la libertad de expresión está amenazada, ustedes lo comprenderán solo con verlo, pero por si acaso, me he tomado la libertad de explicárselo al concejal correspondiente. No quiero que haya nada oscuro en mi maravilloso cartel.

Sí, decididamente creo que me he pasado un poco con la cantidad de ojos, hasta un pájaro azul, que sobrevuela la escena, lleva varios en las alas.

Lo que más me gusta es el ángel exterminador repartiendo fuego y prendiendo las antorchas de las manos que se lo piden. No quiero decirlo pero me identifico un poco con él, sobra mucho inepto en el mundo.

Mi idea era representar los muchos ojos que van a aplaudir mi cartel y así mi fama ira de boca en boca, porque creo que todos somos un poco cotillas y bastante bocazas.

¡¡Flores y fuego!! ¿Vencerá la sensatez o la inconsciencia? De eso depende el futuro de nuestra vida en la tierra.

 

 

lunes, 5 de abril de 2021

                         LA FOTO ANTIGUA

La encontré por casualidad, estaba en el fondo de un armario en el que pongo todo lo que no utilizo, cosas que debía tirar pero que al tenerlas en la mano me llevaban a recordar el momento en el que pasaron a ser mías y aunque no sea un buen recuerdo, yo lo disfrazo quitándole la broza que entonces pudo tener esa situación. Eso me hace feliz. Solo quiero recordar lo bueno y si no son tan buenos, los asocio con otros que sí lo son y me llevan a pensar en la vida como un regalo que te puede gustar más o menos pero que siempre es bien venido.

Todo esto pensaba mientras tenía en mis manos la gran caja de lata, de galletas seguramente, en la que mi abuela guardaba las fotos de su vida y también las de su familia.

¡Qué suave era! No se había estropeado después de tantos años. Yo creo que la puse ahí en la última mudanza y de eso hace ya más de 40. ¿Se conservarían igual las fotos tanto tiempo olvidadas?

La caja era negra con bordes dorados y preciosas flores de colores en la tapa y los laterales.

Recuerdo siendo yo una niña, las tardes interminables de los domingos en el mirador de mi abuela, pidiéndole que me volviera a enseñar las fotos antiguas de la caja bonita. Me llamaba la atención los peinados, los vestidos y hasta las caras, algunas asustadas al verse sorprendidos por la luz del magnesio. Las sacaba una a una y era yo la que, como si de un examen se tratara, tenía que adivinar quién o quiénes eran y algo de sus historias tantas veces contadas por mi abuela.

La tarde se hacía menos tediosa con un cartucho de pipas de girasol y viviendo las vidas de las personas que, como por arte de magia, salían de la caja.

No tenía nada que hacer y por entretenerme un rato la destapé y empecé a sacar las fotos. Me apetecía saber si después de tantos años me acordaba de sus nombres y como si fueran personajes de una obra de teatro, del papel que habían representado cada uno en la familia.

Algunas estaban irreconocibles pero la mayoría habían aguantado bien el encierro, yo creo que la falta de aire y de humedad contribuyó a ello.

Pasé un buen rato acordándome de unas,  desechando otras por desconocidas, las cuales me daban pena romper y volvían a la caja. Alguien que no tuviera mis recuerdos ya se desharía de ellas.

Apareció como pegada a otra. Me sorprendió porque no recordaba haberla visto nunca, le di la vuelta y leí la dedicatoria escrita con letra  juvenil: “A mis padres a los que quiero y respeto”

Era un retrato de boda hecho en un estudio. En un sillón principesco estaba sentada la novia, muy joven casi una niña, le costaba trabajo llegar con los pies al suelo, su vestido muy elegante  y su mantilla eran negros. Por un pico de la falda que captó la cámara levantada se veía una trocito de las sayas blancas y las puntas de unos zapatos negros y brillantes.

Era guapa, tenía unos ojos grandes, negros y muy expresivos. Se adivinaba en ellos poca alegría y algo de miedo. El pelo, también negro, lo llevaba cubierto con la mantilla de la que se escapaban algunos rizos revoltosos, la nariz fina, la frente ancha, los pómulos altos y su boca sensual eran el preludio de lo que con los años seria una mujer muy bella.

De pie apoyando la mano en el sillón en actitud protectora, se veía un hombre mayor, si no fuera por la pose y la ropa que llevaban hubiera podido ser su padre. Iba vestido de Chaqué y sujetaba el sombrero con la otra mano.

Me fije en sus ojos, bondadosos y apacibles, el bigote y la barba bien cuidados con más cabellos grises que blancos o negros. Su frente grande, mas despejada ya por las “entradas del tiempo”. Todo en él hacía pensar que debió ser un hombre muy guapo.

¿Quiénes serian? ¿Habrían sido felices? ¿Qué relación tenían con mi abuela y por tanto conmigo?

La frase de la dedicatoria me hizo pensar si no se habría casado la joven, como tantas entonces, por obligación y respeto a sus padres.

Me agradó ese retrato, ya les inventaría una historia en la que fueran dichosos y la vida no los maltratara mucho, pues estaban en la caja de mis recuerdos y allí no podía haber ninguno malo.

 

  

lunes, 29 de marzo de 2021

 

         EL NIÑO QUE QUERIA VOLAR

Hace muchos años dejé esta ciudad a la que he vuelto sin conseguir ninguna de las cosas que me hizo salir de ella: fama, triunfo y fortuna. He vuelto a que me perdone. La maldije en mis años jóvenes por no apreciar mi arte, por avocarme al destierro ¡Como hubieran cambiado las cosas solo con un pequeño reconocimiento! Pero la culpa era mía. Con el paso de los años me he dado cuenta de que era la ineptitud, la poca valía lo que despreciaban y tampoco llegaba a ser desprecio solo indiferencia, por eso he vuelto a recorrer sus calles y a pedirle perdón.

Han pasado más de 50 años, todo está muy cambiado, en mis paseos me adentro en la ciudad vieja, la que me trae recuerdos de ilusiones infantiles, alas mágicas que me llevarían a alcanzar las nubes con la punta de mis dedos.

Soy pintor, sin gloria ni reconocimiento, pero pintor de corazón. Aunque lo mío es mas el dibujo en blanco y negro que mezclar colores, también he trabajado el bello arte del lienzo y la paleta. Me forjé en estas calles, siempre a la caza de algo interesante.

El defecto de mi pierna me impedía jugar con los demás niños y al dibujarlos me integraba con ellos en sus aventuras, en cada travesura, en cada juego… Eran mis amigos y se sentían orgullosos al verse en mis cuadernos. Si, solo ellos se sintieron orgullosos.

Pasaron los años y cuando llegó el momento de preparar la primera exposición la ilusión me desbordaba, pensé que todos me aclamarían como mis amigos cuando éramos niños pero fue un fracaso, no vendí ningún cuadro y los comentarios tampoco ayudaban: Todo muy infantil. Esto ya lo hemos vivido. Reflejan unos años de los que es mejor olvidarse y cosas así.

Yo seguía preguntándome porque no les gustaban, era su vida, la vida de su ciudad, sus costumbres. Al principio pensé: “Ya lo entenderán” y seguí dibujando. Más exposiciones, más fracasos. Apenas iba gente a verlos. Por eso me fui, para volver triunfador y  decirles que ellos eran los que no estaban a la altura, que mis dibujos habían sido un éxito.

He vuelto sin ningún triunfo y salgo como antes por estas calles que han sido mías a dejar su historia en el papel aunque ya sin pedir el reconocimiento de nadie.

Esa tarde me acerqué a la que fue mi casa, el abandono se hacía palpable, la puerta de madera con bonitos gravados estaba desconchada, habían desaparecido los llamadores de bronce en forma de puño cerrado, las rejas andaluzas oxidadas y muchas de ellas arrancadas daban idea del poco aprecio que tenia esta ciudad por las cosas bellas.

Cuando marché dejé en ella todos mis dibujos, quería renovarme, encontrar algo nuevo, pero durante todo este tiempo solo tenía en mi imaginación y en mi lápiz esta ciudad, todos los bellos rincones que  parecían ante mis ojos estaban aquí, ya los había visto.

Me senté en un banco que había sobrevivido al vandalismo juvenil y me disponía a dibujarla así en su decadencia sintiéndome igualado con ella en el tiempo.

No lo vi llegar, solo oí su voz. Yo conocía al chico que vivía en esta casa, dijo. Sorprendido de que aun me recordaran le pregunté que había  sido de él.

El desconocido comenzó a hablar: Salió una mañana y jamás volvió, quería triunfar y aquí se asfixiaba. Lo que no supo nunca es que años más tarde su madre, antes de marchar a reunirse con él, donó al Ayuntamiento todos sus dibujos que sirvieron para ilustrar un libro sobre la vida en la ciudad durante los años grises del siglo XX. Consiguió fama y reconocimiento. El libro se editó en varios países, pero entonces no había tantos adelantos como ahora y no pudimos dar con él.

Al levantarme para darle las gracias, mi cojera me delato. Era Raúl, mi amigo de la infancia, nos fundimos en un gran abrazo.

Después de tantos años deseándolo, vagando por el mundo, en mi ciudad me estaban esperando para darme las alas que desde niño siempre deseé tener.

 

 

 

 

jueves, 11 de marzo de 2021

 

                 LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Me desperté contenta. Había dormido bien y no tenía grandes problemas en mi vida, solo pensar que hacer con esas horas que pasan lentas o como un suspiro, según estés de ánimo.

Aseo, ducha, desayuno y no pensaba mas allá. Pero al volverme a coger la cafetera, el día del almanaque me salto a los ojos. Miércoles, era miércoles, mirada rápida al reloj y salida de casa apresurada dejándolo todo como estaba, cosa que no era mi costumbre. Llegaría tarde, ¡yo tan puntual siempre!

Había quedado con un grupo de amigas, también jubiladas, para ir a uno de los barrios de mi ciudad donde ellas impartían un taller de manualidades. Cuando me lo comentaron les dije que no, no quería involucrarme en nada que supusiera una obligación, estaba muy satisfecha con mi vida. Además ¿para qué iba a servir? Pero insistieron tanto  que me comprometí a ir con ellas ese miércoles.

Un pequeño grupo de mujeres y niñas nos esperaban en el local de la Asociación de vecinos, más bien  destartalado. Sentí frio al entrar y había poca luz pero parecía que esas deficiencias solo las notaba yo. Me presentaron y sacando los materiales que traían en el carrito de la compra empezamos el taller.

A mi lado se sentó una niña de unos doce o trece años bastante tímida, no participaba, solo miraba con grandes ojos negros que parecían absorber todas las explicaciones.

El miércoles siguiente no se me hizo tarde, estaba animada ¿Estaría la niña allí? Cargue mi carrito con lanas de colores para enseñarles a tricotar y que pudieran hacerse jerséis, bufandas, gorros etc.…El material lo poníamos nosotras, no estaban los tiempos para distracciones económicas. Ese día, Mercedes, que así se llamaba la niña, participó más, tenía la mente ágil y muchas ganas de aprender.

Al pasar las semanas esperaba con ansiedad que llegara el miércoles, se convirtió en el mejor día cuando salía de “mi zona de confort” para hacer algo por los demás. Viuda, sin hijos y jubilada pensaba que no tenía más meta en la vida que darme todos los caprichos. ¡Qué equivocada estaba!

Me interesé por la niña. Vivía con sus tíos, sus padres habían muerto en accidente de tráfico cuando era muy pequeña. Les pedí permiso para recogerla algún domingo y que pasara el día conmigo. Aunque tarde, ahí empezó mi verdadera vida alguien me necesitaba, podía hacer algo por ella. Después vinieron los fines de semana, las vacaciones en la playa pero lo más importante, progresaba en los estudios a buen ritmo, quería ser maestra. Yo la animaba en todo, se convirtió en la nieta que no tuve.

Gracias al taller de los miércoles empecé a valorar lo que significa hacer algo por los demás, sin esperar nada a cambio.

 

 

 

miércoles, 10 de marzo de 2021

 

                                     MUJERES OLVIDADAS

Había dejado de llover, del suelo se elevaba un vapor oloroso, vivificante, ese olor a tierra húmeda, lo impregnaba todo. A lo lejos el sol seguía su curso hacia las cumbres nevadas. Que maravilloso silencio el del atardecer.

Sentada en la terraza de la casa común, la hermana Mercedes recordaba momentos de su vida, contemplando el paisaje que había sido su compañero desde que llego a este lugar perdido en África, hacia ya más de sesenta años.

Nací en Madrid en la primera mitad del siglo xx. Estudié medicina para dedicarme a ayudar a los demás, pero después de ejercer unos años en un gran hospital, sentía que me faltaba algo, eso no era lo que había soñado desde niña. Un día entré en la capilla, estaba solitaria, el silencio me envolvía, era agradable tener unos minutos para mirar hacia mi interior. No fue un arrebato, lo llevaba sintiendo hacia tiempo, pero en ese momento lo decidí. Me iría de misionera a un lugar donde verdaderamente hiciera falta. Había visto reportajes llenos de injusticias, violaciones, maltrato y esa monstruosidad de las ablaciones a niñas al cumplir los doce años. Daria mi tiempo y mi vida con gusto, si con ello podía remediar algo de todas esas atrocidades.

Después de un viaje en el que usamos, yo creo, todo tipo de transportes llegamos al poblado cuatro Hermanas más y yo, con una mochila llena de ilusiones que pronto se vio vaciada por los inconvenientes que encontramos para realizar nuestra labor.

Acompañadas por el sacerdote fuimos a ver al jefe de la tribu, el cual nos dejo bien claro lo que podíamos y no podíamos hacer. Nada de niñas en la escuela. Al día siguiente empezamos a transportar el material para construirla. Ya habría tiempo para convencerlo.

Los hombres pasaban el día trabajando  en los campos  o con el ganado y mientras ellos no estaban, las mujeres no podían salir de casa. No nos habían prohibido visitarlas y eso hicimos. Ayudándoles nos fuimos ganando su amistad y dándoles razones, desbaratamos los prejuicios que tenían sobre nosotras.

Las más valientes hablaban por las noches con sus maridos, contándoles lo que habían aprendido en el día. No se necesita un aula para enseñar a quienes lo están deseando.

 Al ver los bonitos trabajos que hacían con las ramas de un arbusto que crecía a orillas del riachuelo, decidimos consultarle al jefe de la tribu si le parecería bien que se vendieran a los poblados vecinos, repartiendo con él los beneficios. Hizo como que lo pensaba durante unos minutos y acepto con algunas reservas, solo podrían ir mujeres casadas con el permiso de sus maridos. Por supuesto lo aceptamos al ser el principio de algo que prometía.  Ellas, al contar con dinero propio se sentían más seguras y hasta eran capaces de mantener sus opiniones. Paso algún tiempo y decidimos que trabajaran en el hospital, con un pequeño sueldo. Ellos se opusieron al principio a que estuvieran en las salas con otros hombres y ayudaran en las curas, pero pronto se dieron cuenta que así el dinero se quedaba en el poblado. Aprendían rápido, eran formales y no desatendían sus casas.

 Habían pasado ya muchos años desde nuestra llegada, cuando reunimos a todos en la escuela y les proyectamos unos videos sobre la terrorífica mutilación genital de las niñas y sus consecuencias llegando incluso a la muerte, como habían comprobado por desgracia muchas veces. Solo queríamos que pensaran y llegaran a considerar a sus mujeres y a sus hijas seres humanos distintos pero con los mismos derechos.

 Estoy muy cansada, soy ya muy mayor y ¡queda tanto por hacer! Pero la semilla esta puesta, otras mujeres recogerán los frutos e irán llenando sus mochilas de nuevos logros.

¡Qué preciosa esta la tarde! La ilusión que me trajo aquí está colmada con creces. He sido muy feliz. Algunas de aquellas niñas, que al principio no dejaban ir a la escuela, consiguieron estudiar en la capital y han vuelto para seguir con la labor que hace más de sesenta años comenzaron unas pobres monjas sin más interés que ayudar a las más desfavorecidas del mundo: Las mujeres y las niñas.

Este escrito quiere ser un pequeño homenaje a esas misioneras, que han hecho un trabajo silencioso arriesgando muchas veces su salud y sus vidas por los demás.

 

domingo, 7 de marzo de 2021

 

               MARTE

La parte del cielo que pertenecía al Olimpo estaba trastornada por los gritos y maldiciones que el dios Marte profería desde que se había enterado, pero, ¿de qué?

Estaba sobre una nube con su yelmo, su coraza y todas las armas necesarias para aniquilar a esos miserables seres, los humanos, que se habían atrevido a hacer mofa de su nombre. Ya nadie le recordaría como el dios de la guerra, la virilidad, la violencia, la pasión, la sexualidad etc.….etc. Y todo por culpa de unos seres imperfectos que vivirían en una vieja provincia del imperio, muchos siglos después.

Le pusieron su nombre al cuarto planeta, eso sí fue un honor y el de sus hijos a los dos satélites que giraban a su alrededor: Fobos y Deimos. Esos que tuvo con su amante Venus.¡¡Qué maravilla de diosa!! Cuando la recordaba sentía renacer en él la vieja pasión y el ardor de la juventud. Aunque al ser eterno esto no tenía mucho sentido, pero de tanto tratar con humanos acabas cogiendo algunos de sus dichos.

Los romanos sí que sabían valorarlo. Le dedicaron un día: el martes y un mes: marzo. Era muy querido en el imperio y los guerreros apelaban a sus virtudes de estratega y tácticas en el ataque y en la defensa.

Dejemos de alabar al dios y centrémonos en su disgusto.

Esos simples mortales se habían atrevido a hacer un chascarrillo, ellos le llamaban un refrán, con su nombre y su día:” En martes, ni te cases ni te embarques”. En lo de casarse tenían razón, siempre había sido un engorro sobre todo para los hombres, tener que escoger una sola mujer entre tantas apetecibles, no era justo, pero ¿que sería de tantas batallas navales en las que, a lo largo de los siglos, les había ayudado prestándoles sus atributos? ¿Ese era su modo de agradecerlo?

Pero esos seres imperfectos se habían atrevido a más aun. Si le ponían un número delante, creo que el trece, La frase 13 y martes tenía un significado agorero, de mala suerte y todavía era peor si el número lo ponían detrás: Martes y 13 que se refería a unos payasos que hacían reír a costa de su nombre.

No me digáis que no es para estar enfadado y dolido con esos seres insignificantes con ínfulas de gandeza.

 

 

 

domingo, 21 de febrero de 2021

 

LOS SUEÑOS

En algún momento de la vida, nos creemos con poder sobre los demás, mandamos, dirigimos, gastamos en ello muchas energías, sin darnos cuenta que todo es pasajero,  después vendrá otra persona, quizás lo haga mejor o quién sabe si peor, pero en  ese momento ejerce el poder y todo el afán que pusiste se hará polvo como tú, pues todo pasa y es arrastrado por la muerte.

La vida es como una montaña rusa, que va muy rápida, pasan los sentimientos, los deseos, las situaciones, todo tan deprisa, que nos parecen ilusiones de cinematógrafo antiguo donde las imágenes se suceden sin que nos demos cuenta de que lo  estamos queriendo atrapar no es real, solo son nuestros deseos.  Unas veces estás en lo más alto y otras caes en el abismo, por eso no hay que tenerles demasiado apego a las cosas materiales. Aunque no lo parezca en la vida hay una cantidad grande de variables que no podemos controlar, entran y salen muy deprisa, algunas veces para realizar nuestros sueños y otras para que se queden en eso, en sueños. Pero en el fondo de todo ello, siempre seremos nosotros mismos.